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Marigó hizo a principios de julio su primer concierto después del confinamiento. Tocó al Palau de la Música Catalana, en el marco del festival Bachcelona. Desde entonces, ha tenido audiciones durante todo el verano. Encara la próxima temporada con las energías enfocadas en varios proyectos artísticos, pero al mismo tiempo reconoce que “este otoño llega acompañado de una incertidumbre muy curiosa”.
Carles Marigó: “Este otoño llega acompañado de una incertidumbre muy curiosa”
Los otros músicos que hemos entrevistado conviven también con esta sensación de no saber qué pasará. La mezzosoprano Anna Alàs prepara con tranquilidad la ópera Le nozze di Figaro, de Wolfgang Amadeus Mozart, que se estrenará pronto en Alemania, pero está un poco preocupada por un proyecto que tiene previsto en el Teatro de la Maestranza, en Sevilla.
Ante esta situación de inseguridad, la soprano Julia Farrés-Llongueras se muestra fuerte: “Podemos afrontar la incertidumbre con coraje o, por el contrario, nos podemos dejar llevar por el miedo. Hace poco me cancelaron un evento que tenía en febrero. ¡Empezamos bien, eh! Yo, sin embargo, tengo claro que quiero seguir adelante, hacer música de la manera que sea posible”. El violonchelista Oriol Aymat, vinculado sobre todo al grupo de pop-rock Blaumut, a la orquesta barroca Vespres d’Arnadí y al Trio G.A.P., también opta por ver el vaso medio lleno: “Supongo que, si no hay una hecatombe, podremos continuar haciendo algunos conciertos, aunque sean con el aforo reducido”.
Júlia Farrés-Llongueras: “Podemos afrontar la incertidumbre con coraje o, por el contrario, nos podemos dejar llevar por el miedo”.
Al mismo tiempo, pero, Aymat plantea que no sabe “cuánto tiempo podrán aguantar los programadores reubicando constantemente los conciertos previstos”, porque “es una tarea que quema mucho”. En este sentido, el violinista de Cosmos Quartet, Bernat Prat, cree que “los programadores y los propios auditorios son quienes deben estar sufriendo más esta situación”. La soprano María Hinojosa explica que las mismas instituciones han puesto en marcha “algunos mecanismos para proteger a los artistas”. L’Auditori, por ejemplo, la ha contratado para hacer un concierto con la Banda Municipal de Barcelona y le ha ofrecido un contrato que contempla una audición en streaming en caso de que las circunstancias de la pandemia impidan hacerla en vivo.
A pesar de la incertidumbre, pues, parece que el otoño se acerca con un poco de luz. Este verano, en cambio, no ha sido en absoluto esplendoroso. La mayoría de conciertos que se habían programado antes de la pandemia y que estaban previstos para los meses de junio, julio y agosto tuvieron que cancelarse. “Hemos conseguido aplazar muchos conciertos al próximo año. Hemos intentado que nada se cancelara del todo”, dice Oriol Aymat.
Oriol Aymat: “Hemos conseguido aplazar muchos conciertos al próximo año. Hemos intentado que nada se cancelara del todo”.
Los otros músicos entrevistados se han encontrado en situaciones similares. María Hinojosa confiesa que, a pesar de haber podido hacer algunos conciertos durante el verano, ha pasado unos meses realmente complicados: “Toqué fondo, me di cuenta de que no somos nada, de que se podía prescindir de mí. Llegué a poner el arte en cuestión. Ahora, por suerte, lo veo todo de forma más positiva”.

Julia Farrés-Llongueras y Anna Alàs coinciden en que han tenido suerte de los conciertos que se programaron a última hora porque les han permitido salvar este verano tan extraño. El número de conciertos que han hecho durante el verano se puede contar con los dedos de una mano, pero al menos han podido “retomar la actividad musical” y “volver a ponernos en forma”, en palabras de Alàs.
Bernat Prat: “Los conciertos de pequeño formato han sido una salida a las circunstancias actuales”.
