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El anuncio llega después de un largo período de inactividad musical debido a la pandemia que canceló los últimos conciertos de la edición anterior que estaba prevista que se alargara hasta el 30 de mayo. La organización vuelve con fuerza y con la confianza de un modelo de conciertos seguro que se modernizó el año pasado. A pesar de mantener la entrada libre de otras ediciones, en esta ocasión se emprende una taquilla inversa. Una medida que, en palabras de De la Rubia, busca “dar valor a los conciertos y ayudar a conservar el órgano” y que llega en un contexto de crisis en el sector precipitada por la pandemia.
El pistoletazo de salida lo dará Lucie Zaková, profesora de órgano checa residente en la Catedral de Cuenca, con un concierto el próximo miércoles 21 de octubre. Será la primera entrega de 8 citas musicales del Ciclo que tendrán lugar cada tercer miércoles de mes hasta el 19 de mayo del próximo año.
En esta ocasión el festival busca mantener su prestigio en el ámbito estatal con una clara apuesta por organistas de la península. Mar Vaqué es una de las artistas destacadas en esta apuesta con el concierto que sucederá el de Zaková el próximo 18 de noviembre. Vaqué, organista tarraconense asentada en Stuttgard, es una figura en auge en su ámbito con un gran crecimiento en su producción artística que llama la atención a multitud de programadores musicales. Intérpretes como Juan María Pedrero (01/20/21), Loreto Fernández Imaz (02/24/21) y Jonatan Carbó (04/21/21) estarán presentes en una programación que cerrará el profesor de órgano de la ESMUC, Oscar Candedo (05/19/21).
“El festival busca mantener su prestigio apostando por organistas de la península”
Siguiendo en la línea de promoción de jóvenes talentos, la catedral ha anunciado la alianza con el Concurso Nacional de Órgano Francisco Salinas de Burgos, el único certamen de este tipo en el Estado y en el que De la Rubia es jurado. La institución se compromete a programar los premiados en la competición a partir de los próximos ciclos en Barcelona para así ayudarles a impulsar sus carreras.
Otra de las novedades es que, por primera vez, el Ciclo colaborará con el Centro Nacional de Difusión Musical, dependiente del Ministerio de Cultura, en la organización del concierto del 17 de marzo del año que viene, con el talento musical de Jean Baptiste Robin, organista de la Capilla Real del Palacio de Versalles. Unos contactos con diversas instituciones musicales que, para el director del Ciclo en la Catedral, son “muy importantes para promover la música, y aún más en estos tiempos”.

El repertorio de este ciclo es muy diverso y, como explica la organización, se ha dado libertad a los intérpretes para escoger el que más les convenga. Aunque la cultura por sí ya es segura, aún lo es más en un espacio diáfano y ventilado como la nave gótica de la catedral de Barcelona. Todos los conciertos, la mayoría de los cuales tendrán lugar a las 20.00, se llevarán a cabo siguiendo las medidas preventivas de la Covid indicadas por las autoridades con circuitos de entrada y salida diferenciados.
Cuando se pregunta cuál es el órgano con más de renombre en Cataluña, junto con el del Palau de la Música y el del Palau Nacional de Montjuïc, el órgano de la Catedral de Barcelona está bien presente. Construido entre 1537 y 1539, el instrumento disfrutó de una reforma profunda en manos del maestro Gabriel Blancafor iniciada en 1985 y que terminó en 1994. Es con ese nuevo impulso del órgano que hace 31 años se inicia el ciclo en la Catedral de Barcelona.
Gracias a su tamaño, sus posibilidades y su ubicación en la galería superior en el portal de Sant Iu, se puede interpretar a su teclado repertorio de diversas épocas y estilos, unas posibilidades que el Ciclo también busca mostrar y explotar.
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Sin embargo, con el paso del tiempo este modelo de gestión semiprofesional suponía un problema importante para garantizar el futuro del proyecto. Con la intención de paliarlo nace la Fundación Òpera a Catalunya, presentada el miércoles en Barcelona junto con la nueva temporada. La FOC aglutina a los Amics de l’Òpera de Sabadell, la Orquestra Simfònica del Vallès, la Fundación Banc Sabadell y la Fundación Fluidra, y mantiene los principios que dieron razón de ser a la aventura sabadellense. En estos momentos difíciles para la cultura, los responsables quieren dar un mensaje de optimismo y hablan de “transición, no de ruptura”.
