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Después de constatar con Pere Lluís Biosca que el concierto de la Seu fue especialmente emocionante para los cantantes por ser el primero después de seis meses sin actuar juntos, por el repertorio escogido y por el hecho de estar dedicado al personal sanitario, le preguntamos cómo se enfoca técnicamente el requisito indispensable de Espurnes Barroques (la música debe contextualizarse e integrarse en el espacio dónde se lleva a cabo) en un momento en que los cantantes deben estar separados los unos de los otros por motivos de seguridad. Biosca nos confirma que una obra tan delicada y difícil se complica tanto por la distancia como por el uso esporádico de la mascarilla, que se hace necesario “tirar de imaginación” y que, a pesar de ser un mal menor después de no cantar en medio año, se hace necesario dedicar mucho más tiempo a les pruebas de sonido. Eso sí, el tamaño y la resonancia de la Seu les ayudó y algunos miembros del coro incluso comentaron que se encontraban cómodos. Probablemente, añade, “cantar en un auditorio seco a esta distancia sería difícil”. Xavier Pastrana se suma a la conversación para confirmar que su grupo ha tenido que cambiar el programa del concierto e interpretar a Telemann a la luz de les directrices sanitarias y que para la propuesta actual tener las paredes cerca les resultará positivo. “Tendremos que aceptar que algunas obras no se podrán hacer a partir de ahora, comenta, y quizá nos tendremos que limitar por un tiempo a piezas de muy pequeño formato”. Por poner un ejemplo, Pastrana lamenta que sea imposible presentar en Espurnes Barroques obras como La hoguera de las vanidades con parte escenificada que habían previsto. Quitando hierro al asunto, concluye que “cada sala es un mundo” y que ahora simplemente hay más limitaciones. En palabras suyas, “cada concierto será un experimento”.
A pesar de la profesionalización creciente del sector y de que las cosas se van normalizando, según afirma Pastrana, todavía prima la visión del cantante de coro como un amateur
Quisimos saber también cómo vivieron el confinamiento dos personas acostumbradas a hacer música en grupo. Biosca confiesa que es ahora cuando ha entendido que durante aquel período estuvo en una especie de limbo y se ha reencontrado consigo mismo desde que puede volverse a poner al frente del Francesc Valls. La conversación deriva hacia el reconocimiento y la importancia social de su trabajo. “La cultura es muy frágil”, comenta Biosca, “pero quiero creer que la sociedad la necesita”. Por su parte, Pastrana vería un punto positivo del parón de la música en vivo si sirviese para darnos cuenta de la necesidad que tenemos como comunidad pero es más partidario de dejar la reflexión sobre la cultura para cuando se hayan cubierto las urgencias más básicas. Parece una exageración pero los dos directores coinciden en que el reconocimiento a la gente de su gremio a menudo no va acompañado de una percepción mínima sobre las necesidades de los cantantes. Por lo que parece, no se discuten los costes de las orquestas pero los cachés de los coros acostumbran a percibirse como desproporcionados. A pesar de la profesionalización creciente del sector y de que las cosas se van normalizando, según afirma Pastrana, todavía prima la visión del cantante de coro como un amateur y cuesta entender que su formación y sus prestaciones valen dinero.

El hilo de la conversación —y en especial este último punto— nos lleva de manera natural a interesarnos por la opinión de estos dos destacados directores sobre la escena amateur, de gran tradición en Cataluña, y la convivencia con los coros profesionales. Xavier Pastrana es un ferviente defensor de la profesionalización de los cantantes de coro y, por su parte, la opinión de Pere Lluís Biosca es especialmente relevante por estar al frente del Francesc Valls pero también de uno de los más importantes coros no profesionales del país, el Cor Madrigal. Para el responsable del O Vos Omnes, la existencia de más de 400 coros aficionados en Cataluña no tendría que suponer un problema si no fuera que no hay una mínima formación académica detrás. Los dos coinciden que este movimiento tan enraizado socialmente tendría que servir para hacer cantera y que se debería aprovechar esta dinámica tan potente para garantizar la profesionalización de algunos cantantes, siempre considerando, como apunta Biosca, que “la frontera no es clara” y que los coros de nivel desempeñan un papel importante de cara a la formación de futuros profesionales del canto coral. Dos puntos evidentes: cantar es el primer instrumento y se puede cantar sin educación formal pero, por otro lado, ser un buen cantante no es sinónimo de éxito a la hora de integrarse en un coro. Los coros no profesionales podrían contribuir a salvar este escollo. Pere Lluís Biosca acaba con una nota alegre comentando que la gran diferencia no es el resultado sino el “proceso”, ya que los tiempos de ensayo se dilatan con un coro amateur, pero que él ve su proliferación de manera positiva.
Como la mayoría de nosotros, los dos directores admiten haber salido del confinamiento con algunos aprendizajes y cierto optimismo. Son conscientes que el sector está tocado, que hay muchos artistas pasándolo mal y que será necesario que las instituciones públicas colaboren para tirar adelante su actividad. Tota iniciativa que vaya reactivando las cosas es bienvenida y, de momento, debemos celebrar este Espurnes Barroques y comenzar a caminar. Nosotros podemos hacer nuestra parte como público asistiendo a sus propuestas (podéis consultar la programación de este fin de semana aquí).
]]>La música de Xavier duerme en Manacor pero vive en el mundo.
Xavier Gelabert es un hombre de trato fácil y nada complicado, persona abierta como pocas. Esta actitud vital se refleja en su música, pero atención, no es música ligera, sino con una profundidad que deja poso. Seguramente, esta combinación de carácter mediterráneo y la búsqueda del mensaje justo y esencial es un rasgo característico de muchos grandes creadores de nuestra área geográfica y cultural. Porque Gelabert es consciente de su contexto geográfico y cultural. Un contexto con grandes tradiciones culturales e históricas que son patrimonio de la humanidad pero, al mismo tiempo, él es consciente de vivir en un contexto cercano que no resulta nada fácil ni amable con la creación musical actual. Sabe que la creación es su destino y su medio vital y por eso él no queda a la espera de encargos pomposos, caprichosos y mercantiles para activar la imaginación. Pues Xavier es también un artista y toma su responsabilidad entre sus manos para acompañarla. Como buen isleño sabe que hay que llenar el fardo de sus virtudes musicales y navegar lejos si es necesario. Porque la música de Xavier duerme en Manacor pero vive en el mundo.

Xavier es agradecido a la vida y a lo que su tierra le proporciona, o al menos eso es lo que emana su corporeidad. Sabe extraer lo mejor de su contexto más inmediato, se adapta, labra la tierra musicalmente y lo devuelve con creces a su sociedad con genialidad hecha música. Él ha participado en la creación de proyectos musicales corales diversos y al mismo tiempo ha acompañado intercambios entre creadores de todo impulsando proyectos colectivos dentro y fuera de las instituciones. Escribe música para los suyos; por sus músicos, por sus conciudadanos. Como el panadero que hace el mejor pan posible para alimentar a sus vecinos, Xavier también sabe hacer música de proximidad, siempre atento a las necesidades de su sociedad. Una pieza de órgano hoy, una misa mañana, una obra de orquesta para el próximo mes, una pieza coral para celebración o festejo local, etc… y como quien no quiere, acaba haciendo la revolución con un lenguaje que no hace concesiones pero que tiene el don de amar al otro haciéndole la música asequible pero a la vez sugerente, comprensible y bella. Y esto se llama oficio.