Bernat Prat es de los pocos afortunados que han tenido un verano bastante activo. “Con Cosmos Quartet, hemos tenido la suerte de poder hacer bastantes conciertos a partir del inicio de la desescalada. La música de cámara y los conciertos de pequeño formato han sido una salida a las circunstancias actuales”, asegura Prat. Esto no quita que el Cosmos Quartet haya sufrido también algunas cancelaciones. “Hemos vivido también momentos de incertidumbre, todo pendía de un hilo. Hasta ahora no habíamos experimentado nunca esta sensación. Antes un concierto se cancelaba, como mucho, si alguien tenía una enfermedad, pero no por decisión del Gobierno”, añade Prat. Según el violinista, el aprendizaje que ha sacado de este verano es que “es mejor preparar las cosas a corto plazo, y no a largo plazo, como habíamos hecho siempre”.
El sector cultural vive permanentemente en una crisis económica que se ha acentuado, sin duda, a causa de la pandemia del coronavirus. María Hinojosa se queja de que “el sector no está regulado, no tiene medidas estándares ni ningún tipo de seguridad” y critica que “se está aprovechando la excusa de la pandemia para bajar los cachés”. Oriol Aymat también lamenta la reducción del dinero destinado a pagar las actuaciones musicales: “Los cachés han cambiado mucho, sobre todo los de conciertos que no organiza la administración. La administración directamente lo ha cancelado todo. La clásica suele tener algún tipo de subvención, que por el momento se mantiene, pero hemos perdido mucho dinero de toda aquella parte que depende de la venta de entradas”.
María Hinojosa: “Se está aprovechando la excusa de la pandemia para bajar los cachés”.
A pesar de haber podido hacer bastantes conciertos este verano, Bernat Prat reconoce que está sufriendo una situación económica difícil: “Los músicos freelance lo tenemos complicado a nivel económico. La gente que, por ejemplo, tiene su plaza en una orquesta, en principio sigue cobrando. Nosotros, en cambio, solo cobramos los conciertos que hacemos”.
La soprano Ana Belén Gómez explica que para hacer un concierto le ofrecieron un caché que no acepta ni para ir a cantar a una boda. “Ahora bien, tenía tantas ganas de actuar, y era tan grande la necesidad de ingresos, que finalmente lo acepté”. Añade que no ha recibido ningún tipo de apoyo por parte de las instituciones. Además de ser cantante, gestiona el espacio cultural El Forn de les Arts. Después de la pandemia, no pudo abrir porque “al ser un espacio pequeño no sale a cuenta programar absolutamente nada”.
“No puedo comparar la venta de entradas de ahora con la de antes, porque a raíz de la pandemia el aforo de cada concierto tiene que ser mucho menor y, además, este verano ha habido menos oferta musical. Tengo claro, sin embargo, que la calidad de las personas que ahora compran entradas es óptima. Son personas que apuestan por la cultura, que saben que van a ver algo que les hará disfrutar”, comenta Carlos Marigó. Bernat Prat comparte esta impresión; confiesa que ha percibido “un público muy atento, de más calidad que antes”.
María Hinojosa también ha notado “un público más conectado, que ha entendido que la presencia es imprescindible”. Cree que este cambio se debe a que muchas personas han reflexionado, durante el confinamiento, sobre la importancia del arte y la cultura. “A los conciertos, antes venían sobre todo personas mayores, personas abonadas a los auditorios y personas que necesitaban la música para sentirse acompañadas. Ahora, en cambio, la gente está más sensibilizada y acuden a los conciertos con una finalidad más marcadamente artística”, según Hinojosa, que también destaca que en las salas de conciertos ha aumentado la variedad de edades.
“Los músicos tenemos muchas ganas de hacer música; de subir al escenario y comunicar. Y el público tiene muchas ganas de recibir, de disfrutar de la música. La gente espera con el corazón abierto todo lo que viene del escenario”, relata Anna Alàs. Esta conjunción de energías entre músicos y melómanos ha hecho que, a pesar de todas las medidas de seguridad, el ambiente de los conciertos haya sido cálido. “Las medidas de seguridad no dificultan nuestro disfrute. Como imagen, es raro ver muchas mascarillas, pero en el escenario disfrutamos igualmente”, según Oriol Aymat.
Carles Marigó afirma que ha vivido los conciertos “con una conexión intensa, mucho más a flor de piel, justo al contrario de lo que uno podría esperar de esta situación”. Según Bernat Prat, “el primer concierto fue extraño porque supuso volver a tocar después de muchos meses, pero no hubo un ambiente más frío que de costumbre”.
