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La m\u00fasica de c\u00e1mara, por su propia naturaleza, va ligada a la intimidad de un espacio recogido, cercano y c\u00e1lido. Es precisamente en un espacio como este donde hemos pasado la mayor\u00eda de los \u00faltimos d\u00edas de confinamiento, entre cuatro paredes que se nos hacen peque\u00f1as a medida que pasan las horas. Poner m\u00fasica nos renueva y transporta a trav\u00e9s del tiempo, nos invita a cruzar las paredes para sentarnos a escuchar la proximidad de la m\u00fasica de los cuartetos de cuerda que suenan dentro de las c\u00e1maras reales de la Europa del siglo XVIII, la descarada originalidad introspectiva de Ethel Smyth o las emblem\u00e1ticas din\u00e1micas que Debussy plasm\u00f3 en su \u00fanica obra para este formato.<\/p>\n\n\n\n El clasicismo musical es la cuna de los cuartetos de cuerda, nacidos de pentagramas de los divertimentos y serenatas de Joseph Haydn. A partir de aqu\u00ed, la historia de esta formaci\u00f3n musical pasa directamente de las 67 obras que el compositor austriaco dedic\u00f3 a perfeccionar su forma a los cuartetos de Mozart, considerados la culminaci\u00f3n del cuarteto de cuerda cl\u00e1sico. Algo m\u00e1s desapercibidas han pasado obras de otros compositores como Luigi Boccherini, quien perfeccion\u00f3 su forma, dando fuerza y originalidad a un formato a\u00fan lejos de popularizarse.<\/p>\n\n\n\n Oscurecidos por un error de nomenclatura, los seis Cuartetos de cuerda Op. 26<\/em> no gozan del reconocimiento que corresponde a su belleza y elegancia. El mismo Boccherini los numer\u00f3 dentro de sus opera piccola<\/em> – obras peque\u00f1as -, aunque no pretend\u00eda que sus cuartetos fueran tomados menos en serio que otras obras de forma m\u00e1s larga. “Todo es tela de la misma pieza”, coment\u00f3 su editor, refiri\u00e9ndose a la extensa paleta de sonidos que Boccherini utiliz\u00f3 para las melod\u00edas m\u00e1s dulces y cantabiles, dibujadas en un lienzo que tambi\u00e9n incluye introducciones abruptos y las conclusiones m\u00e1s repentinas . En definitiva, los Op. 26 son una caja llena de sorpresas, a veces haciendo uso de material folcl\u00f3rico espa\u00f1ol que traiciona el propio origen elegante y exclusivo de la composici\u00f3n, escrita para la corte del infante Don Luis, hermano de Carlos III. La elegancia y sutileza, as\u00ed como el uso de la forma del cuarteto de cuerda de forma tan temprana, claman una mirada m\u00e1s atenta por parte de quienes la escuchamos.<\/p>\n\n\n\n Mucho hab\u00eda evolucionado cuando Ethel Smyth compuso su \u00fanico cuarteto de cuerda en 1912. Durante los treinta a\u00f1os que separan esta obra de su Quinteto de cuerda Op. 1<\/em> – la m\u00e1s cercana en cuanto a la forma -, las tendencias musicales europeas hab\u00edan cambiado a una velocidad nunca vista. Tal y como describe la cr\u00edtica musical brit\u00e1nica Katherine Eggar, el Cuarteto de cuerda en Mi menor<\/em> es un claro ejemplo de la mezcla entre el estilo personal de Smyth y su capacidad de adaptarse: “La apertura del Allegro lirico es un movimiento fresco e introspectivo, que hace uso del recurso de la escritura parcial y del ritmo con un alto nivel musical. En contraste, el segundo movimiento, Allegro molto leggiero<\/em>, falta deliberadamente de la calidad l\u00edrica creando un efecto de original y agradable ofensividad que se contrapone a la noble emoci\u00f3n del Andante<\/em>. El final, Allegro energico<\/em>, incluye una fuga r\u00edtmicamente inusual pero tan encantadora y potente como ella misma “.<\/p>\n\n\n\n Fue, tal vez, el estreno del Cuarteto de cuerda en Re menor<\/em> de C\u00e9sar Franck lo que anim\u00f3 a Debussy a entrar en el mundo de la m\u00fasica de c\u00e1mara. Aunque no ha compuesto nunca por este tipo de formaci\u00f3n, el compositor franc\u00e9s cre\u00f3 un cuarteto de cuerda ultramoderno con efectos de sorprendente belleza y originalidad que conservaron intacto su estilo tan particular y que tantas veces se ha tachado de impresionista – adjetivo que \u00e9l mismo rechazaba.<\/p>\n\n\n\n Estructurado en cuatro movimientos, la sensualidad de los cambios tonales y la estructura c\u00edclica de cada uno de los temas hacen que la obra se constituya como la separaci\u00f3n final con la rigidez de la armon\u00eda cl\u00e1sica, abriendo la puerta a un nuevo mundo de posibilidades. Con una m\u00e1s que probable influencia rusa marcada por el testimonio de compositores como Tchaikovsky o Borodin, la obra fue recibida por opiniones contradictorias por parte del p\u00fablico. Los temas po\u00e9ticos, las sonoridades extra\u00f1as y las din\u00e1micas y articulaciones contrapuestas llevan a la obra hacia una particularidad simb\u00f3lica; detalles que hacen justicia a la atemporalidad y originalidad de su compositor.<\/p>\n\n\n\n Escrito en 1834, Fanny Mendelssohn bas\u00f3 el Cuarteto en Mi bemol mayor<\/em> en una sonata para piano inacabada que ella misma escribi\u00f3 cinco a\u00f1os antes. Repasar su obra dio como resultado un cuarteto de cuerda maduro donde plasm\u00f3 una parte de su personalidad que ella misma no reconoc\u00eda, un estilo “extremadamente conmovedor y emocional” con el que le costaba identificarse, lejos de ser una “persona exc\u00e9ntrica o excesivamente sentimental “. As\u00ed describ\u00eda la compositora alemana una obra que exploraba nuevas dimensiones de una sonoridad m\u00e1s apasionada y cruda que se diferencia de la elegancia de cara al p\u00fablico que expresan las obras de su hermano.<\/p>\n\n\n\n Real y brillante, el cuarteto se abre con un extenso Adagio ma non troppo<\/em> que contrasta con el tono juguet\u00f3n del Allegretto<\/em>, ambos inclin\u00e1ndose hacia tonalidades menor. El punto culminante es la Romanza<\/em>, el movimiento m\u00e1s extenso y pasional en el que evoca el mundo del romanticismo alem\u00e1n en una incre\u00edble originalidad arm\u00f3nica. Finalmente, en el Allegro molto vivace<\/em>, Fanny Mendelssohn deja correr toda la energ\u00eda de los m\u00fasicos en un movimiento r\u00e1pido y din\u00e1mico que culmina la obra entre melod\u00edas y registros agudos.<\/p>\n\n\n\n Hasta hoy, la relaci\u00f3n de Shostakovich con la pol\u00edtica es a\u00fan objeto de debate, y es que se ha discutido mucho hasta qu\u00e9 punto habr\u00eda sido un disidente clandestino y, consecuentemente, qu\u00e9 tienen que decir sus obras. El compositor ruso escribi\u00f3 el Cuarteto en Do menor No. 8<\/em> poco despu\u00e9s de su reticente uni\u00f3n al Partido Comunista. Dedicada a “las v\u00edctimas del fascismo y de la guerra”, es a menudo interpretada como una referencia a las v\u00edctimas de cualquier expresi\u00f3n del totalitarismo; aun as\u00ed, muchas otras opiniones consideran este cuarteto como una obra personal, incluso un epitafio para anunciar su suicidio.<\/p>\n\n\n\n No cabe duda de que la obra lleva una carga emocional inmensa que se expresa entre los pentagramas de una obra extremadamente compacta, de cinco movimientos interconectados. Incluye repeticiones de motivos y temas de diferentes conciertos y sinfon\u00edas posteriores, adaptadas a la intimidad del cuarteto. Por ejemplo, el primer movimiento incluye motivos de la Primera y la Quinta sinfon\u00edas, mientras que el tercer movimiento fundamenta su lenta melod\u00eda en los temas del famoso Concierto para violonchelo No. 1<\/em> del mismo compositor. En general, su malestar se hace latente en una obra gris pero que cuenta con la pureza y originalidad de las formas m\u00e1s expresivas de Shostakovich.<\/p>\n\n\n\n La m\u00fasica de c\u00e1mara, por su propia naturaleza, va ligada a la intimidad de un espacio recogido, cercano y c\u00e1lido. Es precisamente en un espacio como este donde hemos pasado la mayor\u00eda de los \u00faltimos d\u00edas de confinamiento, entre cuatro paredes que se nos hacen peque\u00f1as a medida que pasan las horas. 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1. Luigi Boccherini. Seis Cuartetos de cuerda, Op. 26<\/em><\/strong>. <\/a><\/h3>\n\n\n\n

