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Con Philosophie der neuen Musik<\/em> (1949), el fil\u00f3sofo Theodor Wiesengrund Adorno<\/strong> presenta un texto fascinante y pol\u00e9mico, radical, lleno de rigor y de una lectura dif\u00edcil que requiere la relectura, por la tensi\u00f3n permanente que existe entre las palabras y la m\u00fasica, por la dificultad de expresar claramente la inefabilidad del sonido. Hay que recordar que el autor, adem\u00e1s de ser un fil\u00f3sofo muy interesante (y muy interesado en las cuestiones est\u00e9ticas, como lo demuestra su obra magna \u00c4sthetische Theorie<\/em>, 1970), fue un m\u00fasico competente, un disc\u00edpulo de Alban Berg y que, de hecho, se consideraba a s\u00ed mismo, como integrante de la Zweite Wiener Schule<\/em> de Arnold Sch\u00f6nberg, Alban Berg y Anton Webern.<\/p>\n\n\n\n La obra consta de dos partes que confrontan la idea de progreso\nasociada a Sch\u00f6nberg, con la de restauraci\u00f3n, asociada a Stravinsky. La mirada\nde Adorno es sociol\u00f3gica y dial\u00e9ctica, llena de referencias a Hegel y Marx, y\nplantea el reto de pensar la obra de arte en la \u00e9poca de la reproductibilidad,\npara decirlo con palabras de su amigo Walter Benjamin<\/strong>. El viaje hacia la\nabstracci\u00f3n que hace la pintura en los alrededores de la Gran Guerra es\nparalelo, segundo \u00e9l, a la ruptura musical que representa la atonalidad. En ambos\ncasos hay una reacci\u00f3n, una defensiva contra la “mercanc\u00eda art\u00edstica\nmecanizada”, la fotograf\u00eda, en el caso de la pintura y la reproducci\u00f3n\nmasiva “automatograf\u00f3nica”, en el caso de la m\u00fasica, que\n“someten a sobre oyentes a los m\u00e1s recientes m\u00e9todos de psicotecnia y\npropaganda y ellos mismos est\u00e1n construidos propagand\u00edsticamente, pero\nprec\u00edsamente por ellos est\u00e1n ligados a siempre igual de la tradici\u00f3n\npulverizada”. Nos encontramos, por tanto, con la falsa modernidad del arte\nde masas que, bajo la falsa brillo de la tecnolog\u00eda reproduce ad infinitum <\/em>la\nsuperficialidad y el mal gusto.<\/p>\n\n\n\n La m\u00fasica debe mantenerse en los par\u00e1metros musicales. Si intentamos\nentenderla desde la filosof\u00eda o la sociolog\u00eda, entonces la encontramos\nirracional, porque entran en conflicto dos lenguajes diferentes. Adorno\ncalifica la m\u00fasica de Sch\u00f6nberg de “radical”, en la medida que se\nerige en el arma contra la depravaci\u00f3n comercial del lenguaje tradicional. La\n“calculada imbecilidad” que Adorno asocia sarc\u00e1sticamente a la\ncultura de masas coincide con la idea de que Sch\u00f6nberg ten\u00eda del arte: que no\npuede ser para todos, porque si es para todo el mundo no es arte, y el hecho de\nque lo afirme de forma tan expl\u00edcita una figura tan conspicua del pensamiento\nprogresista nos aclara posibles malentendidos sobre las intencionalidades\npol\u00edticas del compositor vien\u00e9s. Cuando Adorno entra en materia con Sch\u00f6nberg,\nobvia sus primeros a\u00f1os y arranca directamente en el expresionismo, que\nrelaciona con la angustia y las pasiones que atraviesan la sociedad. Sus\nprimeras palabras sobre el dodecafonismo apelan a su relaci\u00f3n con la numerolog\u00eda\ny la organizaci\u00f3n del material musical. Seg\u00fan Adorno, primero hay el orden y\nluego se dota de sentido la