Carles Marigó ha vivido los conciertos “con una conexión intensa, justo al contrario de lo que uno podría esperar de esta situación”.
Los conciertos de este verano, pues, son diferentes, pero esto no impide que los músicos consigan conectar intensamente con el público. De hecho, todos los entrevistados coinciden en que las ganas de volver a escuchar música en vivo facilitan esta conexión. Además, como comenta Aymat: “Si vas a un concierto con otra gente, lo vives con más calidez. Ahora bien, cuando te sientas en asientos separados, disfrutas el concierto de una forma más íntima, personal y subjetiva, y esto también es bueno”.
Sin embargo, las mascarillas esconden las caras de la gente y, por lo tanto, los músicos reciben menos feedback. Alàs explica este problema: “Como la gente va con mascarilla, pierdes información de cómo lo están pasando. Es más difícil saber si se están emocionando, ‘leer a la sala’. Puedes hacerlo sutilmente, a través del momento energético, pero no ves las expresiones de la gente. Tampoco puedes reconocer caras conocidas entre el público”.
“Las medidas se han respetado totalmente. No tengo ni una queja. Como intérprete, he estado muy tranquila”. Estas palabras son de Julia Farrés-Llongueras, pero podrían ser de cualquiera de los músicos entrevistados. Carles Marigó elogia las medidas implantadas en todos los espacios en los que ha tocado y, de esta manera, evidencia que la cultura es segura: “A todos los conciertos que he hecho, las medidas han sido realmente excepcionales, hasta el extremo de que he encontrado que había demasiado contraste entre las medidas que se tomaban desde la organización del concierto y las medidas que se tomaban en los bares y locales que había anexos a la salida de los auditorios. Este contraste me ha hecho sentir realizado como artista, porque he visto que las instituciones que organizan conciertos tienen mucho cuidado y respeto por los hechos artísticos”.
Carles Marigó: “Las medidas son excepcionales. Los organizadores cuidan y respetan los hechos artísticos”.
Anna Alàs explica que en Alemania las diversas salas de conciertos están buscando alternativas variadas para implantar las medidas de seguridad necesarias. “Se están probando diferentes sistemas de medidas de prevención: hacer tests cada tres días a los músicos; alojar todos los miembros de una orquesta en el mismo hotel para que reduzcan su número de contactos; poner láminas de plexiglás entre los cantantes, en el escenario. Me gusta que el mundo operístico esté actuando de una forma tan activa, tan creativa”, según Alàs.
Además de aplaudir la implantación correcta de todas las medidas de seguridad, Bernat Prat destaca que la pandemia ha llevado algunos cambios bastante positivos: “El nuevo formato de muchos conciertos me parece acertado. Me he dado cuenta de que las pausas y las medias partes terminan haciendo que el concierto sea demasiado largo. Otra cosa positiva que ha llevado la pandemia es que ahora, como no se pueden repartir programas de mano, los mismos intérpretes presentan las obras que tocan. Con Cosmos Quartet siempre lo hemos intentado hacer. No tengo nada en contra de los programas de mano, pero espero que perdure esta dinámica de presentar las obras antes de tocarlas”.
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Este icónico musical de 1952 nos ha regalado numerosos bailes y canciones para la posteridad, desde la mítica Singin’ in the rain hasta el You were meant for me versionado por Gene Kelly. Para estos tiempos de lluvia y calor, pero, Good morning es, sin duda, la canción que tenemos en constante replay en nuestras listas de música estival.
La versión que hacen Donald O’Connor, Debbie Reynolds y Gene Kelly de esta canción —originalmente interpretada por Judy Garland y Mickey Rooney en la película Babes in arms (1939)— refleja como ninguna otra la energía que nos ayuda por la mañana a hacer frente planes improvisados durante la noche: es libertad en estado puro, las ganas y el atrevimiento de hacer cosas nuevas que nos da el verano. Después de meses de un pesado confinamiento, las vacaciones de agosto de este año se presentan como una nueva oportunidad para sentirnos más vivos que nunca, y ¿qué mejor que hacerlo empezando nuestros días de buen humor con Good morning?
