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L’Auditori arranca temporada con la Bienal de cuartetos de cuerda cocomisariada con el Cuarteto Casals
La Bienal de cuartetos de cuerda ha sido la apuesta de L’Auditori para poner en marcha la temporada y, a pesar de los cambios de programación e invitados desde que se anunció hasta el día de hoy, el espíritu se ha mantenido intacto desde que se presentó antes del verano: reivindicación del cuarteto de cuerda y la cámara como una apuesta 100% actual, reconocimiento de la labor del Cuarteto Casals como padrinos de las generaciones que suben, nueva creación y talento kilómetro 0. A grandes rasgos, estas líneas maestras se desplegaron a lo largo de cuatro días, entre el 17 y el 20 de septiembre, con cuartetos de gran prestigio nacional e internacional como Cosmos, Marmen, Diotima, Artemis, Dalia y Modigliani de la mano del Cuarteto Casals, e interpretaron a Raquel García-Tomás, Luis Codera Puzo, Josep Soler y Jordi Cervelló, entre clásicos del veinte como Robert Gerhard, Béla Bartók o Claude Debussy. Los cuartetos Artemis y Jack participaron en la Bienal virtualmente con un estreno mundial de Héctor Parra y un estreno nacional de Pēteris Vasks y el resto de conciertos se pueden seguir y, más tarde recuperar, en el Auditori Digital, una nueva herramienta que facilita el acceso a la música clásica ofertada por la institución.

La línea de programación planteada por L’Auditori y el Cuarteto Casals, cocomisario de la propuesta, defiende de forma seria la nueva creación en Cataluña a través de los conciertos vespertinos. En este sentido, cuando Jonathan Brown, viola del Cuarteto Casals, plantea que el reto al que deben enfrentarse los compositores contemporáneos es «diseñar un nuevo concepto de conversación», reparafraseando a Goethe, hay que añadir: un nuevo concepto que dé respuesta a los tiempos en los que vivimos. Defender el talento local y las experiencias íntimas tanto a nivel de creadores como intérpretes es una de las respuestas clave a la gran pregunta formulada en los últimos 75 años sobre cómo podemos adaptar la conversación a una nueva época en la que los valores de la Ilustración ya no son vigentes, y las sociedades líquidas post-guerras mundiales hacen impensable poder transmitir nada significativo a través de un lenguaje como el de Mozart y Haydn. Ahora, los creadores se enfrentan a otra problemática: cómo reflejar la fragmentación social, la destrucción medioambiental, un nuevo modelo de convivencia y la dependencia a las nuevas tecnologías en un contexto donde claman las aspiraciones de libertad individual y colectiva. Todo, en un mundo que aspira a ser feminista y sostenible y tiene la necesidad de reconectarse de forma íntima y sensual.
Por tanto, más allá de encontrar el espacio de libertad óptimo para crear en el marco de una tradición fundamentada en “el giro copernicano que propuso la lustración” para acabar “cristalizado de manera icónica, convirtiéndose en faros estéticos de la modernidad”, comenta Cibrán Sierra en el magnífico libro editado por L’Auditori sobre la Bienal, hay que repensar si hoy en día tiene sentido mantener las estructuras tradicionales de los géneros clásicos como respuesta a este nuevo “giro copernicano” que se nos ha impuesto como un volcán que arrasa de forma inexorable y sin vacilaciones. Quizás hay que mantener el espíritu dominante del logos -la diosa Razón- que radica en los orígenes del género del cuarteto de cuerda para continuar reivindicando -aunque ahora, a causa de todas las carencias- unas sociedades democráticas en un mundo sin exclusiones ni privilegios.