obra, justamente al contrario de lo que Sch\u00f6nberg\nquiere expresar cuando habla de “composici\u00f3n<\/em> dodecaf\u00f3nica, no de\ncomposici\u00f3n dodecaf\u00f3nica<\/em>“. El \u00e9nfasis no est\u00e1, aqu\u00ed, en el orden de\nla serie, sino en el hecho de que se trata de una composici\u00f3n, una obra de arte\nque, circunstancialmente, se crea en los par\u00e1metros del dodecafonismo, un\nm\u00e9todo -que no sistema- que, dir\u00eda Adorno, tiene una naturaleza autoritaria y\ndesp\u00f3tica, porque la exactitud apodera de esta manera de hacer m\u00fasica, para\norganizarla e imponer el orden.<\/p>\n\n\n\n Las disonancias musicales son un reflejo de las disonancias sociales,\nde la dial\u00e9ctica entre el amo y el esclavo para que en la nueva m\u00fasica “al\np\u00fablico ajeno a la producci\u00f3n la superficie le suena extra\u00f1a, sobre fen\u00f3menos\nm\u00e1s t\u00edpicos est\u00e1n expuestos a los presupuestos sociales y antropol\u00f3gicos que\nson los propios de los oyentes”. La nueva m\u00fasica, como todo el arte de\nvanguardia, refleja y hace consciente todo lo que el p\u00fablico quisiera olvidar,\nrechazar el inconsciente colectivo bajo la fuerza de represi\u00f3n de la\nautocensura. Recordando a Horkheimer (1895-1973), Adorno afirma que el\naislamiento social del arte de Sch\u00f6nberg es el precio que debe pagar por su\nvoluntad de construir la gran m\u00fasica absoluta contempor\u00e1nea e, inevitablemente,\ns\u00f3lo puede persistir en el su endurecimiento, sin concesiones al factor humano.\nDesde Wagner, y quiz\u00e1s desde Beethoven, no ha habido un compositor m\u00e1s\ncomprometido con la propia obra y m\u00e1s indiferente a los cantos de sirena de la\npopularidad, seg\u00fan Adorno. El fil\u00f3sofo hace una lectura marxista del arte, por\nlo que la m\u00fasica “ordinaria”, la que no sigue el camino abierto por\nSch\u00f6nberg -como lo hacen Webern y Berg- ser\u00eda mera ideolog\u00eda, la manifestaci\u00f3n\nsuperestructural de las tendencias compositivas reaccionarias.<\/p>\n\n\n\n Adorno atribuye a Sch\u00f6nberg la voluntad de verdad que exig\u00eda Hegel y\nque echa de menos en Stravinsky. La m\u00fasica de Sch\u00f6nberg ser\u00eda una expresi\u00f3n\nepifenom\u00e9nica del esp\u00edritu objetivo que arrancar\u00eda de las entra\u00f1as del proceso\nsocial, en una proyecci\u00f3n superestructural, por decirlo en t\u00e9rminos marxistas.\nEl material sonoro transmite unas tendencias al compositor que \u00e9ste ha de\ntransformar en m\u00fasica, en arte sin enga\u00f1o, aunque a veces la verdad sea\ninc\u00f3moda. La coherencia con el nuevo tiempo, que empuja Sch\u00f6nberg crear la\nnueva m\u00fasica, exige ciertas normas que indiquen qu\u00e9 puede hacer y, por tanto,\nque no puede hacer en materia musical, qu\u00e9 combinaciones sonoras son verdaderas\ny cu\u00e1les enmascaran la realidad art\u00edstica, en la medida que traicionan el Zeitgeist<\/em>\ny constituyen una especie de retorno de lo reprimido.<\/p>\n\n\n\n Adorno defiende la autonom\u00eda de la nueva m\u00fasica como respuesta al auge\nde la industria cultural. Esta m\u00fasica huye de la comercializaci\u00f3n porque quiere\napartarse de las viejas convenciones est\u00e9ticas, en una reacci\u00f3n contra “la\ndepravaci\u00f3n comercial del idioma tradicional” y como ant\u00edtesis contra la\nexpansi\u00f3n de la industria cultural, ya que la transici\u00f3n a la producci\u00f3n\ncalculada de la m\u00fasica como art\u00edculo de consumo de masas tard\u00f3 m\u00e1s tiempo que\nel proceso an\u00e1logo que se produce en la literatura y en las artes pl\u00e1sticas.