Digámoslo claro, Xavier hace territorio, hace identidad, cultiva la cultura desde abajo, sin discursos partidistas o grandilocuentes. Xavier trabaja. Trabaja para quien quiere escucharlo, tenga el bagaje musical que tenga. En su música siempre hay varias capas de escucha y significación, algún punto de anclaje que no deja atrás a nadie. Es una música que a pesar de contener mensajes contundentes no se impone al auditor. Es una música que acompaña. Y eso ya es una actitud vital.
Seguramente, su bagaje en el mundo del teatro lo dota de una habilidad especial para comunicarse. Su música COMUNICA. Fijémonos en los títulos de las tres obras que contiene el disco: In blood we trust, La inescrutable voz de diosy La violación de Lucrecia. Tres títulos potentes, sugerentes y que nos abren la puerta a una escucha INTENSA.
Este es un disco cultivado con las mejores semillas intelectuales de la música contemporánea centro europea del siglo XX, pero también crece de la música sacra, litúrgica. Música que él ha recogido de una tierra regada con un humanismo militante seguramente deudor de su paso por La Capella de la Seu en Palma. La fe racional en el hombre y la fe en el poder del arte para darnos la alerta cuando sea necesario pero también para embriagarnos de belleza y de profundidad reflexiva. Xavier es una artista necesario.
Este disco es testigo de ello.
Reescuchando el disco no puedo dejar de pensar en la música de algunos grandes compositores que se encuentran incrustados en la cadena genética de Xavier, la música de un compositor próximo como Xavier Carbonell, y la música lejana geográficamente de Luigi Nono, entre otros nombres. Pero por favor, ¡escuchad el disco!
Primero de todo, preparaos un gin-tonic, disponeos de una buena butaca y daos tiempo. Llevaos ante un equipo de sonido con buenos altavoces y subid el volumen a todo trapo. Doy fe que el viaje sonoro será transformador. Este viaje lleva una tripulación conocida y cercana de Xavier, Octoechos Choir. Un coro de poco más de un año de vida conformado por profesionales de la música de diferentes perfiles y dirigido por él mismo que nos regala música del siglo XX y XXI, capaz de defender la Missa Syllabica de Arvo Pärt y las propuestas musicales y sonoras de Gelabert. Pero lo más importante es que el oficio de Xavier sabe cómo puede sonar el coro, lo que le puede dar musicalmente y cómo hacer, como quien no quiere, disfrutar naturalmente la música entre los miembros del coro.
El disco se abre con un obra mixta de prácticamente 25 minutos: In blood we trust para coro y música electrónica. Un obra impactante en el mensaje, en el contenido y en el sonido. Recomiendo escuchar a un volumen considerable para apreciar y dejarse llevar por el sonido y el amplio espectro de la obra. El título hace referencia al lema nacional de Estados Unidos “In God We Trust”, pero en esta propuesta musical el lema es: “En la sangre confiamos”. Metáfora del sacrificio inhumano, de la destrucción, de la guerra y del terror causado e impuesto por las dictaduras y los fascismos globales del siglo XX, ya sean de izquierdas o de derechas. Toda una declaración de principios, pues en esta obra también tienen lugar personajes políticos actuales de dudosa humanidad. Es un toque de alerta del mundo actual. Xavier se apropia de textos, discursos e himnos de fascistas, dictadores y dictaduras para crear una musicalidad perturbadora y directa. La obra se abre con un fragmento del discurso pronunciado por José Antonio Primo de Rivera en el Teatro de la Comedia de Madrid el día 29 de octubre de 1933.
La música electrónica mixta nos rodea, nos captura y nos atrapa. Por momentos, música claustrofóbica, música que resuena dentro nuestro, una voz de la conciencia, una culpa colectiva. Una música electrónica que nos recuerda al uso que hace Luigi Nono, con este sonido grave, intencionadamente extraño, perturbador. Una música electrónica que toma una forma como espectral, que evoluciona sensitivamente en el tiempo. Pero como buen músico que es, Xavier sabe encontrar los puntos formales necesarios para que el auditor no desconecte, respire y reflexione. El material electrónico recorre toda la obra, cercano a la música “noise”, a la electrónica “underground” y la música de masas sonoras para síntesis electrónica. Nos evoca las texturas orquestales del recientemente compositor traspasado Krzysztof Penderecki o la fuerza de la música electrónica del gran Francsico Lopez. Si bien la obra nos impacta y nos toca visceralmente hay que recordar que Xavier trabaja por capas de significación y esto nos lleva a no dejar escapar la parte conceptual de la obra y que nos remite a la búsqueda de un significado explícito. Es precisamente en la sección áurea de la obra que Xavier nos suelta el mensaje, un conjunto de himnos de dictaduras y de fascismos tejen una sección que nos hace pensar inevitablemente en una gran obra del siglo XX, la obra electroacústica Hymnen de Karlheinz Stockhausen.
Xavier conoce perfectamente el poder del sonido que brota de la voz humana y en este disco hace un uso extenso, la voz aparece en el coro pero también aparece en la parte electrónica creando un diálogo rico pero también perturbador y sugerente para comunicar lo que tiene que decirnos. En esta obra, como también hace L. Nono, fragmenta en ocasiones las palabras, el texto y las frases. Las multiplica, mezcla y crea texturas puntillistas que navegan entre la comprensión y la no comprensión del texto. En otras ocasiones deja fluir el texto en frases impactantes sobre el despropósito del mundo inhumano que quieren crear las dictaduras. Cabe destacar el uso de las consonantes exageradas al inicio de la obra, todo un trabajo magistral de amplificación sonora del sonido granular producido por la fragmentación del texto. La voz aparece como la voz o las voces de todos los perseguidos, en ocasiones es la voz de la imposibilidad de decir o describir el horror. ¿Sería esta la única música posible después de la extensión del ser humano? Una partitura despojada de música que nos recuerda a las partituras del joven compositor ruso Dmitri Kourliandski pero pasadas por el tamiz de un creador mediterráneo. Una música donde el músicos se encuentran abocados al vacío de una música imposible donde el músico parece aparentemente perder la voz. Tan es así que Xavier, en un determinado momento de la obra, propone al coro tocar la armónica fusionándose con la parte electrónica, su voz se disuelve en un gesto sonoro dramático y queda absorbida por lo absoluto.
Xavier gestiona magistralmente la forma y la expresión en esta obra que parte de unos materiales mínimos pero combinados de forma justa. Las voces del coro aparecen en diversos planos y formas: texturas puntillistas, frases en primer plano y frases en segundo plano produciendo una sensación de mensaje directo y mensajes subliminales. Un uso de la microfonía y la voz al servicio de la expresión y una mixtura con la parte electrónica perfecta creando un solo todo. Octoechos Choir muestra una paleta sonora rica con un control de técnicas de producción sonora basada en sonidos granulares, susurrados, ya la vez un dicción clara, nítida, y tranquila.