In the mood es uno de los más grandes jazz standards para big band por excelencia. Número 1 durante casi 3 meses en las listas musicales de los Estados Unidos en 1940, este hit adquirido por Miller en 1939 constituye una delicia de swing instrumental. La vivacidad de los instrumentos junto con el ritmo y la melodía pegajosos pondrán a cualquiera que escuche este tema con los pies en marcha y un no parar de movimiento de cadera.
El tema In the mood es tan ideal para los viajes en coche como para las barbacoas al aire libre, si es que no lo hemos escuchado antes para marcarnos sencillamente un baile en la sala de estar de casa. Sea como sea, la obra de Miller consigue crear un ambiente dinámico y estimulante que no nos decepcionará estas vacaciones de verano.
Hay compositores cuya música —secretamente y por razones inexplicables— no soportamos. Del mismo modo, hay artistas a los que admiramos sin ningún motivo concreto. En mi caso, Sarasate es un ejemplo de los últimos. La ligereza y el virtuosismo de sus obras, a menudo impregnadas de un nerviosismo infantil, las convierten en un acompañamiento ideal para las vacaciones de verano. El Zapateado es la propuesta del compositor navarro que ha ganado un lugar en esta lista. El folclore español, como en la mayoría de su producción, goza de un importante papel en esta obra, caracterizada por una velocidad de ejecución también requerida en una gran parte del resto de su catálogo.
Sarasate, en el Zapateado, transforma en una partitura para piano y violín la fogosidad un baile hermano del claqué que ya hemos visto en Good morning de Singin’ in the rain. El espíritu animoso de la música convierte esta obra en una propuesta perfecta para el sol del verano, el choque entre las olas del mar y el ruido de la vida en la calle, que vuelve después del confinamiento.
Florence Price es una gran compositora aún por descubrir: una cata de su música nos permite viajar a los Estados Unidos más salvajes y rurales —lejos del ruido de las grandes ciudades con rascacielos—, nos remite a las raíces de la población negra con los sonidos de las melodías religiosas afroamericanas y nos da la oportunidad de disfrutar de la confluencia entre los valores tradicionales europeos y los géneros musicales de esta comunidad del sur que tanta discriminación ha sufrido históricamente en el país del American Dream.
Summer moon es una pieza para piano que evoca las raíces de la compositora, creando una atmósfera de nostalgia y, al mismo tiempo, de disfrute del presente. La melodía, que a menudo recuerda al estilo de Debussy, transmite la calidez fruto del encuentro con los seres queridos y refleja las noches estrelladas de verano. Es una obra cándida, inocente, ideal para este mes de Perseidas.
Enric Granados ha sido una figura clave en la escena musical catalana. Entre su amplia producción, Escenas románticas constituye un maravilloso ejemplo del lenguaje intimista del compositor leridano. Este pequeño conjunto de seis breves piezas para piano fue fruto de una de sus relaciones extramatrimoniales, en este caso con María Oliveró, y fueron compuestas en 1904. La última es el Epílogo, una melodía que impulsa el recuerdo y la memoria pero con la mirada siempre hacia el futuro. Esta pieza de Granados es un incentivo en agosto para no olvidar todo lo que ha pasado durante los últimos meses, para reflexionar sobre estos eventos y, una vez estemos listos, para afrontar el futuro que se nos presenta, con todo lo que conlleva. Es un canto a la vida, que siempre debería estar presente en la última página de todos los libros —y ahora, que tanto lo necesitamos, más que nunca.

Claude-Michel Schönberg ha firmado las composiciones de grandes éxitos del mundo de los musicales: Les Misérables, que este año celebra el 40º aniversario de su primera producción, en 2003 era el tercer musical con una duración más larga en cartelera en Broadway, tan sólo por detrás de Cats y El fantasma de la Ópera de Lloyd Webber. Contextualizada en la Francia del siglo XIX, esta obra del compositor francés basada en la novela de Victor Hugo se centra en la historia de Jean Valjean, un campesino que anhela redimirse después de haber estado diecinueve años en prisión por robar un trozo de pan para su famélica sobrina.