Efectivamente, no hay ruptura en la programación de la temporada. Los AAOS han basado siempre el grueso de su actividad en la ópera de gran repertorio, y esto es lo que nos proponen ahora: tres títulos que acostumbran a recibir la aprobación generalizada del público, La flauta mágica (Mozart), Tosca (Puccini) y Aida (Verdi). Además, se recupera en versión concierto Macbeth, también de Verdi, que cayó la temporada pasada por la emergencia sanitaria. En cuanto a los nombres propios, muchas voces de la casa como Toni Marsol (completada su transición de barítono cómico a cantante dramático), Maribel Ortega (que pondrá su poderosa voz al servicio de Tosca y Lady Macbeth), Maite Alberola (que debutará Aida) o Carles Daza (que vuelve después de aquel Don Giovanni de excepción como Amonasro), y también nuevos valores como Sara Blanch (Reina de la Noche), Carles Pachón (esperamos que digno heredero de Marsol como Papageno) o Antoni Lliteres (MacDuff). Destacan también solistas por descubrir como Enrique Ferrer (Cavaradossi), Cansino (Scarpia) o Tejera. Además de las funciones de ópera, por primera vez se ofrecen tres conciertos extraordinarios en formato de coproducción de la Fundación Òpera a Catalunya: Josep Bros, Vivica Genaux con Vespres d’Arnadí y un Requiem de Verdi en el Palau de la Música. En la dirección, como siempre, Daniel Gil de Tejada y un nombre nuevo, Sergi Roca.
A pesar de la consigna repetida por diferentes responsables de que la cultura es segura y no se puede parar, desde la Fundación reconocen que las restricciones por motivos sanitarios han condicionado enormemente la gira de esta “temporada atípica”: algunos teatros no pueden adecuarse a los requisitos de distancia o no pueden asumir las limitaciones de aforo. No obstante, el compromiso con la salud de público y artistas está garantizado, aseguran. Así, el coro cantará con mascarilla y también la usarán los músicos que puedan. Además, se han separado los grupos durante los ensayos y se han realizado pruebas PCR semanales a todos los participantes (ahora que el primer estreno está tan cerca, dos veces por semana). El público ha respondido bien: según comentan, se ha renovado un 80% de los abonos.
La Fundación Òpera a Catalunya emprende el camino en una época complicada pero mira hacia el futuro con “ilusión” y esperando que esta temporada que ahora presenta no sufra incidencias. Barcelona Clàssica cubrirá el estreno de La flauta mágica la semana próxima y os tendrá al corriente de todo lo que suceda con este proyecto tan necesario.
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Según Checa, las dos obras que componen el repertorio de estos primeros conciertos son “como una medicina para nuestra sociedad, que a raíz de la pandemia necesita mensajes de esperanza y alegría”. El director titular de la JOSB destaca que la obra de Brahms “propone un viaje interior” y que la obra de Falla tiene “una gran vitalidad y energía”.
Los otros cinco programas sinfónicos están previstos para los meses de noviembre, febrero, marzo, mayo y junio, respectivamente. La JOSB está preparando un repertorio variado: desde la Heroica y la Novena sinfonía, ambas de Beethoven, hasta piezas de Berlioz, Debussy, Reinhold Glière y John Williams. En tres ocasiones de esta temporada, Checa cederá la batuta a los prestigiosos directores Christian Vásquez, Iñigo Pirfano y Tomàs Grau.
Aunque esta sexta temporada estará inevitablemente marcada por la evolución de la pandemia del coronavirus, Checa explica que la JOSB mantiene intactos sus tres objetivos fundacionales: ofrecer una formación artística de alto nivel a unos sesenta músicos jóvenes; programar conciertos gratuitos para todos, para hacer llegar la música clásica a gente que habitualmente no escucha este estilo musical, y destinar todos los beneficios de estos conciertos a programas sociales de asociaciones y organizaciones catalanas. Esta vocación social les ha llevado a trabajar, a lo largo de estos seis años, con entidades como Cáritas, la Fundación Pasqual Maragall, UNICEF, la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Barcelona (AFAB) y la Fundación Mans a les Mans, entre otros.
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Las confluencias entre estas dos figuras, sin embargo, no cesan aquí: a pesar de ser nombres notablemente conocidos dentro de los cánones de la Historia de la música, ambos ocultan un pasado traumático fruto de su primera producción sinfónica. Brahms se sentía eclipsado por su antecesor. El mismo Debussy sentenciaría años más adelante que el género había quedado obsoleto tras Beethoven. «Me parece que la prueba de la futilidad de la sinfonía se estableció desde Beethoven», declaraba en un artículo de la primera década del siglo XX. Y añadía: «Debemos concluir que la sinfonía, a pesar de tantas transformaciones, pertenece al pasado». Similarmente debió sentirse Brahms, que hasta la edad de 43 años no se atrevió a escribir una sinfonía por la sombra omnipresente del fantasma de aquel ya célebre e incuestionable genio de Bonn. Su talento era innegable e inmejorable, y por eso exclamaba, sobre un manuscrito póstumo del primero, que «incluso si no hubiera título al documento, no podría ser otro: Beethoven es siempre y para siempre!»