No en vano en esta obra Xavier nos muestra diversos planos sonoros con respecto al uso de la voz y el recitado. Los dictadores, llaman, imponen sonoramente sus discursos de forma histriónica, en cambio, el coro nos sugiere, nos habla al oído advirtiéndonos del mundo que construimos y que quizás una vez más estamos reproduciendo. Xavier una vez más con el texto explícito pero también con la música y el sonido hace pasado de nuevo el mensaje.
La segunda obra que propone el disco es La inescrutable voz de dios una obra sacra de escena para coro y música electrónica de casi 25 minutos. Una obra que sonoramente tiene algo cercano con la electrónica de la primera obra del disco: In blood we trust. Profundidad, sonidos reverberantes, espacios amplios y reflexivos de donde emanan líneas electrónicas, bandas de frecuencia que enriquecen el espectro sonoro y evolucionan en el tiempo produciendo sensaciones controladas y meticulosamente compuestas.
Para esta obra propongo escucharla también a un volumen considerable; pero en esta ocasión el cuerpo me pide estar de pie, derecho. Proyectar la obra en un gran espacio de luz tenue y con sonoridad reverberante para enfatizar el sonido de las voces que nos transmiten el mensaje sagrado de lo cotidiano. Xavier utiliza el latín para hacer pasar el mensaje. No hace falta saber latín, porque, ciertamente no podemos escapar de su sonoridad comunicadora. Un sonido que asociamos directamente a algo que nos lleva un mensaje que quiere ser escuchado. Nos suena a confesión, a revelación. Es así que utilizando el latín y su sonoridad del auditor queda atrapado en una escucha atenta y pausada.
Para esta ocasión, Xavier ha utiliza más de 40 proverbios sobre la vida cotidiana de Ramon Llull. Mensaje sobre el saber estar, la bondad, el buen hacer. La obra es la transmisión del mensaje de dios, su sonoridad que resuena en el interior de Ramon Llull, pues él es el único que es capaz de escuchar directamente estos mensajes. Xavier me cuenta que esta obra finalmente es un reflexión sobre el rol del transmisor, del maestro capaz de revelar en el alumno lo que le se inescrutable a simple vista.
La obra comienza con un sonido dramático, una voz profunda que resuena en nuestro interior. Un espacio interior se abre, las voces emanan del interior de la música electrónica, sonidos de respiraciones, sonidos primarios, sonidos vocales percusivos, y poco a poco, los textos se nos revelan, se nos transmiten. Se hacen voz. Xavier sabe con maestría guiar y alimentar la escucha en su justa medida, sin artificios, siempre con un ritmo pausado, más impuesto. Las partes cantadas de forma austera pero eficaz nos recuerdan a cantos monódicos, cercanos al campo gregoriano. Líneas de luz que emanan del interior.
Los ingredientes químicos de esta formula alquímica ya se han expuesto durante los primeros cinco minutos de la obra, a partir de aquí es el oficio de compositor quien trabaja para desarrollar una forma orgánica. La obra va renovando la escucha con la perfecta combinación de los ingredientes ya expuestos, no se trata de yuxtaposición de elementos, se trata de combinaciones que trabajan con la memoria y la creación de espacios electrónicos resonantes.
Finalmente cierra el disco, a modo de tríptico, la obra “La violación de Lucrecia”. Un monodrama para “Cantatrice” y música electrónica. Una obra impactante, sobre todo por la fuerza expresiva y sensual de la voz dramática de Cristina Brunet, que con los matices y los recursos vocales que Xavier le compone, Cristina nos transmite con dramatismo y encanto el sufrimiento y la angustia que expresa el libreto. El texto que nos propone Xavier Gelabert es una revisión personal del célebre poema de Shakespeare, “La violación de Lucrecia”. Un poema que también puso música Benjamin Britten basado en un libreto de Ronald Duncan.
Esta obra se estructura en una intercalación de recitados y de arias que guían y acompañan el dolor que acaba resintiendo el auditor ante esta obra sonora. Si bien la primera obra de este disco sugería de escucharla a un volumen sonoro considerable ante los altavoces, en esta ocasión, sugiero una escucha con auriculares de buena calidad. Buscar la intimidad, el repliegue y la proximidad con la voz de Cristina Brunet y sentir los matices y los giros matéricos de la expresión vocal llena de sensualidad y dolor.
La obra se inicia con una frase electrónica que nos transporta precisamente a la ralentización del tiempo, con la electrónica inicial Xavier detiene el tiempo para hacernos concentrar sobre el primero de los recitados que introduce la obra: “Sangre… Semen… Flujos vaginales… “. Un texto directo cargado de dolor y magníficamente interpretado por Cristina; su dolor nos atraviesa el pecho. La electrónica se mantiene en dos planos sonoros. Una pulsación profunda constante y periódica da ritmo y profundidad psicológica al recitado; el breve fragmento electrónico inicial deviene el tomento de Lucrecia.
Tres recitados, 4 arias y un final se construyen a base de sonidos vocales frotados, granulares, temblorosos, combinados con sonidos vocales percusivos que resuenan en la cabeza de Lucrecia y del auditor. Un espacio psicológico. Aquí cabe destacar el tratamiento electrónico de la voz, un tratamiento cuidadoso que en ocasiones suena a filtrado, como surgiendo de un transistor que retransmite el monodrama, como si Lucrecia nos recitase y cantara desde otra dimensión psicológica. El contraste aparece con las partes cantadas en forma de tresillos en glissando a las arias 2 y 4, como si se tratara de una voz que logra liberarse de la opresión y el dolor. El aria 2 es impactante, un canto hipnótico basado en una sola nota iterativa. Un punto fijado en el tiempo y espacio, inmóvil, como si Lucrecia no osara moverse sabiendo su destino fatal. Una vez más Gelabert maneja la forma y guía la audición intercalando matices, recursos vocales y textuales de forma dramática que nos cautiva y nos atraviesa.
La violación de Lucrecia es la excusa de Xavier para comunicarnos el dolor de las injusticias, de la ausencia de libertad y finalmente un canto de liberación de los oprimidos. Un canto a la libertad individual y colectiva, un canto a la democracia y la libre expresión.
Con esta obra cierra este disco imprescindible. Este es un disco-tríptico donde Xavier Gelabert nos hace pasar el mensaje: Atención a los totalitarismos; seamos transmisores de valores esenciales y necesario; luchamos por la Libertad.
Octoechos Choir es el instrumento perfecto, la VOZ que nos hace pasar el mensaje de una manera rica, sugerente, sensual y contundente.