Durante el recorrido de Valjean, el musical nos introduce otros personajes que, en una etapa revolucionaria, intentan derribar el gobierno mediante la construcción de una barricada en medio de París. “On my own” es la versión inglesa de la canción de Éponine, una chica que está enamorada del estudiante Marius Pontmercy pero que sabe que el sentimiento nunca será correspondido. La interpretación de este tema de la cantante filipina Lea Salonga es poderosísima: del mismo modo que en su rendición del “Don’t cry for me Argentina” de Evita, en “On my own” Salonga hace gala de una voz clara con tono honesto, capaz de enternecer el alma más fría e incluso de conmover al público menos empático.
Si la obra de Àngel Guimerà ya es por sí sola maravillosa, el musical con partitura de Albert Guinovart no se queda atrás. Producida por primera vez en 1988 en Barcelona, esta obra 100% made in Catalonia es uno de los musicales de referencia del país, habiéndose representado por todo el Estado e, incluso, en Alemania en 2007.
El “Himno de los piratas” no es sólo la canción de la tripulación de Saïd, sino el himno por excelencia de todo el musical: conocida por casi todo el mundo, esta composición hace vibrar al público desde sus butacas ante la imponente visión de un gran barco lleno de lobos de mar que se reivindican en su modus operandi como piratas con una música enérgica e impetuosa.
Andrew Lloyd Webber ha regalado a su público magníficos musicales a lo largo de su carrera. Si bien el último grito es Hamilton, El fantasma de la Ópera siempre quedará como una de sus obras más icónicas: basado en la novela homónima de Gaston Leroux, relata la famosa obsesión por la soprano Christine Daaé de un genio de la música con la cara desfigurada que vive escondido en los sótanos de la Ópera de París.
El musical del compositor británico destaca por combinar magistralmente la juerga en el proceso de montaje de una ópera con la crueldad que no duda en ejercer quien ha sido víctima de la maldad y el aislamiento de la sociedad. Junto con “Wishing you were somehow here again”, “The music of the night” —cantada por el personaje del fantasma— es uno de los grandes solos del musical: la versión que hace de ella Ramin Karimloo transmite con éxito la emoción y los nervios de un hombre que, inseguro por su aspecto, seduce a Christine con su voz y su música en un intento de convencerla con palabras de amor para que abandone el mundo al que pertenece y se quede con él.
Por si no habíamos llorado suficiente con Madame Butterfly de Puccini, el compositor de Los miserables puso música en 1989 al libreto de Alain Boubil basado en la misma ópera pero con la historia adaptada a las circunstancias del momento: la acción se sitúa en la antigua ciudad vietnamita de Saigón y Kim es la nueva Cio-Cio-san, una chica de diecisiete años que se enamora de Chris Scott, un joven sargento estadounidense que después de la Guerra de Vietnam debe volver a su país. Durante tres años Kim espera el regreso de Chris, con quien ha tenido un hijo, para finalmente terminar descubriendo que éste se ha casado con una chica americana, Ellen.
Es difícil escoger una única canción de Miss Saigon para la lista, teniendo en cuenta que contiene pequeñas joyas como el “Why God why” que canta Chris maldiciendo haber conocido a Kim justo antes de tener que volver a Estados Unidos o como la “I’d give my life for you” que ella canta a su hijo antes de embarcarse en un barco de refugiados que se dirige a Bangkok. Finalmente, nos hemos decantado por “Last night of the world”, dúo interpretado por los dos protagonistas que supone la última escena antes de su separación definitiva: ajenos al terrible final que les espera, Chris y Kim cantan por última vez la misma canción de su primer encuentro. “Last night of the world” es una mezcla de sentimientos: de amor, de tristeza, de desesperación, de alegría… ¡Preparen los pañuelos!
El cine ha producido grandes musicales y lo hemos visto desde Singing in the rain y Seven brides for seven brothers hasta The sound of music y Mary Poppins. Es indiscutible, sin embargo, que en el podio de películas de este tipo debe estar siempre presente la eterna West Side Story con música de Leonard Bernstein. Basada en el musical del mismo nombre e inspirada en la historia de Romeo y Julieta de Shakespeare, en su momento la película fue nominada a once Oscars, de los que ganó diez.