\nEsto se dio porque la m\u00fasica es la m\u00e1s abstracta de las artes, donde el concepto\ny el objeto quedan m\u00e1s escondidos, por lo que Schopenhauer situarla como el\narte m\u00e1s sublime, a la vez que m\u00e1s irracional. Con el tiempo, la posibilidad de\ncomerciar con la m\u00fasica se vio m\u00e1s clara con la llegada de la radio, el cine y\nlos anuncios publicitarios. Pero la nueva m\u00fasica no entra en estos par\u00e1metros y\nSch\u00f6nberg se mantendr\u00e1 reticente a las nuevas tecnolog\u00edas y, por tanto, rehuir\u00e1\nla comercializaci\u00f3n, defendiendo la calidad de sus obras, aunque le suponga la\nincomprensi\u00f3n del gran p\u00fablico -o precisamente por eso. Desde el mito de la\ncaverna de Plat\u00f3n, la cultura occidental insiste en la idea de que la verdad\ns\u00f3lo es accesible a los escogidos, que resulta peligrosa porque se enfrenta a\nla falsedad, a la apariencia que enmascara los mecanismos del poder y s\u00f3lo\nsirve para justificar la dominaci\u00f3n y la violencia. Si las disonancias son\ninsoportables para el p\u00fablico es porque est\u00e1n lejos de su comprensibilidad, y\nlo que es comprensible a las masas es un “molde muerto”, una sombra\nen el fondo de la caverna, una “apariencia que obstruye la esencia” .\nNo hay acuerdos verdaderos ni falsos, en s\u00ed mismos, porque no existe el acuerdo\nen s\u00ed, en el sentido kantiano, en la medida que cada uno debe soportar el peso\nde su historia.<\/p>\n\n\n\n “Las primeras obras atonales son protocolos en el sentido de los protocolos on\u00edricos del psicoan\u00e1lisis<\/strong>“. <\/p><\/blockquote>\n\n\n\n Curiosamente, Adorno considera que ser\u00eda un error pensar Sch\u00f6nberg\ndesde la perspectiva del intelectualismo y defiende que la nueva m\u00fasica no es\ncerebral, meramente calculada sobre el papel, como lo demuestran hitos del\nexpresionismo como Pierrot Lunaire, Erwartung <\/em>– o Lulu<\/em>. Ciertamente,\nconlleva el aislamiento social, pero este aislamiento no debe atribuirse a la\nfalta de expresividad, insiste Adorno: “Hoy d\u00eda, la gran m\u00fasica absoluta,\nla de la escuela de Sch\u00f6nberg, es el contrario de aquel \u00abdesprovisto de\npensamiento y de sentimiento\u00bb que Hegel, sin duda mirando de reojo al\nvirtuosismo instrumental que en super \u00e9poca empezaba a desenfrenarse,\ntem\u00eda”. No puede ser intelectualista, porque muestra emociones que emergen\ndel inconsciente, traumas, dolor real, por lo que el paralelismo entre\nSch\u00f6nberg y Freud resulta inevitable: “Las primeras obras atonales son\nprotocolos en el sentido de los protocolos on\u00edricos del psicoan\u00e1lisis<\/strong>“.\nSon muestras de un arte n\u00f3mada, con un toque de barbarie que ataca las viejas\nconvenciones y rechaza la orden superficial. S\u00f3lo puede expresar tensiones y,\ntras desafiar las categor\u00edas tradicionales del arte, se autoimpuso, a pesar de\nlas apariencias, una r\u00edgida disciplina que la salve del caos que constantemente\nla acosa, una aspiraci\u00f3n radical a la exactitud: la coherencia.