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Este año, el Concierto de Navidad de la Fundación Salvat nos presentó la figura de Händel como principal protagonista en una versión renovadora y con un propósito solidario con la Fundación Cassià Just. Contaron con la Orquesta del Bach Collegium de Barcelona en estreno y con las voces de Anabel Real, Albert Baena, Jorge Navarro y Oriol Mallart, bajo la dirección de Pau Jorquera.
La Navidad nos invita a celebrar pero también a ser conscientes de la realidad que nos rodea. Es por ello que este año, la Fundación Salvat colabora con la Fundación Cassià Just a través de la música, con un concierto solidario cuyas entradas se darán a esta entidad que impulsa la cocina justa. Por lo menos, es un concierto que cuenta también con el estreno de la Orquesta del Bach Collegium de Barcelona, fundada en 2018 por la Bach Zum Mitsingen y dirigida por Pau Jorquera, en el marco de una iniciativa profesional destinada a la interpretación de música antigua. Su objetivo es la difusión de la misma, especialmente las composiciones de Johann Sebastian Bach, a través de conciertos que incluyan elementos de proximidad entre la música y el público.
Al menos, no fue Bach sino Händel el elegido para protagonizar un concierto dividido en tres partes. La primera, protagonizada por el Concerto Grosso Op. 6 número 12 del compositor alemán, donde la Orquesta ocupaba sola el escenario del Auditorio MGS, que a lo mejor se quedó un poco demasiado grande. La timidez con la que empezaron las primeras notas del primer movimiento, de carácter ceremonioso, no suplieron la sonoridad vacía de la sala, aunque este desajuste se equilibró a medida que el concierto iba avanzando durante sus cinco movimientos. Por otro lado, acompañando un diálogo acentuado entre los graves y agudos, las ágiles dinámicas y golpes de arco mostraron unos músicos especializados en la materia y en la musicalidad de cada uno de los movimientos de la obra, dónde faltó en ciertos momentos de la intensidad del clavicémbalo. Ya en el tercero, la presencia de los bajos con sus notas largas pero sin sonar pesadas dió más estabilidad y una sonoridad de gran calidad en una orquesta que ya se encontraba como en casa.
La aclamación de un público que se levantó en pie ante el éxito de este experimento llevó el segundo bis, el Coro de Judas Maccabaeus para redondear un concierto con una mano en la ligereza de la música antigua y con el otro cogida a las nuevas características de la música moderna. Una forma de felicitar la Navidad que incluye la fidelidad y la calidad de una orquesta y unos músicos especializados en la música antigua, pero que a la vez pretende dar pasos hacia la integración, no sólo con la música moderna, sino también con el público; un proceso que ya empieza a dar sus frutos desde un principio.
