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{"id":12123,"date":"2020-04-13T11:09:00","date_gmt":"2020-04-13T11:09:00","guid":{"rendered":"http:\/\/box5205.temp.domains\/~arinfoco\/barcelonaclassica\/cinco-piezas-para-una-jornada-musical-en-pareja\/"},"modified":"2020-04-26T14:33:49","modified_gmt":"2020-04-26T14:33:49","slug":"cinco-piezas-para-una-jornada-musical-en-pareja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.barcelonaclasica.info\/es\/cinco-piezas-para-una-jornada-musical-en-pareja\/","title":{"rendered":"Cinco piezas para una jornada musical en pareja"},"content":{"rendered":"

Muchos de nosotros pasamos la cuarentena junto a nuestros familiares m\u00e1s pr\u00f3ximos. Madres, hijos, abuelos o nuestras parejas. El encuentro con nuestros compa\u00f1eros en el d\u00eda a d\u00eda a menudo puede ser frugal, al tempo de horarios que no siempre concilian con nuestra vida personal. En clave de confinamiento, la vida compartida se acent\u00faa y por eso os proponemos cinco piezas<\/strong> por una jornada musical en pareja.<\/strong><\/em><\/p>\n

\"\"Para empezar el d\u00eda\u2026 \u2018Melodia\u2019<\/a> de Orfeu ed Euridice<\/em> de Gluck <\/strong><\/h5>\n
Encerrados, el d\u00eda a d\u00eda es mon\u00f3tono y se mide bajo a la luz del tiempo en la acepci\u00f3n m\u00e1s meteorol\u00f3gica. La Primavera nos ha sorprendido en casa con la inquietante sensaci\u00f3n que el confinamiento eclosiona como algo demasiado familiar. Muchos d\u00edas, al levantar los ojos, solo vemos rayos frotando cuerdas de nubes grises, tristes y sensibles como la \u2018Melod\u00eda\u2019 de Orfeo ed Euridice<\/em> de Gluck.<\/strong> Esta versi\u00f3n al viol\u00edn contiene una pena en apariencia permanente. Su historia describe la muerte de Eur\u00eddice, un destino que, a diferencia de nuestro confinamiento, es irreversible. Nuestra ninfa, imposibilitada de libertad de movimientos, no est\u00e1 paso condenada. Cuando abrimos los ojos, los amantes de la m\u00fasica podemos mirar nuestros amantes desplaz\u00e1ndonos solo en el comedor y no en el Hades.<\/p>\n

La \u2018Melod\u00eda\u2019 es una adaptaci\u00f3n del tema de la \u00f3pera que encarna la reforma gluckniana, una empresa conjunta del compositor, el llibretista Calzabigi y el core\u00f3grafo Angiolini. Esta fue el intento de renovar la \u00f3pera ser\u00eda italiana, que hab\u00eda sido recubierta de un dramatismo y ornamento excesivo y que, a su parecer, necesitaba volver a poner el foco sobre la poes\u00eda y la declamaci\u00f3n. La podemos escuchar en la fuerza de la \u2018Melod\u00eda\u2019, que aunque puede entintar estas ma\u00f1anas grises, en su delicadeza y fuerza encontramos la belleza del apoyo y la confianza mutua que hoy necesitamos.<\/p>\n<\/div>\n

A primera hora de la tarde, con el caf\u00e8\u2026 Preludi n\u00fam. 1<\/em> de Villa-Lobos<\/strong><\/h5>\n
Heitor Villa-Lobos tocaba varios instrumentos como el violonchelo, el clarinete o la guitarra. Los estudi\u00f3 durante su etapa de formaci\u00f3n -poco escol\u00e1stica-, un periodo important\u00edsimo por todo m\u00fasico. Seguro que el compositor brasile\u00f1o comprend\u00eda una de las primeras lecciones del estudio de la m\u00fasica, la escucha activa del sonido.<\/strong> Estos d\u00edas podemos animarnos a afinar aquella guitarra callada que se apoya entre pared y ventana. Estas aperturas al exterior se han convertido en una \u00e1gora donde diferentes m\u00fasicos han aprovechado para compartir un poco de su sonido. El concierto pero, puede ser tambi\u00e9n ventanas adentro, un regalo musical y privado a nuestras parejas.
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\nPara disfrutar del Preludio n.\u00ba 1 de Villa-Lobos pero, solo nos hay que posar en pr\u00e1ctica esta primera parte del aprendizaje musical. El brasile\u00f1o escribi\u00f3 los seis preludios cuando ya hab\u00eda vuelto de Par\u00eds, despu\u00e9s de su etapa de formaci\u00f3n, de car\u00e1cter bohemio, en diferentes regiones de la Am\u00e9rica latina. Estas piezas no quedan empeque\u00f1ecidas ante otras obras de la misma pluma como los choros<\/em>; son, en cambio, peque\u00f1as del\u00edcias por los guitarristas.<\/strong> La escucha -en directo o no- de esta pieza de ritmo vibrante sobre cuerdas c\u00e1lidas ba\u00f1a todos los rincones de una tarde \u00edntimamente compartida.<\/div>\n
Despu\u00e9s de cenar\u2026 Vals de los patinadores<\/em>, op. 183<\/a> de Waldteufel<\/strong><\/h5>\n
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\"\"<\/strong><\/h5>\n

