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La noche, lluviosa y de jueves, animaba a quedarse en casa. Y, sin embargo, casi no hubo suficiente asientos ni centímetros en el Nota 79 para hacer encajar a todos los que nos acercamos a él. Ya sea en el concepto de club o de auditorio, la pequeña y joven Nota 79 es una sala donde la música es el centro de todo, y no un mero accesorio del ocio. A un paso de Gracia, pero debidamente protegida del revuelo entre el Putxet y Sant Gervasi, minimalista y en un espacio abocado al escenario que da calidez a los músicos y facilita la comunicación con el público.
Hablar del Biel Ballester Trio (Oriol González, contrabajo; Leo Hipaucha, guitarra rítmica, Biel Ballester, guitarra solista) es hablar de uno de los nombres del jazz en nuestro país. Con esto no quiero decir sólo que haya nacido en Mallorca, viva en Barcelona y cuente con una trayectoria relevante de proyección internacional, sino que lo ha hecho con un sello propio y reconocible en nuestro entorno cultural. Y sin embargo, como sucede con otros músicos nacionales de talento, tal vez ha recibido más atención fuera de nuestras fronteras: no para que se la dedicamos a otros, sino simplemente porque en esta ciudad hacer música con un discurso propio es, desde hace demasiado tiempo, una profesión invisible. En todas partes se puede leer que el trío es “embajador mediterráneo del jazz manouche” pero francamente, no debe ser fácil ser embajador musical de un país como el nuestro.
balada eterna, el canto de libertad, que es “Nuages”. Con “Danube”, sobre un sonido tradicional que nos remitía a su trabajo de 2006 Gypsy Jazz Live in London, escuchamos un expresivo Ballester, que a partir de entonces se soltó y nos dio momentos muy brillantes. Un vertiginoso y fresco “Honeysuckle Rose” fue la portada de otras joyas de la historia, como un antológico “Swing 48” con una introducción misteriosa y solos alocados, donde la lógica coral favoreció los vericuetos rítmicas y armónicas. Una sonorización mejorable del contrabajo especialmente en los graves, no impidió que González hiciera caminar el trío con la misma dosis de solidez que de agilidad. La precisa y disciplinada “pompe” de Hipaucha a la guitarra rítmica otorgó una estructura estable en todas las aventuras melódicas del solista, haciendo y deshaciendo sobre el irresistible groove de sus dos compañeros. Una segunda parte pues, con la mirada al pasado donde el concepto estético de Ballester, con la tradición en la mano y la creatividad en el corazón y en la cabeza, puso las herramientas al servicio de una expresión muy propia.