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La propuesta prometía, no en vano el coro Francesc Valls, titular de la catedral de Barcelona, es uno de los mejores del país y difícilmente se podrá encontrar un grupo más especializado en polifonía renacentista que el dirigido por Pere Lluís Biosca. El grueso del concierto fue ocupado por el Officium defunctorum, compuesto en 1603 por Tomás Luis de Victoria en ocasión de la muerte de la emperatriz María de Austria, y con el que se quiso recordar a los fallecidos por COVID y homenajear al personal sanitario. Por otro lado, el director del Francesc Valls mantiene un vínculo muy estrecho con la obra de Arvo Pärt y quiso enmarcar la misa de difuntos con una pieza impactante, el etéreo Da Pace Domine que el estonio compuso por encargo de Jordi Savall como tributo a las víctimas del atentado de Madrid de 2004. Así pues, se estableció un diálogo muy acertado entre la austeridad de la misa de difuntos -una referencia al estoicismo y la resignación con los que nos vemos obligados a vivir los efectos a todos los niveles de la pandemia- y la esperanza representada por la prodigiosa partitura de Pärt, de resonancias llenas de serenidad y propicias para la meditación. En cierta manera la elección del repertorio parecía representar un encuentro entre lo terrenal y lo divino, el dolor por la partida de los seres queridos y el consuelo de poder reencontrarnos en el más allá.
Como hemos comentado, el Francesc Valls es un coro experto en polifonía y no es muy nutrido. Así, sus miembros están acostumbrados a afrontar piezas complejas con multiplicidad de voces que a menudo deben defender con el apoyo de pocos compañeros por cuerda. Solamente con esta experiencia a sus espaldas se entiende que pudieran superar con solvencia el gran hándicap de los tiempos que corren: los cantantes se ven obligados a situarse a gran distancia los unos de los otros y actuar prácticamente de solistas. El empaste de las voces en estas circunstancias es complicadísimo y el coro tuvo que pagar un cierto peaje, especialmente en unas cuerdas graves con tendencia a calar en algunos pasajes. Sin embargo, cabe aplaudir la valentía y la confianza de Biosca en su equipo, a quien dejó prácticamente desnudo ante el público disponiéndolo a lado y lado de la nave central de uno en uno durante la complejísima interpretación de Pärt, una pieza que requiere un enfoque próximo a la filigrana para llegar a expresar la ligereza, las sutiles texturas sonoras y la espiritualidad de la partitura. Por otro lado, la acústica de la Seu perjudicó gravemente la aportación del archilaúd de Josep Maria Martí, bastante delicado pero prácticamente inaudible en buena parte del concierto.
En cuanto a la interpretación, se optó por una afinación baja que acentuó el tono solemne y ceremonioso de la misa de difuntos, lo que probablemente resulte el enfoque más correcto para esta ocasión pero que no permitió brillar como es debido a las excelentes sopranos del Francesc Valls. La dirección de Biosca fue matizada y delicada, con un sonido compacto, envolvente y, en definitiva, reconfortante como apuntaba Josep Barcons. Debemos destacar que el coro contaba con cuatro estudiantes del Conservatorio del Liceu, a quien seguro debió impactar encontrarse en medio de un grupo tan bien trabado como el Francesc Valls en unas circunstancias tan particulares.
Sería muy interesante escuchar este repertorio en una sala más favorable acústicamente hablando y con una disposición del coro que permitiese a sus miembros sentirse más acompañados. Es posible que se optara por una lectura de dinámicas más variadas y quizá más arriesgadas que remediase la ligera monotonía que sufrió el Réquiem de De Victoria. El Francesc Valls tiene claramente los recursos para hacerlo y quizá se decantaron por una visión más conservadora para adecuarla a las dimensiones de la Seu de Manresa y a la evidente emoción que reinaba en el ambiente por el hecho de poder reencontrarnos, algunos por primera vez después de momentos muy duros.
Este más que recomendable concierto se repetirá el sábado 19 en la iglesia del Pi de Barcelona, una ocasión perfecta para comprobar una vez más que la música puede ayudarnos y mucho en estos momentos de incertidumbre. Como reza el lema del festival, hay contactos que curan y el alma también necesita su medicina.
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Es la primera vez que un coro profesional graba las composiciones de quien fue una figura crucial para la Escolanía y para el escenario musical catalán en general de principios del siglo XX
Es la primera vez que un coro profesional graba las composiciones de quien fue una figura crucial para la Escolanía y para el escenario musical catalán en general de principios del siglo XX: el Padre Anselm no sólo contribuyó a ampliar la cultura musical los alumnos, sino que, además, fue el principal impulsor de la adaptación del repertorio a las directrices de Pío X —que reformó la liturgia para facilitar su celebración— e influyó en gran medida en el movimiento litúrgico catalán. La producción del Padre Anselm no es muy extensa —se conservan 28 obras en total, de las cuales tan sólo el Concierto para violín es netamente profana—, pero supone una voz única dentro del corpus musical del territorio: la mayoría de sus obras fueron concebidas entre 1930 y 1950, dos décadas marcadas por el fin de la Segunda República Española y los estallidos de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, y se caracterizan por un estilo que se mueve entre el romanticismo más cercano al época del compositor y el estilo polifónico de los renacentistas. Así pues, el primer disco del Coro Cererols supone, además, un paso importante en la recuperación del patrimonio coral catalán.
CUM SILENTIO contiene un total de siete obras, cuatro de las cuales del compositor catalán: se trata de la O Sacrum convivium, dos Lamentaciones y el Ave Maria. El resto de piezas responden a las autorías de Tomás Luis de Victoria y Vicente Goicoechea, ambos compositores muy admirados por el Padre Anselm Ferrer, que los dirigía menudo —Tomás Luis de Victoria fue uno de los compositores renacentistas que el director de la escolanía introdujo en su repertorio, junto con la obra de Johannes Bill, Ignaz Mitterer y Rheinberger, entre otros. De hecho, el Miserere de Goicoechea incluido en el disco —una obra capital de la música coral de la península del siglo XX— también es la primera vez que es grabado por un coro profesional.

Como no podía ser de otra manera, el disco fue grabado en la Abadía de Montserrat con la colaboración del organista Joan Seguí, ganador del premio El Primer Palau 2018, durante el mes de enero. El Coro Cererols, que toma el nombre de Joan Cererols —compositor del barroco catalán y uno de los padres de la Escolanía de Montserrat—, se reafirma en su voluntad y pasión para recuperar, interpretar y divulgar la música coral que va desde el siglo XV hasta nuestros días y debutará en el Auditori dentro del ciclo Luces de Antigua el próximo 21 de mayo de 2021.
En conjunto, CUM SILENTIO supone el primer éxito de un proyecto que nace gracias a la amistad a través de la música: aunque el coro cuenta con colaboradores habituales según las necesidades del repertorio, los seis miembros fundadores coincidieron en la Escolanía de Montserrat, y fue el deseo de continuar haciendo música juntos lo que les impulsó a crear, hace dos veranos, el Coro Cererols, que ya ha actuado en el Festival Internacional de Órgano de Montserrat 2019, el Ciclo de Órgano de Barberà del Vallés, en el Concierto de Semana Santa del Real Monasterio de Pedralbes y en la celebración de actos litúrgicos en Montserrat.