También Rakhmàninov tenía la impresión de estar rodeado de una aura fantasmagórica, pero en este caso era él mismo el que tomaba las dimensiones no-corpóreas características de estos seres: se consideraba «un fantasma errante en un mundo alienígena», un mundo de autores clásicos rusos donde no encajaban del todo ni sus composiciones y creaciones, ni su visión propia del hecho musical. Su trauma derivaba también de la actio compositiva. O, mejor dicho, del resultado de la primera tentativa. Con sólo 24 años, el joven músico quiso presentar una sinfonía en re menor, que resultó ser un fracaso absoluto. La crítica lo condenó y él se vio incluso forzado a destruir el papel con el que la había escrita. Cuarenta y ocho años más adelante, el director de orquesta Aleksandr Gauk volvería a revalorar la sinfonia en los escenarios, dándole una segunda vida y proyectándola, ahora sí, a un éxito absoluto. No obstante, el conflicto primero provocó una depresión y un bloqueo creativo en Rachmaninov, durante más de tres años.
Brahms y Rajmáninov son los invitados de lujo del concierto del 25 de octubre de 2020 a las 17.30h en el Palau de la Música Catalana.
El tercer elemento en común que mantienen estos dos compositores es meramente circunstancial, pero permite al público catalán hacer reavivar las dos figuras a través del diálogo que mantienen, a pesar de la distancia geográfica que los separaba y la distancia temporal que ahora nos aleja de ellos. De la mano de Iván Martín y la Orquesta Sinfónica Camera Musicae, y bajo la batuta de Tomás Grau, el Palau de la Música Catalana será el escenario donde, el 25 de octubre de 2020 a las 17.30h, tendrá lugar el reencuentro musical entre dos personajes reconocidos pero todavía demasiadas veces en segundo plano. Debido a la crisis sanitaria de la Covid-19, Ivo Pogolerich no podrá ser el solista de cabecera encargado de conducirnos por este viaje en el tiempo y en el espacio, pero el pianista de Las Palmas de Gran Canaria es también un candidato excelente para la interpretación de las dos obras que culminaron el «hacerse un nombre», dentro del panorama musical del siglo XIX, de Rachmaninov, con el Concierto para piano y orquesta núm. 2, op 18, y Brahms, con su Sinfonía núm. 4, op. 98. Dos obras que no sólo permitieron quitarse la capa blanca y fantasmagórica que se les había pegado a la piel, sino que también contribuyen a ensanchar el diálogo artístico con otros autores, obras y momentos históricos, como la Cantata 150 de Johann Sebastian Bach, cantata en la que está inspirado el último movimiento de la sinfonía de Brahms; o bien las canciones popularmente conocidas I Think of You y Full Moon and Empty Arma de Frank Sinatra, que toman fragmentos de la melodía de la obra de Rachmaninov para recrear su viveza y majestuosidad, ahora en un nuevo medio y en un contexto radicalmente diferente.
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La energía que transmite a la comunidad balinesa en adentrarse y someterse a su música es la que lleva a Kebyart Ensemble a apropiarse de esta palabra para bautizar el cuarteto de saxofones nacido en Barcelona en 2014 de la mano de Pedro Méndez (saxo soprano), Víctor Sierra (saxo alto), Robert Seara (saxo tenor) y Daniel Miguel (saxo barítono). Sus fundadores apuntan que es el éxtasis que experimenta esta comunidad, lo que «[ellos], los cuatro saxofonistas, pretenden llevar a su audiencia.» La forma de conseguirlo no se basa solo en una constante y plena dedicación del conjunto sino también en ir por los senderos de la historia de la música, recorrer las raíces de esta disciplina y probar desde la música de cámara —cuna de su formación—, en «el deseo de soplar nuevos aires en la forma de transmitir la música clásica» apostando, por tanto, para la nueva creación, la revisión y reformulación de los clásicos ya consolidados y arreglos propios, construidos sobre esta sólida y poliédrica base de voces, estilos y fuentes primarias.
Es también esta energía del kebyar la que hoy podemos vislumbrar ante la noticia de que esta agrupación ha sido precisamente una de las seis propuestas seleccionadas por la European Concert Hall Organization, para la próxima temporada. La plataforma europea que agrupa diferentes asociaciones, instituciones y salas de concierto de toda Europa con el objetivo de velar, promover y dar voz a artistas emergentes de todo el continente, ha escogido Kebyart Ensemble como «Artistas ECHO Rising Stars 2021/2022 »; un galardón que les permitirá poder debutar en algunas de las salas más célebres del panorama: la Concertgebouw de Amsterdam, la Philarmonie de Paris, la Elbphilarmonie de Hamburgo, entre otras. Además, con una ilusión capital de poder volver de nuevo al Palau de la Música Catalana que, conjuntamente con L’Auditori, han sido los dos escenarios que, al igual que los músicos confiesan, «han realizado una decidida apuesta por nosotros» que finalmente ha tenido fruto en la buena notícia de hoy.