<\/p>\n\n\n\n Hasta finales del Romanticismo, las composiciones se articulaban a\npartir de un tema musical que se desarrollaba, hasta que se daba por amortizado\ny aparec\u00eda otro que hab\u00eda que desarrollar, y as\u00ed sucesivamente. La m\u00fasica\natonal, con la hip\u00f3stasis del pensamiento mot\u00edvico, elimina las transiciones y\nla composici\u00f3n tiende a atomizar en una sucesi\u00f3n de motivos carecen de toda\ntransici\u00f3n. La disoluci\u00f3n de la estructura tonal eliminaba el referente de la\nsensible que conduce a una t\u00f3nica, que ya no tiene funci\u00f3n. El resultado es la\ndesorientaci\u00f3n del oyente, enfrentado a unos acordes que se han despojado de\ncualquier ideolog\u00eda, una situaci\u00f3n que a\u00fan se intensificar\u00e1 con el\ndodecafonismo. Con la irrupci\u00f3n de la libre atonalidad, ocurri\u00f3 la hegemon\u00eda de\nla disonancia que, como dice Adorno, resultaba interesante hasta que lleg\u00f3\n“el momento restaurador del dodecatonismo”, cuando, con el tiempo, se\nrelaja la severa prohibici\u00f3n de la consonancia que hab\u00eda establecido Sch\u00f6nberg.\nPero las disonancias, que hab\u00edan nacido como formas de expresi\u00f3n de las\ntensiones, las contradicciones sociales y el dolor, con el tiempo se\nsedimentaron y se convirtieron en material al alcance del compositor, sin dejar\nde recordar sus or\u00edgenes , por lo que “consisten la enigm\u00e1tica suerte de\nestos sonidos en que, prec\u00edsamente en virtud de apo transformaci\u00f3n en material,\ndominan, conserv\u00e1ndolo, el dolor que anta\u00f1o manifestaban. Su negatividad se\nmantiene fiel a la utop\u00eda; encierro en s\u00ed la consonancia t\u00e1cita; de ah\u00ed la\napasionada susceptibilidad de la nueva m\u00fasica contra todo lo que se asemeje a\nla consonancia”. En este punto, Adorno aparca la ciencia y entra de lleno\nen el psicologismo. Es una constante de la \u00e9poca hablar del arte como\nexteriorizaci\u00f3n del sufrimiento, pero nos parece simplista que Adorno, que\nconoce bien la serie de arm\u00f3nicos y la relaci\u00f3n que se establece entre ellos,\nequipare la disonancia con el dolor.<\/p>\n\n\n\n Desde la perspectiva marxista de la Escuela de Frankfurt, Adorno\nafirma que hay en el dodecafonismo una dificultad intr\u00ednseca a la hora de\nintentar reconstruir las grandes formas musicales, tras la cr\u00edtica a la\ntotalidad est\u00e9tica que hab\u00eda sido el expresionismo, en la medida que, como todo\nfen\u00f3meno cultural, es una proyecci\u00f3n superestructural de un determinado momento\nhist\u00f3rico de la sociedad europea. Se trata de una empresa tan problem\u00e1tica como\nlo ser\u00eda la \u201cintegraci\u00f3n de una sociedad en la que el fundamento econ\u00f3mico de\nla alienaci\u00f3n siguiera persistiendo inalterado mientras mediante la represi\u00f3n\nse privara a los antagonismos del derecho a manifestarse. Algo de esto hay en\nel dodecatonismo integral”.