El disco, publicado por Discos de l’Abadia de Montserrat (DAM), puede adquirirse a través de la tienda online del mismo sello discográfico en el siguience enlace. También está disponible en Spotify.

Con la voluntad de garantizar la seguridad completa del público, el Palau ha desplegado un protocolo que va más allá de los requerimientos generales de las autoridades sanitarias. Además del mantenimiento de las distancias de seguridad entre los asistentes, la reducción del aforo a un tercio del total y la obligatoriedad de usar la mascarilla, el Palau ha optado por desinfectar periódicamente los espacios comunes, controlar la temperatura de los visitantes mediante cámaras termográficas y seguir un sistema estudiado de acceso y de salida del recinto. Ha comprado máquinas de desinfección de ozono, contadores de personas, alfombras higiénicas —para desinfectar los zapatos—, y pantallas de seguridad, entre otros instrumentos. También ha aprovechado la situación para renovar los aparatos climatizadores de aire acondicionado.
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Mucho antes que los monarcas aragoneses, los griegos, fenicios, cartagineses, romanos y musulmanes ya habían desembarcado en las costas baleares, todos con propósitos diferentes. Aunque el contacto con estas culturas fue en cierto modo superficial, todos dejaron, en mayor o menor medida, su propia huella. Se dice que por las estrechas y tortuosas calles de las ciudades se podían escuchar las oraciones de los muecines como primera manifestación musical en las islas, aunque los salmos que tanto judíos como cristianos cantaban conjuntamente de camino a la liturgia, tal y como describe el epístola enviada por el obispo Severo en el siglo V, sitúan esta tradición musical muy anterior a la ocupación musulmana. De carácter profundo y espiritual, en los primeros tiempos del Islam la música era considerada una rama de la filosofía y de las matemáticas; de ahí que los primeros compositores, en realidad, fueron filósofos. Fue precisamente el misticismo islámico de estilos musicales como el malhun o la música sufí el causante de que la música alcanzara la respetabilidad como medio para alcanzar el estado emocional de éxtasis que precede la inspiración humana.
Esta faceta culta de la música se perpetuó con la llegada de los conquistadores de la Corona de Aragón bajo las órdenes de Jaume I, en el caso de Mallorca e Ibiza, y de Alfonso III en Menorca, la cual quedó bajo un régimen de vasallaje debido al desgaste que supuso la cruenta conquista de Mallorca. Contemporáneo a este último, Ramon Llull expuso sus ideas sobre Ars Magna, Árbol de Sciencia y Rethorica que, entre otras muchas aportaciones, lo colocaron como uno de los grandes teóricos medievales. De su contacto con los musulmanes del Norte de África coincide la relevancia al considerar el poder expresivo de la música que más tarde heredó la Escuela Luliana, una corriente que llegó, a través del compositor alemán Salzinger, fundamentar los principios estéticos precursores de los que más tarde influyeron directamente en la reforma wagneriana a través de Schopenhauer.

La música no tardó en arraigar en un territorio que, a pesar de su insularidad, ha servido de nexo entre las diferentes culturas del Mediterráneo. Y es que las Baleares, en cierto modo, son una pequeña sinopsis de todo lo que hemos visto durante este viaje que ahora llega a su fin. El Reino de Mallorca floreció culturalmente bajo la Corona de Aragón y posteriormente bajo el gobierno de los Habsburgo, que mantuvieron sus instituciones políticas y culturales. Mallorca llevaba la voz cantante, con formaciones musicales como la Capella de la Seu o la Escolania dels Blavets de Lluc, siendo esta última una de las entidades musicales más antiguas de la isla y del estado español que aún se mantiene hoy en día. Constituida con el prior Gabriel Vaquer, su valor artístico no se puede valorar por su trayectoria concertando, ya que el reglamento, desde su fundación, establece como razón de ser de la Escolania el culto a la Virgen, mañana y tarde, en nombre de toda Mallorca. Por otra parte, la Real Capella del palacio de la Almudaina rivalizó con la Capella de la Seu a partir de 1730 con grandes maestros como Joan Rossell, antes director de la Seu de Tarragona. Tras una serie de interrupciones de su actividad, ésta se reanudó en las celebraciones de conciertos de carácter más espiritual, de entre los que destaca la Sibila, inaugurada en 1933 bajo la presencia de Manuel de Falla. Este canto, interpretado en todas las iglesias la noche del 24 de diciembre, sólo se mantiene en esta isla y se ha establecido como una parte fundamental en la identidad cultural mallorquina.
El canto coral balear, sin embargo, no termina aquí. Sólo en Mallorca la lista de formaciones corales es ya bastante larga, una tradición que, a parte de las entidades mencionadas anteriormente, se vertebra sobre los notables coros que surgieron de algunos de los convents de Ciutat y que permitieron, durante el siglo XIX, la interpretación de obras como el Réquiem de Mozart (1823) o La creación de Haydn (1829). La Nova Capella de la Catedral (1905), Schola Cantorum des Seminari (1909), el Orfeón Mahonés (1900) o la Capella Davídica de Ciutadella son ejemplos más de una trayectoria larga que se suma a las nuevas y numerosas formaciones que ponen música nuestros días. Las últimas estructuran el tejido coral de Menorca, también con una larga historia detrás que se vio entroncada en numerosas ocasiones por los constantes saqueos otomanos. La presencia de la música en la liturgia se tradujo en la formación de grupos corales, no sólo en la iglesia parroquial de cada población, sino también a las comunidades regulares de religiosos de cada convento.
Por otra parte, junto a Cataluña y el País Vasco, Baleares ha acogido una importante tradición organística. El instrumento más antiguo del que se tiene constancia es el de la Almudaina (1313), además de otros notables ejemplares como el de Santa María de Mahón o el de Santanyí y el de la Catedral de Ibiza, desgraciadamente destruido por la revolución de 1936. Y es que tal y como pasó en otros territorios peninsulares, la Guerra Civil dejó muy dañado el patrimonio cultural y religioso de las islas, como es el caso del Convento de Sant Agustí de Ciutadella, también con un órgano de considerables dimensiones y de incalculable valor, el cual se pudo restaurar el año 2006 y que cada verano pone música al claustro del patio del Seminari. El órgano de la Catedral de Ciutadella, también de Josep Casas y Soler, corrió la misma suerte. Aún así, a impecables organistas como Rafel Bru, Joan Mayans Marí o Joan Gaspar, se suman organeros como Gaspar Roig, Pau Estrada o Jordi Bosch de Verí, además de iniciativas como los Festivales Internacionales de Música de Órgano de Santa Maria de Maó que han atraído la atención fuera del archipiélago. Baleares es una tierra de órganos, instrumentos históricos de un valor que, a pesar de ser poco conocidos, constituyen un verdadero tesoro.