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La velada del próximo martes 13 de octubre, el día exacto en que se cubren 100 años del primer concierto de la OPC, comenzará con la Suite para orquesta núm. 3 en Re Mayor de J. S. Bach. Uno de los géneros más populares en la Alemania del Barroco, Bach compuso cuatro suites orquestales, dos de las cuales —la tercera y la cuarta— en la tonalidad de Re Mayor. La suite que interpretará la OCM tiene su origen hacia el año 1730, de cuando proviene el manuscrito más antiguo de algunas partes de esta obra: Bach compuso las partes para el primer violín y el bajo continuo, mientras que C.P.E. Bach y un alumno de su padre, Johann Ludwig Krebs, se encargaron de escribir las partes para la trompeta, oboe y percusión y para el segundo violín y la viola, respectivamente: la orquestación, por tanto, está formada por tres trompetas , tambores, dos oboes y la sección de cuerda. Ésta, sin embargo, es la única que interpreta el segundo movimiento de la suite, constituido por el Aria, una de las piezas barrocas más famosas: es conocida popularmente como Aria para cuerda a raíz de un arreglo que hizo de ella el violinista August Wilhelmj. La suite —que Bach llamaba obertura— se divide en un total de cinco partes o danzas: obertura, aria, gavota, bourrée y, para terminar, la giga.
Seguidamente, podremos escuchar el Concierto para violonchelo en La menor, Op. 129 de Robert Schumann. Pau Codina es el cellista que interpretará la parte solista de esta obra compuesta precisamente en octubre del año 1850, seis años antes de la muerte del compositor. La elección que hizo Schumann como título —Konzertstück (pieza de concierto) y no Konzert (concierto)— constituyó un avance de la concepción revolucionaria que él mismo había hecho de la pieza. La estructura de la obra en sí ya forma parte de las numerosas innovaciones que contiene: Schumann odiaba los aplausos entre movimientos, una cuestión que aún actualmente no hemos sabido —¿se ha de aplaudir aunque sea a costa de interrumpir la interpretación?— y por lo que el compositor alemán compuso la música sin incluir ninguna pausa entre sus tres movimientos. Estos se caracterizan por lo siguiente: el primer movimiento contiene una larga exposición donde se presentan diferentes temas que surgirán a medida que avanza la pieza; el segundo movimiento, más breve pero con un intensísimo despliegue de lirismo melódico en el tema principal, presenta un diálogo entre el violonchelo solista y el primer violonchelo que algunos estudiosos han interpretado como una conversación entre el compositor y Clara Schumann; y, finalmente, en el tercer movimiento hay una in tempo cadenza con acompañamiento orquestal, algo sin precendentes en el tiempo de Schumann. Este nunca se consideró apto para escribir «un concierto por los virtuosos» y, finalmente, acabó componiendo hace 170 años una obra que, alejada del virtuosismo que caracterizó muchas piezas de su época, nunca fue interpretada en vida del compositor.
La velada se cerrará con la Sinfonía núm. 40 en Sol menor de Mozart. Compuesta en 1788, fue la penúltima sinfonía que escribió el compositor y, para distinguirla de la única que hasta ahora había compuesto en una tonalidad menor —la núm. 25, también en sol menor—, fue considerada como la “mayor” —la anterior, como la “pequeña”. De forma similar al caso de la obra de Schumann, no hay ningún documento que evidencie que la sinfonía se estrenara en vida de Mozart, a pesar de que existe un cartel donde se anuncia un concierto dirigido por Salieri con «una Gran Sinfonía compuesta por Herr Mozart». Mozart revisó la obra hasta dos veces y se conservan los manuscritos de las dos versiones: la primera no incluía clarinetes, que fueron añadidos en la segunda después de que el compositor reescribiera la parte de las flautas y de los oboes. Esta sinfonía, que inspiró obras de Schubert y temas de Beethoven, contiene cuatro movimientos: todos, salvo el tercero, en forma sonata. Las críticas que ha despertado la obra son, en general, muy diversas, pero predomina una incuestionable admiración por ella y es una de las piezas del compositor que se graba con más frecuencia.
La conmemoración del centenario de la Orquesta Pau Casals constituye el segundo concierto que ofrece la OCM esta temporada en el Palau de la Música, siempre respetando todas las restricciones sanitarias para asegurar un espacio cultural seguro. ¡No se lo pierdan!
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La dirección de L’Auditori ha decidido dividir la temporada en tres tramos para ser capaces de adaptarse a las circunstancias. La institución, sin embargo, se aferra al éxito de la bienal de cuartetos este septiembre que ha dado muy buenos resultados. La primera ocasión para disfrutar la propuesta de este año llega los días 2, 3 y 4 de octubre con un concierto que lleva por título La imaginació, uno de los primeros factores imprescindibles a la hora de crear música. La violinista catalana Maria Florea y la violista madrileña Sara Ferrández serán las protagonistas de este arranque como solistas de la Sinfonía Concertante para violín, viola y orquesta en Mi b de Mozart, acompañadas por la OBC. Esta obra, en sustitución de la Sinfonía Turangalila por las grandes dimensiones de la orquesta, es una propuesta virtuosa y muy festiva por tener dos solistas.
“L’Auditori ha decidido dividir la temporada en tres tramos para adaptarse”
Florea y Ferrández, asistentes a la presentación de la temporada, explican que, al ser de las primeras obras en tocar después del confinamiento, la interpretación toma una dimensión energética, propia de los estrenos, a pesar de haberla tocado ya en 8 ocasiones. A pesar de la impulsividad inicial, las artistas ofrecerán una concertante madura y de alto nivel en el listón de ambas jóvenes promesas.
