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Cinco piezas para una jornada musical en pareja – Barcelona Classica
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Cinco piezas para una jornada musical en pareja

13-04-2020

Muchos de nosotros pasamos la cuarentena junto a nuestros familiares más próximos. Madres, hijos, abuelos o nuestras parejas. El encuentro con nuestros compañeros en el día a día a menudo puede ser frugal, al tempo de horarios que no siempre concilian con nuestra vida personal. En clave de confinamiento, la vida compartida se acentúa y por eso os proponemos cinco piezas por una jornada musical en pareja.

Para empezar el día… ‘Melodia’ de Orfeu ed Euridice de Gluck
Encerrados, el día a día es monótono y se mide bajo a la luz del tiempo en la acepción más meteorológica. La Primavera nos ha sorprendido en casa con la inquietante sensación que el confinamiento eclosiona como algo demasiado familiar. Muchos días, al levantar los ojos, solo vemos rayos frotando cuerdas de nubes grises, tristes y sensibles como la ‘Melodía’ de Orfeo ed Euridice de Gluck. Esta versión al violín contiene una pena en apariencia permanente. Su historia describe la muerte de Eurídice, un destino que, a diferencia de nuestro confinamiento, es irreversible. Nuestra ninfa, imposibilitada de libertad de movimientos, no está paso condenada. Cuando abrimos los ojos, los amantes de la música podemos mirar nuestros amantes desplazándonos solo en el comedor y no en el Hades.

La ‘Melodía’ es una adaptación del tema de la ópera que encarna la reforma gluckniana, una empresa conjunta del compositor, el llibretista Calzabigi y el coreógrafo Angiolini. Esta fue el intento de renovar la ópera sería italiana, que había sido recubierta de un dramatismo y ornamento excesivo y que, a su parecer, necesitaba volver a poner el foco sobre la poesía y la declamación. La podemos escuchar en la fuerza de la ‘Melodía’, que aunque puede entintar estas mañanas grises, en su delicadeza y fuerza encontramos la belleza del apoyo y la confianza mutua que hoy necesitamos.

A primera hora de la tarde, con el cafè… Preludi núm. 1 de Villa-Lobos
Heitor Villa-Lobos tocaba varios instrumentos como el violonchelo, el clarinete o la guitarra. Los estudió durante su etapa de formación -poco escolástica-, un periodo importantísimo por todo músico. Seguro que el compositor brasileño comprendía una de las primeras lecciones del estudio de la música, la escucha activa del sonido. Estos días podemos animarnos a afinar aquella guitarra callada que se apoya entre pared y ventana. Estas aperturas al exterior se han convertido en una ágora donde diferentes músicos han aprovechado para compartir un poco de su sonido. El concierto pero, puede ser también ventanas adentro, un regalo musical y privado a nuestras parejas.
 
Para disfrutar del Preludio n.º 1 de Villa-Lobos pero, solo nos hay que posar en práctica esta primera parte del aprendizaje musical. El brasileño escribió los seis preludios cuando ya había vuelto de París, después de su etapa de formación, de carácter bohemio, en diferentes regiones de la América latina. Estas piezas no quedan empequeñecidas ante otras obras de la misma pluma como los choros; son, en cambio, pequeñas delícias por los guitarristas. La escucha -en directo o no- de esta pieza de ritmo vibrante sobre cuerdas cálidas baña todos los rincones de una tarde íntimamente compartida.
Después de cenar… Vals de los patinadores, op. 183 de Waldteufel

Émile Waldteufel nos lleva sobre la pista… de hielo. El Vals de los patinadores quiere capturar la atmósfera gélida de los que se deslizaban, alguna mañana de invierno de 1882, año de su composición, sobre las orillas parisinas del Sena helado. El autor dirigió a los tiempos de la última emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo, sus bailes de corte. Como su batuta, su trazo se dedicó plenamente a esta popular danza y, por eso y no por azar es conocido  como el ”Strauss Francés”.
 
El vals evoca escenas pintorescas: juegos de teles coloridas, arcos en punta, arcos en talón y platillos intermitentes en salones de color dorado que se levantan al infinito.Esta danza nació, efectivamente, en un siglo XVIII lejano que identificamos con cortes, príncipes y habsburgos. De todos modos, más libro en coreografía que otros hermanos de ritmo como el minué, su origen se aleja del opulento y se acerca a aquello humilde. Rompedor porque entrelazó por primera vez las parejas, hoy puede entrelazarnos también a nosotros. Si a su sonido flotamos sobre nuestro pasillo, trazaremos nuestro Sena personal.

En la noche… Nocturno núm 1 en Do menor, op. 48, de Chopin
Hay algunas formas que atrapan la atención del oyente solo por su aura extramusical. Los nocturnos son uno de estos casos. Antes de disfrutarlos, las connotaciones de su nombre ya resuenan en las orejas. Popularizados a finales del siglo XVIII, estas piezas dedicadas a la voz eran pensadas para ser interpretadas al cobijo de la intimidad nocturna. Este momento del día y sus atributos han sido explotados musicalmente varias veces; no es esto el que los más caracteriza pero, sino que son una forma con un representante inequívoco; el compositor polaco Frédéric Chopin.
 
Este genio del piano, instrumento que fue una extensión física del pedagogo y compositor, no fue el responsable, pues, ni de la invención de la forma ni de su cambio radical. El 1812, el irlandés John Field había compuesto sus doce nocturnos solo para pianoforte y no por voz, concebidos como canciones sin palabras, es decir, sin voz humana. La idea fue tomada por Chopin que, in crescendo a lo largo de su vida, creó su colección de nocturnos. También en continuo crecimiento y alejado de un esquema estricto, el nocturno número 2 en Do menor es una pieza estallante. Contiene en sí giros melódicos y de tempo sorprendentes y sorprendentemente trenzados en una continuidad de inicio a fin de que provoca una atención en tensión con un final limpio, austero, plácido, absoluto.
Para el amancer… Dueto final ‘Pur ti miro, Pur ti godo’ de  L’incoronazione di Poppea, de Monteverdi
Para cerrar esta audición musical en pareja el dúo final entre Nerón y Popea de la última ópera de Monteverdi parece una propuesta idónea. La incoronazione di Poppea fue estrenada el 1643, el año de la muerte de este compositor italiano, el más importante del siglo XVII. El pasaje entre la música del Renacimiento y la barroca lo escuchamos en su última ópera y en los timbres reunidos de la soprano y contratenor, clavo, tiorba, arpa y la cuerda frotada, instrumentos por el final bellísimo que, pero, no fue escrito por Monteverdi.
 
“Puro ti miro, puro ti godo” es una pieza emblemática que celebra el triunfo de la pasión. Las preguntas y respuestas musicales entre soprano y contratenor expresan una declaración de amor que llega, después de las aventuras de unos protagonistas muy humanizados, bajo la luz de una música equilibrada, emocionante y clara. Con ellos os proponemos acabar esta jornada musical. Como su historia, la peripecia en que nos vemos inmersos hoy tendrá un final que abrazaremos acompañados.

Fotos: Orfeo y Euridice (1842) d’Enrico Scuri; Baile en el Palacio imperial de Hofburg (detall) (1900) de Wilheim Gause y Psique revivida por el beso del Amor (1793) de Antonio Canova.


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Marta Girabal
Cap de redacció
@martagirabal