Siguiendo con la música instrumental, es difícil encontrar un pueblo sin su propia rondalla, orquestina o banda. Un normalmente se podía topar no sólo con una pequeña formación, sino con dos o más, dependiendo del contexto político del momento; las banda “liberal” y “el absolutista” de muchos pueblos seguro protagonizaron algún que otro incidente que pasó a la memoria colectiva como una anécdota bastante curiosa. Sin ir más lejos, en Llucmajor se podían encontrar la Banda de la Forca (partido liberal), la Banda d’Es Centre (partido Centro, maurista), Banda Socialista (partido socialista) y Banda d’En Coto (partido conservador). No es casualidad que el panorama musical tanto de las ciudades y de los pueblos baleares gire en torno a estas formaciones, muchas veces encargadas de poner música a las festividades locales. El ejemplo más claro es el papel de las bandas en las fiestas populares de Menorca, la intervención de las cuales se hace siempre muy esperada. Ejemplos como la Banda Sinfónica Ciudad de Ibiza, la Banda Municipal de Música de Palma o incluso la joven Banda de Música de Formentera son una muestra más de las raíces de este tipo de formación, siempre presente y de carácter más local.
De orquestas tampoco faltan, aunque su tradición está menos arraigada que en otros territorios como Cataluña. Actualmente, la Orquestra Simfònica de les Illes Baleares lleva el liderazgo de una historia que se inició en los años 40 y que ha supuesto que las formaciones orquestales del archipiélago se encuentren, en cierto modo, en minoría en cuanto a otros tipos de formaciones musicales. Desde Menorca la siguen la Orquestra de Cambra Illa de Menorca, nacida en el seno de Joventuts Musicals de Maó el verano de 1998 en un proyecto que, ahora independiente, aglutina la mayoría de músicos de la isla. La Jove Orquestra de les Illes Balears, la Orquestra de Cambra de Mallorca y la Orquestra Simfònica Ciutat d’Eivissa – dependiente del Patronato de Música de la isla – son también otras agrupaciones importantes que articulan el panorama musical balear, aunque también forman parte de éste las numerosas formaciones de cámara como tríos o cuartetos, además del papel relevante de entidades como Joventuts Musicals.

Es innegable que las islas hierven de vida cuando llega el verano, muchas veces por la cantidad exagerada de visitantes que se aproximan a las costas para visitar playas y calas. De ahí que la mayoría de actividades musicales se organicen bajo la fresca húmeda de las noches de julio y agosto, como las que acoge el castillo de Bellver de Mallorca con el festival internacional Serenates d’Estiu Illes Balears, o de otros como el Festival de Música de Deià, Pedra Viva, el Festival de Pollença o el Festival Internacional de Jazz. Si bien es cierto que las connotaciones de este sector turístico tan potente últimamente no son muy favorables, la cultura – y la música por extensión – deberían jugar un papel más importante. Baleares no deberían quedar reducidas a la belleza de sus costas, que ya de por sí deberían recibir más atención a fin de protegerlas, sino que el patrimonio cultural de cada isla se ve en peligro por muchos factores, no sólo internacionales. La música clásica de estos territorios ha bebido de influencias tan únicas como diversas, no dejemos que la universalidad histórica de este pequeño enclave del Mediterráneo caiga en el olvido.
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La Covid es un fenómeno mundial y el mundo coral no se queda atrás a la hora de protegerse. Ahora, que se reanudarán los ensayos, difunde sus medidas de higiene y prevención para que todos las sigamos.
Ante todo, hay que preparar el local de ensayos y por ello se propone nombrar a una persona responsable de hacer el control sanitario del grupo. Los espacios y todas sus superficies se desinfectarán, se ventilará y habrá proveerse de gel hidroalcohólico, pañuelos o toallas de papel de un solo uso, y termómetro de láser. Marque el espacio que corresponderá a cada cantante durante el ensayo y ponga una alfombra desinfectante a la entrada. También puede utilizar calcetines de papel o de plástico.
Sobre el acceso al local, hay que tener en cuenta que es necesaria la mascarilla y hacer un control de temperatura a los cantantes. En la entrada y en la salida se recomienda desinfectar las manos con gel hidroalcohólico o agua y jabón. Además, es recomendable hacer un listado de las personas asistentes al ensayo, donde hay que mantener una distancia de seguridad de 1,5 metros entre cantantes y 2 metros entre filas mientras se está de pie para poder respirar mejor y facilitar la limpieza del local. Hay que evitar compartir partituras, material o instrumentos. Las sesiones de ensayo serán de un máximo de 30 minutos, dejando 15 minutos de descanso entre ellas, mientras se puede aprovechar para ventilar el espacio. Además, se debería evitar el uso de los aseos y zonas de descanso.
Finalmente se recuerda que la asistencia al ensayo es voluntaria y bajo la responsabilidad del cantante, que debe evitar el contacto físico y no asistir si tiene cualquier síntoma, o ha estado en contacto con un positivo. La pandemia remite, pero no se detiene, y hay que estar preparados para protegernos.
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Mariona Carulla, presidenta del Palau, comentaba que el retorno a la actividad es esencial para la casa, su propia razón de ser, y que contribuirá al renacimiento del sector cultural catalán, no sólo por la reanudación del movimiento, sino también porque el ciclo contará con músicos, obras y compositores catalanes como uno de los pilares fundamentales. “Se trata de un planteamiento diferente pero, a la vez, una oportunidad para dar a conocer estos artistas”, aseguraba Oller, que anunciaba también obras de estreno de autores como Joan Magranell, Jesús Rueda, Carlos Marigó, entrelazadas en un programa que también incluirá obras de patrimonio catalán de Granados, Cassadó o Montsalvatge, entre otros. No faltarán tampoco los grandes nombres de la música clásica como Bach, Beethoven o, especialmente, Schubert; Ian Bostridge – en debut en el Palau – e Igor Levit, uno de los pianistas más aclamados del momento, llevarán el frío gélido de El viaje de invierno del compositor austriaco en pleno verano en una de las citas más prometedoras de la temporada.
Albert Guinovart será el encargado de marcar el iniciodell nuevo ciclo de verano que contará con un total de 22 conciertos, con formaciones muy diversas. En un programa que conjuga el pianismo romántico de Chopin y el de Granados, Guinovart interpretará los Valses poéticos, obra del compositor romántico catalán que acompañará en el mismo recital con su homenaje particular que escribió inspirado en éste. Además, Guinovart estrenará sus 5 Novel·letes, una obra compuesta durante el confinamiento en un programa que él mismo califica de optimista y que podrá alegrar a mucha gente.

Otro concierto que se espera con ilusión es el que se celebrará con motivo del décimo aniversario del Cuarteto Gerhard, que se ha mantenido a pesar de la crisis sanitaria. Con obras del mismo Robert Gerhard y también de Schubert, la formación catalana celebrará una década de exitosa trayectoria internacional. Además, el concierto de la Orquesta del Gran Teatro del Liceo vendrá seguido de otros grandes nombres de artistas catalanes con una aclamada trayectoria internacional, como Núria Rial y Xavier Sabata, junto con Vísperas de Arnadí, y Marco Mezquida, quien conjugará el jazz de vanguardia, la música contemporánea con la música popular, los sonidos folclóricos y las melodías pop.