Cuestiones filosóficas al margen, tal y como apunta Yun-Peng Zhao, violín del Quatour Diotima, cuando afirma que “se debe hacer revivir un género que tiene ya su tradición para reflejar los nuevos tiempos con un compositor que dialogue con el pasado a través de una gama muy amplia de posibilidades y expresiones”, la bienal pone de manifiesto que el cuarteto es la prueba del nueve de los compositores. En esta línea, Bernat Prat, violín del Cuarteto Cosmos, comenta que “a pesar de disponer de 16 cuerdas, el creador está muy limitado a nivel tímbrico, aparte de que el peso de la tradición abruma, pero hace sacar lo mejor de ellos mismos con la certeza de que los cuartetos que lo toquen lo trabajarán en profundidad”. Porque, por un lado, se requiere oficio, máxima creatividad y sentido crítico para liderar y, por otro, compromiso, constancia y equilibrio de egos porque, tal y como afirma Stefano Russomanno, “el cuarteto de cuerda es más que una individualidad y menos que una multitud “. Pero l’art pour l’art no tiene sentido hoy en día y por eso se pide un público preparado y receptivo para que los creadores tengan “tanta fe como Haydn de la inteligencia del público, lo que es posiblemente la forma más grande de respecto de un artista hacia su audiencia”, tal y como apunta lúcidamente Russomanno.
Luis Codera Puzo es también uno de los protagonistas de la nueva creación en la Bienal. Tras una fase dedicada principalmente a obras largas de concierto con formaciones particularmente originales, Codera experimenta con el cuarteto de cuerda, “una de las pocas formaciones tradicionales que ahora mismo tenía sentido en mi momento creativo”. El compositor remarca que, a la hora de componer, es muy importante elegir bien la instrumentación. En su cuarteto podemos encontrar sutiles referencias a lo que ha escuchado, pero también a lo que programa en OUT · SIDE, su ciclo de contemporánea, así como la influencia de su trabajo con sintetizadores.
El Quatour Diotima interpretó su Code is poetry, un ejemplo que no sólo hay que actualizar los géneros, sino la concepción que tenemos de ellos -también a nivel musicológico. El cuarteto de cuerda ya va más allá de la dialéctica romántica entre música pura y programática e introduce referencias metamusicals. Yun-Peng Zhao, violín del cuarteto, considera que la gran tarea de los compositores actuales es hacer renacer con autenticidad un género que tiene tanta tradición y encontrar la manera de reflejar los nuevos tiempos a través del diálogo multifocal entre épocas y entre intérpretes y público, una visión “multi angular” en la que los Diotima están acostumbrados porque la nueva creación es la zona de confort de la formación francesa, que toma su nombre de la obra de Luigi Nono sobre Hölderlin. Desde una “introspección extrema”, en palabras de Hèctor Parra, su objetivo es mantener viva la contemporánea, desde un post clasicismo arraigado en Beethoven hasta nuestros días. Aparte de Codera, Diotima interpretó el cuarteto de cuerda núm. 1 en la menor (1909) de Béla Bartók, con un estudio sobre el contrapunto y la presencia de la música folclórica húngara.
Por su parte, el repertorio que ofrece Dalia Quartet incluye el estreno mundial de una “misa de difuntos”, el cuarteto de cuerda núm. 8 sobre un tema de Cristóbal de Morales, de Josep Soler, obra dedicada a Mossèn Llorens, Josep Maria Llorens y Cisteró, e inspirada en una línea melódica que remite al motete a cinco voces Circumdederunt me de Morales. Además, han interpretado el Quartet Remembrances de Jordi Cervelló, donde el compositor enfatiza su compromiso con la tradición con lirismo y energía en una obra donde su estructura se desvanece progresivamente. La violinista Elena Rey valora el hecho de construir la partitura desde cero junto al compositor porque se aprende la manera más directa de ir más allá de la partitura y entenderla como un gran gesto artístico, y captar expresiones que a veces son difíciles de escribir. Cuando se trata de recuperar compositores del pasado, “hay que hacer arqueología y valorar la experiencia a base de lecturas”.
El Cuarteto Cosmos ha puesto su grano de arena en el año Robert Gerhard y ha interpretado el cuarteto de cuerda núm. 2 (1962), una obra americana de Gerhard que se basa en una secuencia serial de un dodecatonismo muy afín a Anton Webern, aunque el compositor catalán la impregna de su sello propio. Probablemente, la flagrante ausencia en nuestras programaciones de música tan esencial como la de la Segunda Escuela de Viena y su santísima trinidad arrastra la inercia al olvido de Gerhard, que no se puede inscribir en un discurso significativo y coherente y se convierte en una propuesta aislada en medio de los programas artísticos actuales en Barcelona.