Este primer concierto también incluirá la apertura del ballet Hercule et Omphale del catalán Ferran Sor y la segunda sinfonía de Beethoven. Esta última, con un significado especial para Kazushi Ono, director titular de la OBC, que se encargará de llevar la batuta de este concierto. Beethoven estaba pasando por una etapa muy oscura de su vida: se estaba empezando a quedar sordo y se había alejado en el entorno rural de Viena. Incluso, estuvo a punto de enviar una carta a sus familiares en la que explicaba sus deseos de suicidio. La composición de esta obra le ayudó a afrontar la situación y a salir fortalecido para, un año más tarde, componer la explosiva y célebre sinfonía Heroica.

Esta propuesta se podrá disfrutar también en streaming por abierto a través del Auditori Digital en el último pase, el domingo 4 a las 11 h. El lanzamiento de la plataforma online estaba inicialmente pensada para el año 2021 coincidiendo con la transformación de la web de la institución. La necesidad telemática de la pandemia de la Covid-19 ha precipitado, sin embargo, su puesta en marcha. Esta emisión será de las últimas que se ofrecerán de forma gratuita y, a partir de entonces, se deberá pagar para acceder a los contenidos de la web.
La OBC protagonizará 12 producciones en L’Auditori hasta el mes de diciembre. La siguiente cita con la orquesta será, sin embargo, los días 10 y 11 de octubre con el Concerto Grosso de Jordi Cervelló, compositor que también estuvo presente en la Bienal de Cuartetos de Barcelona y que tuvo una muy buena acogida. La Sinfonía núm. 5 de Carles Baguer y la Serenata núm. 1 de Johannes Brahms también se incluirán en el concierto que, en esta ocasión, estará dirigido por el catalán Edmon Colomer.
“La OBC protagonizará 12 producciones en L’Auditori hasta diciembre”
Otras propuestas destacadas de la temporada pasan por la Noche transfigurada de Arnold Schönberg, el 17 y 18 de octubre, los Tres estudios de Couperin de Thomas Adès, compositor invitado de la temporada, el 24 y 25 de octubre y La canción de la Tierra de Mahler, el 6, 7 y 8 de noviembre.
La presencia de artistas del Estado es más potente que nunca en esta temporada con solistas como los violinistas Vera Martínez Mehner y Abel Tomás, miembros del Cuarteto Casals, que interpretarán Tabula Rasa de Arvo Pärt el 13, 14 y 15 de noviembre . También sonarán las voces del barítono José Antonio López y la pianista Nieves Estarellas. La compositora Nuria Giménez verá sonar por primera vez en el Auditori la recién estrenada Ad limen caeli el 19 y 20 de diciembre y Sofía Martínez ofrecerá el estreno mundial de su obra Homenaje a Ligeti el 27, 28 y 29 de noviembre.
También habrá espacio para el talento internacional y para directoras mujeres como Giedo Šlekytė, Tabita Berglund y Zoi Tsokanou.
Rubert Brufau, director de L’Auditori, explica que están constantemente indagando para encontrar artistas que destaquen en su ámbito. Una investigación en la que se le ha tenido que sumar el factor disponibilidad. La dirección expresa que “es un trabajo no sólo tener que encontrar el repertorio sino solistas que tengan disponibilidad y la posibilidad de comprometerse a la temporada”. Y es que las restricciones de la pandemia están transformando las dinámicas de contratación y programación del sector musical. Los conciertos tienen una duración de unos 75 minutos sin pausa, lo que ha hecho replantear gran parte del repertorio previsto.
Para seguir ofreciendo una oferta variada, se quiere llegar a tocar obras de autores que trabajan para grandes orquestas como Mahler pero en una formación de orquesta reducida a la limitación de un máximo de 50 músicos. Los artistas pueden tocar con mascarilla o sin pero siempre se garantizarán las distancias entre sí.
En cuanto al aforo, la normativa general actual establece que las salas de conciertos pueden vender hasta un 70% de sus localidades o entradas para un máximo de 1.000 espectadores en grandes espacios como L’Auditori o el Palau de la música. Esta cifra se aproxima a un 50% de la capacidad real de la sala de Glòries.
La organización espera que haya una cierta estabilidad a las limitaciones de empleo y que en lugar de reducirse se vayan ampliando. “Es una situación delicada, inestable y en el ámbito económico nos estamos preparando para alternativas muy diversas” revela Brufau. Las circunstancias en Cataluña a nivel de restricciones, sin embargo, son mucho mejores que en otros países europeos como el Reino Unido, Suecia, Bélgica que tienen mucho menos margen de actuación.
A nivel logístico, como muchos otros espacios, no se facilitarán programas de mano o folletos, sino códigos QR que darán acceso a la versión web y no se habilitará el servicio de guardarropa. Para los melómanos más sibaritas, buenas noticias, el bar Llanterna, situado en el edificio, estará abierto antes del concierto.
