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El miércoles 29 de mayo, el Petit Palau acogió un concierto extraordinario que contraponía las estéticas de los dos compositores invitados en el Palau de la Música Catalana, Philip Glass, que tuvimos el día 21 en la sala de conciertos, y Josep Maria Guix, que evidenció su poética evocativa y su técnica plena sutilezas.
Esta fue la gran noche de Josep Maria Guix, del que se han ido interpretando diversas obras esta temporada en el Palau, pero sin estar incluidas en un ciclo propio, como ha ocurrido con Glass, el minimalista mediático que ha despertado pasiones entre los Barceloneses -no sabemos si porque es cool ser su fan o porque realmente encuentran el gusto a las “estructuras repetitivas”. El caso es que la voz de Guix emergió, el miércoles, con prominencia acompañada de un programa muy bien estructurado y en el que se palpaba su evolución como artista a la búsqueda de la resonancia, la poesía sonora, la contemplación y el silencio expresivo que se dividía en dos partes, una dedicada al piano y la otra en la naturaleza.
muy cuidada y con una expresividad contenida, como lo pide la partitura. On reflection hace honor a su título, una meditación sonora con pinceladas impresionistas que se consiguen, en parte, con el pedal libre durante toda la obra -recurso que posteriormente se dosificaría-, que alcanza una belleza no buscada con una nota insistente reverberante. Todo está desnudo de artificio, es materia inmaterial pura en una obra donde la función hace la forma, siguiendo las ideas de Loos y la Bauhaus si nos permitimos la analogía con la arquitectura. Drizzle Draft es un esbozo de la contemplación de la lluvia que trabaja con los polos grave y agudo y con una parte central con un trino difuminado que se encuentra entre lo que es y lo que no es. Y Watermark está basada en un ensayo de Joseph Brodsky sobre Venecia donde el agua inunda nuestras percepciones. Al contrario de lo que podríamos pensar, en un discurso fluido y continuo, la evocación al agua Guix la logra con la yuxtaposición de elementos. Quizás la obra más matérica de las tres y, por tanto, menos poética, pero que también responde a esta idea de la arquitectura sonora como base de la composición.