Meravellós Mahler ofrecerá también una selección de fragmentos musicales arreglados por Pedro Pardo que harán vibrar la sala grande del Palau con las notas de Mahler en estado puro, pero también con las notas de un Mahler con aires de salsa y algún fragmento acompañado de ukelele , siempre desde un profundo respeto a la obra original. Artistas como Dani Espasa y Lina Tur (clave y violín), Goldmumund Quartett, Ramon Charco y Marc Piqué (violonchelo y piano), Schaghajegh Nosrati (piano), entre otros, llenarán la sala grande del Palau con su interpretación de clásicos que desde Haëndel hasta Falla, pasando por Schumann, Mendelssohn, Haydn o Cage.

Por otra parte, Oller insistió con firmeza que la actividad se podrá llevar a cabo con todas las garantías de seguridad dictadas desde las instituciones sanitarias. Además, en cuanto a cuestiones no normativas como medidores no intrusivos de temperatura o alfombras para desinfectar, así como purificadores de aire, constituyen un paso más para transmitir – y garantizar – la percepción del Palau como un espacio seguro. Los conciertos serán de una sola parte y más cortos, con la entrada y salida ordenada y por silla fija, además de un aforo limitado. Estas medidas se trasladarán también, salvando las distancias, a las visitas del Palau. Y es que además de su función como sala de conciertos es uno de los ejemplos más importantes del patrimonio cultural catalán que es visitado por miles de personas cada año.
El Darío Fernández, director de públicos de la institución, subrayaba las cifras récord del año pasado que llevaban a pensar que este verano sería aún más y mejor. Por lo menos, la pandemia ha obligado al departamento a reconfigurar el formato de visitas que, a pesar de mantener su esencia, se dirigirán a un público local. De esta manera, se mantendrá la visita libre – que constará de una nueva audioguía descargable en el dispositivo móvil con explicaciones, imágenes y música para seguir con detalle la historia del Palau – así como la visita guiada y la visita en vivo – esta última combinada con un recital de órgano o de piano. Por otra parte, y de la mano de la ilustradora Gala Puente, el Palau de la Música invita a observar ya reimaginar su rica iconografía en una visita-taller de dibujo, además de otras posibilidades para visitar el Palau en familia y de forma accesible para personas con diversidad funcionales, que dispondrán de una guía en exclusiva.
El Palau de la Música se presenta, una vez más, capaz de adaptarse a todas las necesidades que la situación actual conlleva. A pesar de ser un ciclo ambicioso, la música de la tierra resonará por las paredes y cristales del Palau de forma constante para hacer renacer un sector con perspectivas poco prometedoras, pero que no carece de esperanza.
]]>A través del género musical de la misa de réquiem, muchos compositores de diversas épocas han osado hablar del final de la vida, canalizar el dolor del duelo y escarbar en la incertidumbre de la muerte. Mozart, Verdi, Brahms, Berlioz, Schumann, Fauré y otros han intentado encontrar respuestas existenciales a partir de la composición musical del réquiem, que parte del texto sacro pensado para la celebración de la misa de los difuntos.

El réquiem es la expresión de una búsqueda individual y profunda. Como dice el director de la Coral Universitat de les Illes Balears, Joan Company: “El réquiem será una música impregnada de un fuerte sentimiento subjetivo, y el elemento emocional y simbolista perseguirá una sincera expresión dramática”. A continuación, Company añade una cita de Shumann, que decía que “un réquiem es algo que uno compone para sí mismo”. Ahora bien, la fuerza de los grandes compositores radica, precisamente, en su capacidad para plasmar musicalmente algunas de las grandes cuestiones universales.
Por eso, en medio de la crisis del coronavirus, encontramos acertado recuperar un réquiem especialmente brillante, que nace del “deseo de describir el final de la vida como un punto firme desde donde verla en retrospectiva y medir su significado”, según comenta el periodista musical Albert Torrens. Estamos hablando del Réquiem de Antonín Dvořák, estrenado en 1891 en el Festival Musical Trienal de Birmingham. Se trata de una obra de grandes dimensiones; dura más de una hora y media e implica un despliegue considerable, porque está compuesta para orquesta, coro y cantantes solistas.

El Réquiem de Dvořák es majestuoso y monumental. Al mismo tiempo, destaca por su carácter íntimo y reflexivo. Dvořák lo compuso en base al texto de la misa de los difuntos, pero nunca lo concibió como una obra interpretable en ceremonias litúrgicas. Diferentes salas de conciertos la han acogido a lo largo de los siglos XX y XXI, aunque, debido a sus grandes dimensiones, es una obra relativamente poco interpretada en público. La Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC), por ejemplo, no la tocó hasta el 2018. Bajo la dirección de Kazushi Ono, la OBC la interpretaría para cerrar la temporada 2017-2018.
Aunque, en algunos pasajes, Dvořák busca una cierta ligereza, el color dominante de la obra es oscuro y pesado. El Réquiem se estructura en dos partes. La primera parte, en tono de si bemol menor, dura alrededor de una hora. Comienza con un ‘Requiem aeternam’ que, desde el principio, crea un ambiente de oscuridad. Las cuatro notas iniciales del ‘Requiem aeternam’ son un motivo que se repite en diferentes momentos de la obra. Después de un ‘Graduale’ que deja intuir un poco de luz, llega un ‘Dies irae’ explosivo, lleno de fuerza. Esta primera parte se cierra con un consolador ‘Lacrimosa’, en el que se pide el descanso eterno de los muertos.

La segunda parte, en tono de fa mayor, es un poco más corta que la anterior. Justamente en el centro de esta segunda parte, encontramos el ‘Sanctus’, que es un momento clave de la misa de los difuntos para que supone una exaltación convencida de la santidad de Dios. El Réquiem culmina con un ‘Agnus Dei’ que acaba desembocando en la tonalidad principal de si bemol, en este caso mayor. Como en el ‘Lacrimosa’, en este último número se ruega para el descanso de los muertos. Ahora, sin embargo, se trata de una oración definitiva, que cierra el proceso de investigación existencial que se despliega a lo largo de toda la obra.
Dvořák compuso su obra en base al texto de la misa de los difuntos, pero nunca la concibió como una obra interpretable en ceremonias litúrgicas.
El Réquiem de Dvořák oscila entre la luz y la oscuridad, entre la vida y la muerte, entre la serenidad y la exaltación, entre la rabia y la conformidad. Sin duda, se trata de una experiencia espiritual que nos ayuda a descubrir profundidades del alma y que nos puede servir para dar respuesta a muchas de las inquietudes que suscita una pandemia mundial.
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La temporada 2020-2021 inicia un proceso de génesis articulado en forma de trilogía diseñada a partir de un relato artístico que, por primera vez, une todas las programaciones de la casa. El primer tramo de este viaje se centra en la ‘Creación’, abordada desde la creación divina de las religiones monoteístas o la idea de la creación artística, fruto de la necesidad humana. Obras como La creación de Haydn o In Seven Days, de Thomas Adès – uno de los compositores invitados que nos llevará también esta nueva temporada -, se podrán escuchar en este nuevo camino que emprende L’Auditori y que continuará con la temporada 2021-2022 bajo “Amor y odio” y la temporada 2022-2023, que culminará la serie con “Muerte o retorno”. La segunda compositora invitada será Cassandra Miller, artista canadiense que huye deliberadamente la idea de creación de la nada, basando su producción en una constante de proyecciones sonoras de ecos y sombras, fragmentos y referencias de obras que diluye hasta hacerlas imperceptibles, aportando una nueva perspectiva a un concepto muy amplio.