\u00c9mile Waldteufel nos lleva sobre la pista\u2026 de hielo. El Vals de los patinadores quiere capturar la atm\u00f3sfera g\u00e9lida de los que se deslizaban, alguna ma\u00f1ana de invierno de 1882, a\u00f1o de su composici\u00f3n, sobre las orillas parisinas del Sena helado. El autor dirigi\u00f3 a los tiempos de la \u00faltima emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo, sus bailes de corte. Como su batuta, su trazo se dedic\u00f3 plenamente a esta popular danza y, por eso y no por azar es conocido  como el \u201dStrauss Franc\u00e9s\u201d.
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\nEl vals evoca escenas pintorescas: juegos de teles coloridas, arcos en punta, arcos en tal\u00f3n y platillos intermitentes en salones de color dorado que se levantan al infinito.Esta danza naci\u00f3, efectivamente, en un siglo XVIII lejano que identificamos con cortes, pr\u00edncipes y habsburgos. De todos modos, m\u00e1s libro en coreograf\u00eda que otros hermanos de ritmo como el minu\u00e9, su origen se aleja del opulento y se acerca a aquello humilde. Rompedor porque entrelaz\u00f3 por primera vez las parejas, hoy puede entrelazarnos tambi\u00e9n a nosotros.<\/strong> Si a su sonido flotamos sobre nuestro pasillo, trazaremos nuestro Sena personal.<\/p>\n<\/div>\n

En la noche\u2026 Nocturno n\u00fam 1 en Do menor, op. 48<\/em><\/a><\/strong>, de Chopin<\/strong><\/h5>\n
Hay algunas formas que atrapan la atenci\u00f3n del oyente solo por su aura extramusical. Los nocturnos son uno de estos casos. Antes de disfrutarlos, las connotaciones de su nombre ya resuenan en las orejas. Popularizados a finales del siglo XVIII, estas piezas dedicadas a la voz eran pensadas para ser interpretadas al cobijo de la intimidad nocturna.<\/strong> Este momento del d\u00eda y sus atributos han sido explotados musicalmente varias veces; no es esto el que los m\u00e1s caracteriza pero, sino que son una forma con un representante inequ\u00edvoco; el compositor polaco Fr\u00e9d\u00e9ric Chopin.
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\nEste genio del piano, instrumento que fue una extensi\u00f3n f\u00edsica del pedagogo y compositor, no fue el responsable, pues, ni de la invenci\u00f3n de la forma ni de su cambio radical. El 1812, el irland\u00e9s John Field hab\u00eda compuesto sus doce nocturnos solo para pianoforte y no por voz, concebidos como canciones sin palabras, es decir, sin voz humana. La idea fue tomada por Chopin que, in crescendo a lo largo de su vida, cre\u00f3 su colecci\u00f3n de nocturnos. Tambi\u00e9n en continuo crecimiento y alejado de un esquema estricto, el nocturno n\u00famero 2 en Do menor es una pieza estallante. Contiene en s\u00ed giros mel\u00f3dicos y de tempo sorprendentes y sorprendentemente trenzados en una continuidad de inicio a fin de que provoca una atenci\u00f3n en tensi\u00f3n con un final limpio, austero, pl\u00e1cido, absoluto.<\/div>\n
\"\"Para el amancer… Dueto final \u2018Pur ti miro, Pur ti godo\u2019<\/a> de  L\u2019incoronazione di Poppea<\/em>, de Monteverdi<\/strong><\/h5>\n
Para cerrar esta audici\u00f3n musical en pareja el d\u00fao final entre Ner\u00f3n y Popea de la \u00faltima \u00f3pera de Monteverdi parece una propuesta id\u00f3nea. La incoronazione di Poppea<\/em> fue estrenada el 1643, el a\u00f1o de la muerte de este compositor italiano, el m\u00e1s importante del siglo XVII. El pasaje entre la m\u00fasica del Renacimiento y la barroca lo escuchamos en su \u00faltima \u00f3pera y en los timbres reunidos de la soprano y contratenor, clavo, tiorba, arpa y la cuerda frotada, instrumentos por el final bell\u00edsimo que, pero, no fue escrito por Monteverdi.
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\n\u201cPuro ti miro, puro ti godo\u201d es una pieza emblem\u00e1tica que celebra el triunfo de la pasi\u00f3n. Las preguntas y respuestas musicales entre soprano y contratenor expresan una declaraci\u00f3n de amor que llega, despu\u00e9s de las aventuras de unos protagonistas muy humanizados, bajo la luz de una m\u00fasica equilibrada, emocionante y clara. <\/strong>Con ellos os proponemos acabar esta jornada musical. Como su historia, la peripecia en que nos vemos inmersos hoy tendr\u00e1 un final que abrazaremos acompa\u00f1ados.<\/p>\n

Fotos: Orfeo y Euridice (1842) d’Enrico Scuri; Baile en el Palacio imperial de Hofburg (detall) (1900) de Wilheim Gause y Psique revivida por el beso del Amor (1793) de Antonio Canova.<\/em><\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

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