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La obra en particular que daría a Magrané el premio es Dues peces per a piano, interpretadas y grabadas en el disco “The butterfly effect” por la pianista Noelia Rodiles, que se publicó el pasado 6 de marzo bajo el sello discográfico Eudora Records. Magrané, aspirante al premio, compite contra las obras de los compositores José Serebrier, Ricardo Lorenz, Carlos Fernando López y José Valentino y Eddie Mora y añade su nombre al grupo de artistas catalanes —junto con las cantantes Aitana y Rosalia— que pueden llevarse un trofeo de la Academia.
Magrané es desde hoy en el primer catalán en recibir una nominación en esta categoría
Magrané es desde hoy en el primer catalán en recibir una nominación en esta categoría: Jordi Savall, Josep Carreras y Judit Nedderman han sido las únicas figuras de la clásica que han ganado —o, en el caso de Nedderman, formado parte de un proyecto ganador— el reconocimiento de los Grammy latinos hasta la actualidad. Hasta el próximo 20 de noviembre, durante cuya madrugada se celebrará la ceremonia de entrega de premios de forma virtual, estaremos impacientes por conocer el resultado: hoy por hoy, sólo nos queda esperar, reflexionando que, como el mismo Magrané comentaba hoy en Twitter, «la vida está llena de sorpresas».
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El acercamiento a la música a través de la tecnología es exactamente la vocación de “Symphony”, una innovadora propuesta inmersiva que se presentó ayer en el Cosmo Caixa y en la que han participado más de 250 personas. A fin de ponerlo al alcance de un público lo más amplio posible, se ha planteado como una iniciativa gratuita y móvil que durante 10 años recorrerá diferentes ciudades de España y Portugal. Se prevé que llegue a unos 200.000 visitantes en una muestra del compromiso social que caracteriza los proyectos de la fundación.
El principal artífice de “Symphony” es Igor Cortadellas, responsable de la realización y del guión que ayer se mostraba emocionado por haber culminado un sueño que, según afirma, han completado “porque no sabíamos que era imposible”. Suya es la idea de base de las dos películas que se proyectan. La primera, sin palabras, nos muestra el entorno sonoro que rodea a tres jóvenes músicos becados por la Fundación Gustavo Dudamel y cómo los sonidos de su mundo (el mar, el metro de Nova York, los campesinos cortando caña…) se van estructurando hasta crear música. Los tres se reunirán con sus compañeros y los músicos de la Mahler Chamber Orchestra en el Gran Teatro del Liceo para interpretar a Beethoven y Mahler bajo la batuta de Dudamel durante la segunda parte, una impactante experiencia vivida con auriculares y gafas de realidad virtual que nos permite sentirnos parte de la orquesta, experimentar el sonido desde dentro de un violín e incluso imaginar cómo deben ser los colores del alma humana.
Y es que justamente éste es el mensaje de los creadores de “Symphony”: la tecnología utilizada es puntera y el despliegue de medios es desbordante pero por encima de todo planea el amor por el espíritu humano y la búsqueda de la emoción. El objetivo es conmover a todo aquel que se acerque a la experiencia sin necesidad de ser un experto en música clásica y es por este motivo que Cortadellas ha renunciado explícitamente a los golpes de efecto y a la contundencia propia de otros experimentos de realidad virtual. No se ha querido crear una atracción de feria sino un espacio lleno de delicadeza donde el espectador vaya a “sentir, a conmoverse y a descubrir”, en palabras de Dudamel.
“Symphony”, que permanecerá en Barcelona hasta el 8 de octubre, es una oportunidad para hacer de la música un elemento de unión, para dejar que nos transforme y nos inspire. Gustavo Dudamel, que se declara un optimista irredento, apuesta por el acceso a las artes como método para destruir barreras y establecer puentes entre las personas e insiste en que “la música no pertenece a la élite”. Dejémonos, pues, contagiar por el entusiasmo de estos músicos que acaban bailando el mambo de “West Side Story” de Bernstein y dispongámonos a pasarlo bien sin complejos porque “Symphony” y su contenido es para todos nosotros.
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Esta iniciativa del Cuarteto Casals cocomisariada con L’Auditori de Barcelona y con el patrocinio del Departamento de Cultura y de la Diputación de Barcelona quiere situar a la capital catalana como ciudad de referencia en el género, cogiendo el modelo de París o Amsterdam en colaboración con el Institut Català de les Empreses Culturals, el Institut Ramon Llull y la Atlàntida de Vic. El Cuarteto Casals encabeza esta iniciativa para “devolver a Barcelona todo lo que nos ha dado” con el objetivo de dar a conocer con más profundidad el género al público barcelonés de una forma amena y transversal a través de un repertorio muy variado que abarca desde Haydn al siglo XXI con un formato de concierto compacto y acorde con las exigencias de los nuevos tiempos.