“America” es una de las canciones más icónicas de este musical en el que cada canción parece ser aún mejor que la anterior. Aunque la obra ya tiene sesenta y tres años, la temática no ha permanecido en ningún sentido anticuada: en “America”, los chicos de la banda de Puerto Rico Sharks discuten con sus novias sobre su situación en Estados Unidos. Mientras ellas, inexorables, representan el American dream, ellos contraponen su visión con el racismo y la pobreza que les afecta especialmente por ser emigrantes. Rita Moreno y George Chakiris en los papeles de Anita y Bernardo, respectivamente, conforman la escena con un baile enérgico, una música movida y una química evidente.
Para ajustarse a la situación originada por la COVID-19, el Liceu arrancará la nueva temporada dejando para otra ocasión el Chaikovski previsto y apostando por opciones más reducidas con artistas de gran renombre: Sondra Radvanosky y Piotr Beczala serán los primeros al subir al escenario del teatro con un recital que vendrá seguido de una versión concierto de Il trovatore de Verdi encabezada por un reparto de primera división: Anna Netrebko será Leonora, Yusif Eyvazov asumirá el papel de Manrico, Ludovic Tézier el del Conde de Luna, finalmente, Okka von der Damerau será Azucena. Don Giovanni de Mozart será la primera ópera escenificada de la temporada y se llevará a cabo bajo la batuta de Josep Pons y con la producción de Christof Loy.

Estos tres acontecimientos marcarán el retorno gradual y progresivo al Liceu que tiene como hilo conductor la obsesión, presente en todos los títulos y actividades complementarias de la nueva temporada. El teatro, que se construye como una academia de emociones donde la ópera, la danza y la música sinfónica son —en palabras de su director artístico, Víctor García de Gomar— «una invitación para profundizar sobre la condición humana y sus percepciones» apuesta por un conjunto diverso de invitados entre los que se encuentran las artistas visuales Chiharu Shiota —autora de la imagen de la temporada—, Louise Bourgeois y Laia Abril y también el psiquiatra Luis Rojas Marcos, el poeta Joan Margarit y el filósofo Nuccio Ordine. Cada uno desde su disciplina creará un diálogo en torno a la obsesión que se complementará con la jornada Liceu Centre d’Arts programada para el 17 de enero de 2021 y una serie de conferencias, exposiciones y sesiones de audiciones comentadas durante todo año.
El Liceu se consolida también como uno de los núcleos operísticos de más prestigio del mundo y su escenario afianzará su fama acogiendo las voces de Anna Netrebko, Sondra Radvanovsky, Piotr Beczala, Javier Camarena y Nadine Sierra —entre otros—, las producciones de Laurent Pelly, Robert Carsen, David McVicar, Christof Loy y Àlex Ollé y las batutas de Josep Pons, Marc Minkowski, Giacomo Sagripanti, Speranza Scappucci, William Christie, Jordi Savall o David Afkham, entre otros.
Además de Don Giovanni, el Liceu nos abre la puerta a disfrutar de la escenificación de Lucia di Lammermoor de Donizetti, Otello y La traviata de Verdi, Tannhäuser de Wagner y Les contes d’Hoffman de Offenbach. Las principales protagonistas de la temporada serán, sin embargo, el estreno en el Estado de la ópera Lessons in Love and Violence de George Benjamin —una coproducción con la Royal Opera House, el Teatro Real de Madrid, la Dutch National Opera de Amsterdam, la Staatsoper de Hamburgo, la Opera de Lyon y la Lyric Opera de Chicago— y la producción de La bohème de Puccini a cargo del catalán Àlex Ollé, artista residente del teatro durante los próximos 4 años.

Este año el Liceu amplía la programación de óperas de versión concierto. Escucharemos el estreno en España de la ópera barroca Platée de Rameau y el Mitridate, re di ponto de un precoz Mozart de 14 años. Además, el Liceu apuesta por acercarse a públicos de nuevos géneros y lo hace presentando una versión semiescenificada de My fair lady, musical de Frederik Loewe que se podrá ver por primera vez en Barcelona. Finalmente, como una muestra de su voluntad de recuperar el patrimonio musical catalán, el teatro de la Rambla acogerá La princippesa filosofa, una ópera del siglo XVIII de Carles Baguer —el “Mozart catalán”— que tan sólo se ha representado cinco veces desde su estreno. Este evento irá a cargo de los alumnos de la ESMUC, dirigidos por Marzio Conti.