Interpretaciones como las de Cosmos nos permiten disfrutar al pensamiento artístico de Gerhard y ayudan a generar más literatura en un contexto de falta absoluta de bibliografía sobre un personaje que debe ser más reivindicado. Los Cosmos hicieron una lectura intensa y significativa de una obra compleja a nivel emocional y técnico, con tempos contrastados y riqueza de texturas. Bernat Prat destaca la numerosa cantidad de técnicas que utiliza Gerhard para buscar timbres en una obra muy intelectual que contrasta con la visceralidad de Raquel García-Tomás.
Inicialmente, la compositora catalana escribió un trío de cuerda, que convirtió en cuarteto para Cosmos. La obra, que lleva por título […] così mostraste a lei i vivi ardori miei […] (2015-18), se basa en un madrigal a cinco voces de Monteverdi, un referente imprescindible para Raquel García-Tomás. La obra, por tanto, ha ido evolucionando a nivel compositivo, pero, sobre todo, ha crecido a través de las interpretaciones del cuarteto catalán desde que lo estrenó en 2018.
A pesar de ser un reto para cualquier compositor, García-Tomás tiene una especial sensibilidad y afinidad tímbrica que hacen que se sienta cómoda a la hora de escribir para instrumentos de cuerda, lo que la autora atribuye a su formación pianística. Los Cosmos hablan de una obra “instrumentalmente muy idiomática y de gran riqueza tímbrica”. Más allá de Monteverdi, encontramos tanto referentes lejanos que se plasman con mucha libertad como afinidad a contemporáneos suyos como Joan Magrané en una obra altamente exigente a nivel técnico. La compositora tiñe la obra de un tono fresco y en cierto sentido lúdico, con un punto irreverente y de manifiesta plasticidad, muy estética visualmente por su gestualidad orgánica.
García-Tomás aplaude la iniciativa de L’Auditori con la Bienal porque “demuestra que, en cuartetos de cuerda, también se puede hacer kilómetro 0”, especialmente con el Cuarteto Casals y la huella que está dejando a nuevas generaciones, que suben con una preparación excelente. Revirtiendo la tendencia generalizada de búsqueda del talento de fuera, la Bienal es muy inteligente en mostrar la constelación que se empieza a construir para potenciar el talento local y, al mismo tiempo, contribuir al repertorio y más en estos momentos de replanteamientos estratégicos y adaptación a una situación tan volátil como la que vivimos que clama urgentemente la revalorización de los artistas de casa.
Jack y Artemis, lujo en streaming
El Auditorio se adapta a los cambios en nuestros hábitos de aproximación a la cultura y por ello impulsa el Auditori Digital, una herramienta que nos permite disfrutar en directo y a la carta de contenidos musicales de alta calidad como el ofrecido por Jack Quartet, que estreno el último cuarteto de Héctor Parra o Artemis Quartett, con el estreno nacional de Pēteris Vasks.
Parra considera que Jack Quartet despierta “una energía muy americana, positiva, con un ataque matérico con mucho cuerpo pero, al mismo tiempo, de una delicadeza extrema y un cierto sonido preciosista muy operístico y orquestal de gran atractivo y modernidad”. Al escribir su último cuarteto, el compositor confiesa sentir “el peso de todo el repertorio” en un género sumamente exigente que se convierte “en el cobijo de la creación más íntima de tantos compositores”. El cuarteto es un crisol o un “laboratorio donde se forja la materia prima de grandes formatos”, un universo – o “multiverso”- que incluye todo el lenguaje de la tradición. Tiene un carácter eminentemente polifónico donde se pone de manifiesto la tradición coral a cuatro voces. El gran reto del compositor es despertar el interés y el gozo en el intérprete para que defienda esta música como si fuera suya propia. Si el músico establece un diálogo sincero con el creador la obra toma vida de forma orgánica e intensa e inicia conversación íntima que nos permite lograr una comunión general hacia un recogimiento tan necesario hoy.