Además del fichaje de la compositora, L’Auditori apuesta por el talento femenino en el ámbito de la dirección, invitando ocho directoras al frente de la OBC: Marta Gardolińska, Zoi Tsokanou, Giedo Šlekytė, Ruth Reinhardt, Anja Bihlamaier, Elim Chan , Shiyeon Sung y Lawrence Equilbey. Tal y como comenta Robert Brufau, director de L’Auditori, la presencia equitativa en el sector musical es todavía un reto complicado de asumir, especialmente en cuanto a los ámbitos de la dirección y la composición, donde las mujeres todavía no representan el 30 % del mercado. L’Auditori se erige, así, como un espacio para dar voz y protagonismo al talento, que no entiende en cuestiones de género, además de dar paso a la creación desde todas las dimensiones, como con la apuesta por la promoción de bienes culturales actuales.
Desde Jordi Cervelló, Raquel García-Tomás y Nuria Giménez Comas, entre otros, la temporada estará llena de estrenos de obras tanto de autores de trayectoria consolidada como de encargos más específicos. Y es que la apuesta por el patrimonio musical catalán es otro rasgo distintivo de esta nueva temporada que se inaugura con la conmemoración del cincuenta aniversario de la muerte de Robert Gerhard, uno de los compositores más destacados del siglo XX. La obra del compositor no faltará dentro de una prometedora programación, pero tampoco será el único, ya que se sumarán un total de 58 obras de patrimonio musical catalán. Además, la OBC esparcirá por el territorio las músicas interpretadas por la Orquesta Pau Casals, también de celebración este año por su centenario.
La apuesta por el patrimonio musical catalán es otro rasgo distintivo de esta nueva temporada.
Más allá de celebraciones y conmemoraciones, la temporada se estrenará – si así lo permiten las circunstancias – de la mejor manera posible. L’Auditori acogerá la primera Bienal Internacional de Cuartetos de Barcelona, un encuentro de cuatro días con algunas de las formaciones más destacadas de la actualidad, y que vendrá acompañada de conciertos, clases magistrales y charlas. El Cuarteto Casals encabezará el proyecto en una reivindicación de Joseph Haydn como uno de los pilares fundamentales del género, aunque compositores como Josep Cervelló, Luis Codera Puzo o Octavi Rumbau, entre otros, estarán también presentes con estrenos absolutos o revisiones conscientes de obras pasadas.
Como todo lo que empieza acaba, la temporada cerrará con el nacimiento del festival Mozart Nits d’Estiu, otro nuevo proyecto que alargará un poco más la actividad hasta julio de 2021. De la mano de la OBC, el festival iniciará un recorrido desde los maestros catalanes de la sinfonía como Baguer o Sor hasta Haydn, para explorar la obra del compositor de Salzburgo. Acompañada de solistas tan brillantes como Veronika Eberle, Andreas Ottensamer o Albert Cano Smit, la OBC se pondrá bajo las batutas expertas de la interpretación con criterios históricos de directores como Laurence Equilbey, Andrea Marcon o Jonathan Cohen.

Para acabar de redondear una temporada llena de novedades, L’Auditori anunció también el nacimiento del Cor de L’Auditori, una formación profesional que dirigirá Xavier Pastrana y que participará en cuatro conciertos de la temporada, una muy buena noticia que, según Brufau, demuestra la madurez de un sector que hace muy buen trabajo. El mundo coral lleva muchos años trabajando en una dirección que ha dado muy buenos resultados, incluso también en escuelas de música y coros amateurs, que han eclosionado en una educación que garantiza que la formación esté completa al cien por cien por cantantes de casa.
Por lo menos, todos estos proyectos se enmarcarán, además, dentro de una serie de compromisos y retos que L’Auditori asume como institución siempre mirando de cara al futuro. En primer lugar, se compromete con la sostenibilidad reduciendo a la mitad la generación de papel en los programas de mano, además de hacer una apuesta clara por la digitalización con el nuevo espacio virtual ‘L’Auditori Digital’. Esta última medida, se ha visto inevitablemente acelerada debido a la crisis sanitaria actual, que ha cerrado salas y cancelado conciertos hasta nuevo aviso. La situación es aún incierta, por lo que toda una programación tan detallada depende de la evolución de la Covid-19 de cara a septiembre. Y es precisamente en septiembre el momento que ha establecido la dirección de L’Auditori para confirmar todas las reservas de abonos que se quieran hacer para asistir a los conciertos programados, cuando se prevé que se puedan resolver las condiciones para abrir siguiendo esta ‘nueva normalidad ‘. L’Auditori ha preparado una programación alternativa con más de 40 producciones en streaming si las restricciones sanitarias son desfavorables para poder llevar a cabo la temporada prevista, una iniciativa que se reforzará con la mencionada y creciente digitalización de la institución.
Accediendo a la nueva plataforma – auditoridigital.cat -, L’Auditori mantendrá la idea del ritual de concierto, ofreciendo estrenos en directo y con una reformulación de las tarifas que se ajustarán a todas las necesidades y todas las circunstancias posibles. Tal y como comenta Brufau, la Covid-19 ha reinventado los proyectos digitales que ya estaban en marcha, y que ya se han convertido en la principal vía en caso de que las restricciones no disminuyan. Esta digitalización se apoyará también con la creación de un nuevo sello discográfico propio para la institución, que s’aliniarà en las necesidades de la temporada para registrar encargos y conciertos en estreno que se hayan programado. Así, toda la actividad se retransmitirá paralelamente diciembre L’Auditori Digital a partir de su plataforma de streaming.
Otro reto que se propone desde la dirección de L’Auditori es el de llevar más público joven a sus salas. A partir de un tema tan amplio como lo es la ‘Creación’, los proyectos artísticos se hacen más atractivos para las nuevas generaciones que permiten continuar con proyectos que han resultado ser un éxito, como la Tarifa Plana -25, que ya ha atraído a más de 340 jóvenes este año, con una media de 5 conciertos asistidos por persona. La nueva Tarifa Plana -35 dará también acceso a los menores de 35 años, todo nutriendo un público que se hace cada vez más indispensable.
L’Auditori asume una gran cantidad de retos. De este modo, y sin renunciar a nada, se pretende reafirmar la personalidad de la institución, para trazar un camino directo hacia el futuro no tan lejano de sus salas, que ya forman parte, tras 20 años de trabajo, de la imaginario colectivo de Barcelona. L’Auditori se quiere erigir como un reflejo de la diversidad musical del siglo XXI, con una nueva personalidad artística, pero siempre propia. Joven, digital y equitativa, la nueva temporada promete evocar los valores contemporáneos en una institución que avanza con la mirada puesta en el futuro.
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