Si algo nos está dejando clara esta pandemia es que la cámara se ha convertido en la reina de las programaciones anti Covid. El su reducido formato le convierte en una la gran opción para los programadores y directores artísticos y, además, tal y como sostiene Bernat Prat, violín del Cuarteto Cosmos, es fundamental en estos tiempos que corren por su “carácter íntimo, y responde a nuestra necesidad de volver a conectar”. En estos momentos, la cámara “es plenamente necesaria por el diálogo tan personal que establece con el público, y es la esencia de cualquier tipo de música”, comenta Elena Rey, violín del Dalia Quartet. Los músicos tienen más ganas que nunca de disfrutar del escenario donde el directo permite “captar el instante”. “Necesitaba salir del mundo virtual y volver a entrar en el directo, que es un alimento para el alma y nos transfigura”, comenta Rey, y apunta la necesidad de compartir conversaciones, tiempo y experiencias con los compañeros artistas.
En estos momentos, el público tiene más ganas que nunca de volver a escuchar conciertos y ahora, también más que nunca, se pone de manifiesto que la cultura es un bien primordial sin el cual, en éstos momentos de crisis, “mucha gente no hubiera podido sobrevivir sin ella porque es necesaria para la supervivencia “, asegura Arnau Tomás. “Es una necesidad que cultiva nuestros espíritus y nos hace más inteligentes”, apunta Yun-Peng Zhao, violín del Quatour Diotima, porque en un mundo tan globalizado, el arte es lo que mantiene vives a las culturas y hace que es muestren en su esplendor por todo el mundo. En los últimos años, en Barcelona se ha creado un público fiel a la cámara a través de las programaciones que se tienen que cultivar y hacer crecer con iniciativas como la de L’Auditori y el Cuarteto Casals, formación pionera en el género que ha labrado un camino fructífero y estimulante a las siguientes generaciones de músicos, y ha cultivado el gusto del público a través de la su residencia en L’Auditori.

El cuarteto de cuerda es la formación paradigmática del género cambrísica, la abanderada de la música absoluta sobre que hablaba Eduard Hanslick en 1845 porque, a diferencia del poema sinfónico y el resto de los abras programáticas, no tiene ningún componente narrativo subyacente. De lo que se trata es de centrarnos en los procesos musicales entre compás y compás y no fijar la atención en un relato sino en la propia abstracción del hecho musical. Si seguimos las palabras de Goethe, el cuarteto de cuerda es un ejemplo paradigmático del hecho que en la Ilustración el dios etéreo y supranatural se desplaza por la Diosa Razón cuando afirma que el cuarteto de cuerda es un “diálogo estimulante entre cuatro personas cuerdas”.
Un arquitecto tan inspirado como Franz Joseph Haydn fue el inventor, el ideólogo y el mayor exponente de un género tan vigente hoy como el cuarteto de cuerda, que nació como una de las máximas expresiones del pensamiento ilustrado en un momento de dialéctica entre el Antiguo Régimen y la nueva era de las libertades de los pueblos en plena Revolución Francesa. L’Auditori propone dos formatos de conciertos, uno a las 12.30h y otro a las 19h. Los conciertos matinales llevan por nombre «Papa Haydn», reforzando la idea de que, con el compositor clásico, el cuarteto de cuerda llegó a una primera esplendor. Haydn, que compuso alrededor de 70 piezas del género, estableció las convenciones formales y los valores estéticos para dotar el cuarteto de un estatus especial en el canon de la música occidental. El compositor austriaco destaca por el volumen de obras y la originalidad de su escritura, que busca texturas transparentes y estructuras claras. Ningún compositor ha llegado tan a la esencia como Haydn que, con una extrema simplicidad, crea obras de una gran complejidad con un lenguaje fresco y directo. Voces tan autorizadas como los Casals señalan que en los cuartetos de Haydn “hay muy poco conflicto emocional y se define muy bien el rol de los cuatro instrumentistas en obras con grandes dosis de sentido del humor y puntos de genialidad”.
En su obra encontramos todos los inventos y todas las fórmulas que los compositores posteriores aplicaron: no exisitirían ni un Beethoven ni un Mozart ni un Brahms sin Haydn. Tal y como nos recuerda Elena Rey, esta es una de las tesis de Cibrán Sierra, violín del Cuarteto Quiroga, que, en su libro El cuarteto de cuerda: laboratorio para una sociedad ilustrada (Alianza Música) disecciona el género y ofrece una reflexión profunda y reveladora que ya es de referencia.

Porque el impacto de Haydn fue tan potente que, cuando el maestro vienés aún estaba componiendo sus cuartetos de madurez -de los que podremos escuchar una muestra relevante en las matinales Papa Haydn de la Bienal de L’Auditori- Mozart ya había escrito una serie de cuartetos que llamó “cuartetos Haydn”. A partir de este momento, todos los compositores que han compuesto para este género a lo largo de la historia se han tenido que enfrentar al peso de la tradición y han bebido de una figura monumental que ha determinado los senderos que ha tomado la su creación. Desde Mozart a Casablancas, el cuarteto es una gran muestra de la capacidad compositiva y artesanal de los compositores donde técnica y expresión van de la mano para no desvirtuar la intimidad intrínseca al género.