2. Ethel Smyth. Cuarteto de cuerda en Mi menor.<\/em><\/a><\/strong><\/h3>\n\n\n\n
Y es que, tal y como esta obra supone en cierto modo una ruptura, su compositora rompi\u00f3 las limitaciones de su origen ingl\u00e9s de clase media en una rebeli\u00f3n abierta que canaliz\u00f3 a trav\u00e9s de la m\u00fasica. Ignorada persistentemente por el canon musical, fue – y es – una voz significante y vital para el panorama brit\u00e1nico de su \u00e9poca. Aclamada por su obra, \u00e9sta refleja la larga lucha en defensa del reconocimiento de las mujeres m\u00fasicos, un af\u00e1n que da pie, a\u00fan m\u00e1s, a redescubrir una obra transparente, r\u00edtmica y vital que tambi\u00e9n pide una mirada m\u00e1s atenta.<\/p>\n\n\n\n
3. Claude Debussy. Cuarteto de cuerda en Sol menor, Op. 10.<\/em><\/strong><\/a><\/h3>\n\n\n\n

4. Fanny Mendelssohn. Cuarteto en Mi bemol mayor<\/em>.<\/strong><\/a><\/h3>\n\n\n\n

5. Dmitri Shostakovich. Cuarteto en Do menor No. 8, Op. 110.<\/em><\/a><\/strong><\/h3>\n\n\n\n
