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El Kallias Ensemble debuta mañana en la Schubertíada. Hablamos con su pianista, Francisco Poyato
¿Cuándo nace Kallias Ensemble?
Debutamos mañana. Kallias Ensemble nació a partir del proyecto que estrenamos mañana en la Schubertíada. Ahora bien, ya hace bastante tiempo que yo tenía ganas de crear un grupo de cámara vocal para interpretar todo aquel repertorio de lied que no es solamente para una voz, sino para dúo, para trío o para cuarteto. Como hace años que trabajo como profesor de este género, he visto la evolución de muchos jóvenes. En estos momentos, en nuestro país ya tenemos a una generación muy bien preparada para hacer lied. Son jóvenes profesionales, gente absolutamente hecha. Se han podido mover por todo el mundo y se han preparado mucho más velozmente que mi generación. El repertorio de lied básicamente está escrito en alemán, y algunos de estos jóvenes han podido formarse en Alemania.

¿Qué pueden aportar al proyecto estos músicos tan jóvenes?
Aportan espontaneidad, juventud, sencillez, frescura. Se acercan al repertorio de una manera mucho más directa, con menos complejos. Como se encuentran al principio de su carrera, tienen el tiempo, las ganas y la energía que requiere este proyecto.
¿Por qué os llamáis ‘Kallias Ensemble’? ¿Por qué habéis optado por esta referencia a la obra de Friedrich Schiller?
Este nombre tiene que ver con mi manera de entender la música. Dentro de Kallias.Cartas sobre la educación estética del hombre, Schiller dice que el ser humano es solo ser humano cuando juega; que el juego hace que la esencia del ser humano se desarrolle. Quiero entender la interpretación musical como un juego. En muchos idiomas, como el francés, el ruso, el inglés y el alemán, “tocar un instrumento” es uno de los significados de “jugar”. No creo que sea casual. No se trata de coger una partitura y obedecer las indicaciones que ha escrito el compositor. La gracia es interpretarla, jugar.
¿Propones que deberíamos entender “interpretar” y “jugar” como sinónimos?
Sí, pero en vez de emplear la palabra “interpretar”, prefiero hablar de “convertir una canción en una vivencia”. Cuando trabajamos un lied, primeramente leemos el poema. Nos acercamos al idioma, no solo fonéticamente. Buscamos el espíritu del idioma. Después, escuchamos la música, y la vivimos. Una vez entiendes el poema, es mucho más sencillo ser espontáneo y comprender la música.
Más allá del concierto de mañana, tenéis otros proyectos como grupo de cámara?
¡Sí, sí! Esto es un principio. Ya estamos pensando en un segundo proyecto. Existen muchos repertorios interesantes. Además de la cámara vocal, me gustaría promover el repertorio de lied pensado para cámara instrumental y un cantante solista.
Tampoco se ha tocado mucho…
¡Se ha hecho muy poco! Estoy hablando de repertorio de principios del siglo XX, como Pierrot lunaire, de Schönberg. Todas estas obras poco interpretadas requieren una flexibilidad que encontramos a menudo en los músicos jóvenes. A medida que pasan los años, los músicos entramos en una dinámica en la que repetimos el repertorio que conocemos mejor…

Ahora que hablamos del repertorio…¿En qué momento de la carrera de Beethoven tenemos que situar las canciones folclóricas que interpretaréis mañana?
En la madurez. Un editor de música, un nacionalista escocés, cogió música del folclore de su pueblo, contrató a uno de los compositores más reconocidos y le encargó que trabajara aquellas piezas para que pudieran ser tocadas en un concierto. En aquella época, el nacionalismo era muy presente. Al principio, Beethoven hizo estas canciones escocesas como encargo. Le gustó tanto, sin embargo, que a continuación comenzó a hacer otras por su cuenta. Armonizó canciones rusas, polacas, suecas, españolas… Beethoven se sintió atraído por todas estas canciones, que eran música de la tierra, del pueblo.
¿Era nacionalista, Beethoven?
No era exactamente nacionalista. Beethoven era una persona que creía en los pueblos. No es una cuestión nacionalista, sino la voluntad de ver la especificidad de cada pueblo, conocer sus tradiciones. Escuchas una canción polaca y no tiene nada que ver con un bolero español ni con una canción veneciana. Beethoven se acercó a diferentes culturas para poder entender el ritmo de cada canción.
¿Cómo habéis escogido las 24 canciones que interpretaréis?
Hemos intentado elegir canciones de nacionalidades diferentes. Hemos buscado, también, lazos tonales. Hemos dividido el concierto en dos bloques: en el primero, hacemos canciones de toda Europa; en el segundo, canciones de las islas británicas. Será un concierto muy variado e interesante. El público recibirá mucho folclore diferente, todo a través de Beethoven. Además, las canciones escogidas hablan de cosas que no suelen aparecer en los Lieder románticos …
¿Cada canción explica una historia, no?
Sí, una historia popular, un momento de la historia de aquel pueblo o de alguna persona concreta. Salen personajes interesantes, desde un vendedor de alfombras tirolés hasta un borracho polaco o una mujer sueca que canta una canción a su hijo.
Las piezas de vuestro repertorio tienen una gran huella del conocimiento armónico de Beethoven, pero a la vez mantienen una cierta esencia folclórica. Como lo consigue, eso, Beethoven?
Beethoven respeta sobre todo la esencia rítmica y la melodía. El ritmo suele ser una base importante de las canciones folclóricas. La melodía, también. Juega con cuestiones armónicas, pero tampoco hace composiciones demasiado complejas. Incluye un violín y un violonchelo, y esto le permite crear muchas texturas diversas. En estas piezas, el violonchelo es un instrumento melódico, como el violín.
¿Qué nos pueden decir, estas piezas, hoy en día? A pesar de la globalización, actualmente estamos viviendo un auge de los sentimientos nacionalistas…
Creo que esta música nos dice: precisamente porque todos somos diferentes, todos somos iguales. Respetando la diferencia, la esencia de cada pueblo, nos podemos relacionar los unos con los otros. En estas canciones, todo pasa por la unidad de Beethoven, que respeta absolutamente todas las nacionalidades y mantiene la esencia musical de cada una.
¿Cómo os ha afectado la pandemia del coronavirus? ¿Habéis podido ensayar juntos?
Nosotros no teníamos que debutar en la Schubertíada. La idea inicial era estrenar este proyecto en el Festival de Música Antigua de los Pirineos, que se ha suspendido a causa de la pandemia. Se han cancelado cosas. Además, es complicado reunir siete personas para ensayar. Durante el tiempo de confinamiento, hicimos todos los preparativos a distancia. Después, hemos quedado separadamente: por un lado, los cantantes y el piano; por otro, el violín, el violonchelo y el piano. El piano ha hecho de nexo. Finalmente, hemos podido quedar un poco todos, siempre respetando las medidas. Estamos contentos de tocar en la Schubertíada; es un festival que cuida mucho la programación.
¿Cómo encaráis la temporada que pronto va a empezar?
Con ganas. Con incertidumbre, también. Hay muchos festivales que se están arriesgando y están manteniendo la programación. Les tenemos que dar las gracias, no solo de parte de los músicos. Sobre todo debemos darles las gracias por mantener la vida espiritual de esta sociedad, por hacer vivir la cultura.

Una entrevista excel.lent