En cuanto a los concierto sinfónicos, la Orquestra Simfònica del Liceu ofrecerá, acompañada por Estrella Morente, un homenaje al nacionalismo musical de raíz hispana que, curiosamente, nace en Cataluña, y que incluirá obras de Gerhard, de Guinjoan y de Falla. Como celebración del centenario de la Orquestra Pau Casals, también interpretará en un mismo concierto las partituras de El pájaro de fuego, Pretushka y La consagración de primavera, los tres ballets encargados por Diaghilev a Stravinsky, compositor que dirigió en varias ocasiones la orquesta centenaria. Jordi Savall volverá con Le Concert des Nations para dirigir la Octava y la Novena de Beethoven y, finalmente, el ciclo de sinfónica se complementará con una gira de la orquesta por Reus, Lleida y Girona, donde interpretará la Júpiter de Mozart y la Patética de Tchaikovsky bajo la batuta de Minkowski, y una visita al Palau de la Música Catalana dentro del ciclo Palau 100. Las cámaras del Liceu también potenciarán su presencia fuera del teatro y, además de los conciertos LiceuClàssic y Liceu Brass Ensemble en el teatro, varias formaciones serán acogidas por museos de la ciudad a lo largo de toda la temporada.
El Liceu sigue apostando cada vez más por la nueva creación e invita a los compositores Joan Mangrané, Raquel García-Tomás, Lucas Peire, Francesc Prat, Agustí Charles y Mario G. Cortijo a participar en el espectáculo Sis Solos Soles, que incluirá seis microóperes con un libreto a partir de la mirada femenina en diferentes edades, pasando por las angustias de la mujer, los sentimientos de vulnerabilidad, etc.

La apuesta por artistas nacionales también llega al ámbito de la danza, en el que una de las tres producciones de ballet ofrecidas en esta temporada irá a cargo de la compañía blanca Li, que preentarà Solstice, una obra que reflexiona sobre la degradación de la naturalezay del medio ambiente. Rusia será la protagonista, como no podía ser de otro modo, de las otras dos producciones: así pues, el Elfman Ballet ofrecerá Oneguin de Pushkin y el Ballet Nacional Checo interpretarà el por siempre eterno El lago de los cisnes de Chaikovski.
No hay ninguna duda de que la programación de la próxima temporada ha sido, en muchos aspectos, una grata sorpresa: por un lado, el Liceu nos ofrece también la oportunidad de gozar de un inédito recital a cargo de Anna Netrebko; per otro, presenta el Liceu Vermut, un nuevo proyeco que también refuerza el deseo del teatro de acercarse a otros géneros musicales: con la terraza habilitada, el Liceu acogerá sesiones de música en directo de artistas nacionales, que presentarán sus obras y acabarán sus recitales utilizando arias de óperas como estándares de jazz para sus improvisaciones de flamenco, música electrónica y mambo.
El Liceu está creciendo y, para hacerlo, necesita la colaboración de la población más joven. La nueva temporada continúa manteniendo su compromiso con su faceta social —LiceuApropa— y reimpulsa El Petit Liceu con la ayuda del LiceuAprèn y con la reubicación de El monstre al laberint —ópera colectiva y coral fruto del proceso creativo de adolescentes de centros educativos catalanes— i el estreno de La Barcarola, un espectáculo para niños de entre 3 y 5 años. El Liceu Under 35 también ofrecerá este año 3 sesiones especiales exclusivas para el público joven y, además, da una segunda oportunidad a los “35+1”, impulsando un nuevo abono que incluye tres títulos con un 50% de descuento.
A pesar de la incertidumbre de la situación, es evidente que durante estos últimos meses se ha llevado a cabo una gran labor por parte del equipo del Liceu para poder asegurar a su público un teatro seguro. Además, a pesar de que el programa ha sido víctima de algunos aplazamientos y cancelaciones, la dirección de la institución ha asegurado que todos los títulos que finalmente no han podido llevarse a cabo estarán presentes en las próximas temporadas.
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