<\/p>\n\n\n\n El arte es una forma de conocimiento. En el caso de Sch\u00f6nberg lo es de\nforma especial, con su conciencia de la tradici\u00f3n y con la autoconciencia del\npapel que le toca jugar en relaci\u00f3n con ella. La vieja obra de arte intentaba\ncerrarse en s\u00ed misma y, as\u00ed, negaba la posibilidad del conocimiento que pose\u00eda,\nporque se convert\u00eda en una mera intuici\u00f3n que se interpon\u00eda entre ella y el\npensamiento. “Era ciega como, segun la doctrina de Kant, la intuici\u00f3n\naconceptual”. Con la Modernidad, el arte se intelectualiza\ninevitablemente, porque surge de una cierta conciencia de s\u00ed en relaci\u00f3n a la\ntotalidad de las obras, por lo que abandona su inercia hacia la tradici\u00f3n, para\nsituarse en una posici\u00f3n din\u00e1mica, de di\u00e1logo, de discusi\u00f3n, incluso de\nviolencia. Este es el camino del conocimiento para que, si el arte moderno\nquiere expresar la verdad, tiene que abandonar la mera intuitividad y debe\ndejar de ser s\u00f3lo apariencia, para poder aspirar a ser pensamiento.<\/p>\n\n\n\n Las \u00faltimas p\u00e1ginas de Adorno retoman la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre\nel artista y la sociedad, entre Sch\u00f6nberg y Viena, entre Sch\u00f6nberg y la\ncomunidad jud\u00eda, entre Sch\u00f6nberg y el mundo. El ensue\u00f1o dogm\u00e1tico de la m\u00fasica\ntradicional, con su est\u00e9tica amable, consist\u00eda en proclamar que no hab\u00eda lucha\nde clases que, en el reino del arte, no hab\u00eda clases. Al margen de las\nconvicciones pol\u00edticas privadas del autor, la nueva m\u00fasica debe posicionarse\ncontra el enga\u00f1o de la armon\u00eda proclamada, como respuesta insoslayable a la\nconfrontaci\u00f3n social: \u201cEl aislamiento de la m\u00fasica moderna radical no deriva de\nsu contenido asocial, sino del social, pues, por su pura calidad y tanto m\u00e1s\nvigorosamente cuanto m\u00e1s pura, hace que \u00e9sta aparezca, se\u00f1ala el desorden\nsocial en lugar de volatilizarlo en el enga\u00f1o de una humanidad ya presente\u201d. Sch\u00f6nberg\nno produce ideolog\u00eda, en el sentido marxiano del t\u00e9rmino, no enmascara ni\njustifica la realidad pol\u00edtica, porque su obra refleja la disonancia social,\nmuestra la violencia que emana de la infraestructura, la queja contra la\nexplotaci\u00f3n. Sus obras son las respuestas a las preguntas que le van planteando\nlos tiempos cambiantes y, por ello, hay una evoluci\u00f3n que atraviesa toda su\nm\u00fasica, para no dejar interrogantes abiertos. “Las obras de arte tratan de\nresolver los enigmas que el mundo plantea para enredar a los hombres. El mundo\nes la Esfinge, el artista super Edipo cegado, y las obras de arte se parec\u00eda a\nla savia respuesta de \u00e9ste que arroj\u00f3 a la Esfinge al abismo”. Pero Adorno\ntiene una visi\u00f3n crepuscular de la nueva m\u00fasica. Es alumno de Alban Berg y, a\npesar de que profesa devoci\u00f3n por Sch\u00f6nberg, este no lo corresponde. De hecho,\nSch\u00f6nberg no estar\u00e1 de acuerdo con los comentarios del fil\u00f3sofo sobre su m\u00fasica\ny su figura, que tanto hab\u00edan de influir sobre el personaje que gesta Thomas\nMann en su Doktor Faustus<\/em>. Porque Sch\u00f6nberg abre caminos, se proyecta\nhacia el futuro y se libera del lastre decimon\u00f3nico, de la enfermedad a la que\nlo asocia Mann.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":" Con Philosophie der neuen Musik (1949), el fil\u00f3sofo Theodor Wiesengrund Adorno presenta un texto fascinante y pol\u00e9mico, radical, lleno de rigor y de una lectura dif\u00edcil que requiere la relectura, por la tensi\u00f3n permanente que existe entre las palabras y la m\u00fasica, por la dificultad de expresar claramente la inefabilidad del sonido. 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