El último cuarteto de Parra está inspirado en el episodio IV de Orgia de Pier Paolo Pasolini, una acusación del hombre a una sociedad que limita las libertades individuales especialmente de las minorías nacionales como Gerhard, un catalán en el exilio que, por lo tanto, es parte de una minoría nacional. Aparte de Pasolini, Parra pone la mirada en los últimos descubrimientos compositivos de Gerhard, como Un convertino di angeli control e pareti del mio cranio, un cuarteto pasoliniano que se convierte en un canto a la tragedia en el ser humano post fascista, un grito desesperado de una persona que está en el exilio pero ama su tierra, por eso hay presente una revisitación de la canción tradicional catalana. El cotiló, que aparece en forma capicúa, explora las dualidades pasolinianes de pasado y presente, muerte y sexo y sociedad ancestral versus vida moderna a través de un lenguaje de textura polifónica y rugosa, carnosa y llena de sustancia granítica donde las cuerdas están al límite de una forma muy humana, trágica y con un lirismo sensual y arrebatador. La obra es un estallido contrapuntístico que se despliega con intensidad hasta puntos de saturación sonora para poner de manifiesto la vulnerabilidad humana y la necesidad de ampliar los límites de nuestra percepción. El discurso se despliega de forma precisa y con elocuencia a través de un despliegue de técnicas extendidas que, al mismo tiempo, dan una sonoridad muy clásica en la obra, un ejemplo que sólo podemos avanzar a través de una visión crítica del pasado y con la mirada hacia delante. Un convertino di angeli control e pareti del mio cranio es una obra necesaria que emana trascendencia.
Por su parte, Artemis Quartett es uno de los cuartetos contemporáneos con más trayectoria desde 1989 cuando se creó en Lübeck tomando el nombre de la divinidad griega y que destaca por unas visiones muy personales de Beethoven. Ahora se han enfrentado al estreno del último cuarteto del compositor letón Pēteris Vasks, que reivindica la dimensión espiritual perdida en nuestra sociedad cuando pone de manifiesto que “los hombres hoy no tienen creencias, ni amor ni ideales” y reflexiona sobre la problemática interacción entre la especie humana y el resto de la naturaleza a través de obras que revisitan de la música popular letona. Últimamente, el compositor se ha centrado en las obras para cuerda para pulir un lenguaje elegante y sobrio de una belleza serena e inspirada, totalmente actual y, al mismo tiempo, arraigada a la tradición. Un sonido que llega sin vacilaciones a lo más íntimo pero que no nos hace concesiones y exige nuestro bagaje, al tiempo que nos responde con un torrente generoso de creatividad. Su emoción intensa es reconfortante, con una calidez que nos invita a la reflexión a través de un lirismo exquisito y mágico que la convierten en una gran respuesta a nuestras necesidades espirituales como sociedad que quiere volver a crear vínculos.
Con esta propuesta L’Auditori demuestra ser una de las grandes instituciones que, como parte de su función pública y de educación sobre el hecho musical, tiene claro que la presencia de una temporada de contemporánea debe ser parte de su manera de pensar. Más allá de ciclos como el de Sampler Series, proyecto ya consolidado, su discurso rompedor y de apoyo a la nueva creación se visibiliza ahora con un arranque de temporada estimulante con la Bienal de cuartetos de cuerda, que evidencia que el género está vivo y prueba de que nunca ha dejado de interesar a los compositores modernos, desde los escándalos que inauguraron la atonalidad schönberguiana en la primera década del veinte en Viena hasta Benet Casablancas, pasando por la experiencia del sonido libre en Four, de John Cage, el serialismo de Nono, Boulez y Stockhousen -no toca en los tiempos que corren, pero sería emocionante tener presupuesto para un Helikopter-Streichquartett– y Steve Reich, tal y como recuerda Jonathan Brown en su intenso artículo del libreto de la bienal que os animamos vivamente a recuperar aquí.