La propuesta de L’Auditori es mostrar obras de madurez del artista desde los “Cuartetos rusos” en honor al gran duque Pablo de Rusia, que revelan un exquisito sentido del humor, además de una verdadera excelencia técnica. El Cuarteto Casals interpreta el segundo -con el apodo de “La broma” -, y el quinto, compuesto en 1781, en un contexto de gran apertura cultural en tiempos ilustrados. Por su parte, Marmen Quartet interpretará el cuarteto de cuerda número 36 en Si b, op. 50 n. 1 y el 50 en Si b, op. 64, mientras que Quartour Modigliani nos ofrecerá el cuarteto de cuerda en re m “Quintas”, op. 76 número 2 y el primero del op. 54. Finalmente, el Cuarteto Cosmos nos ofrece el cuarteto de cuerda en Si b “Amanecer”, op. 76 n. 4 y el op. 64 n. 6 en Mi b.
Como apuntaba el Doctor Roch, Cataluña es tierra de cuartetos, formaciones regidas por el talento y el rigor que siguen el camino labrado por los Casals, uno de los cuartetos más valorados a nivel internacional. Las nuevas generaciones siguen el ejemplo de un trabajo y una manera de hacer heredada de una formación que “ha hecho escuela”. “Antes, el cuarto era el “recreo” del conservatorio, mientras que ahora se toma como una asignatura troncal”, comentan, por eso “es muy satisfactorio ver que tienes ascendencia en los jóvenes”. Elena Rey nos recuerda que “los que hemos vivido la crisis de 2008 teníamos cultura de joven orquesta y ellos han demostrado que es posible vivir y tener un camino en el cuarto”. Los Casals nos han enseñado que ser un cuarteto implica toda una “filosofía de vida”, añade la violinista. Zhao augura un gran futuro en este género en Cataluña: “Habrá cada vez más artistas buenos, tanto intérpretes como compositores”. El hecho es que, últimamente, ha crecido el interés en los cuartetos de cuerda por parte del público, pero también entre los músicos profesionales catalanes.
Uno de los puntos clave para el éxito de un cuarteto es enfocarlo como la principal actividad profesional. Rey asegura que en una formación como ésta “comprometes tu vida de una manera holística a tres individuos más con quien tienes un compromiso y, en este sentido, el cuarteto es una gran escuela de valores”, porque hay que hacer un trabajo profundo en nivel humano, trabajar el respeto y aprender a comunicarse, a “navegar por muchos mares”, al tiempo que “tienes que ser un idealista y creer en todas las cosas que ocupan el mundo no material”, apunta Rey. Es una escuela continua tanto musical como personal en el que te enfrentas a nuevos lenguajes. Hay una confianza entre los miembros del cuarteto y la voluntad de trabajar en equipo. “Sin duda, el paradigma del músico profesional ha cambiado en los últimos años”, concluye Rey.

Más allá del talento, la musicalidad y la técnica, el éxito radica en el compromiso, la constancia y el rigor. Un cuarteto de cuerda necesita años para formar una voz propia y, a partir de cuatro individuos, hacer un solo lenguaje que permita profundizar en la partitura. El Cuarteto Cosmos destaca la “inversión de tiempo” que hay que hacer en un cuarteto para “descubrir las obras y trabajar a fondo el repertorio para lograr una interpretación más profunda”. Hay que “cocinar” las obras para que la música se merece este trato atento que permite el cuarteto, donde es clave plantear los retos a largo plazo para conseguir un sonido propio, una manera común de entender la música y construir una identidad. “Para tocar en un cuarteto hay que ser muy honesto y auténtico porque estás tan desnudo que nada te permite fingir”, apunta Prat.
Si hay buena cámara, habrá buen sinfonismo. Todas las formaciones coinciden en considerar que el trabajo tan intenso de un cuarteto influye muy positivamente en el sonido y la calidad de la orquesta sinfónica porque con la cámara “se aprende a escuchar mejor las otras voces ya indagar cómo está escrita la obra”. Además, a nivel técnico, “el cuarteto te mantiene muy en forma con un alto nivel de exigencia”. Porque la visión camerística que aporta el cuarteto es muy positiva para el panorama musical.
Entre el 17 y el 20 de septiembre Barcelona será la capital del cuarteto de cuerda. Aparte de los conciertos matinales donde interpretará a Haydn, el Cuarteto Casals nos ofrecerá versiones a tener en cuenta de Shostakovich y Beethoven, autor que conocen íntimamente. Dalia Quartet nos ofrecerá Josep Soler y Jordi Cervelló, mientras Cosmos Quartet pondrá el foco en Robert Gerhard y Raquel García-Tomás. La pericia de Artemis Quartet nos ofrecerá su propia visión de Pēteris Vasks y Quatour Diotima recuperará un clásico de Béla Bartók y dará voz a Luis Codera. Consulte los detalles de la programación aquí.
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