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El próximo 29 de mayo se cierra el Cicle Philip Glass con un concierto en el Palau de la Música Catalana que establece una dialéctica entre el compositor norteamericano y el otro compositor invitado, el catalán Josep Maria Guix, que estrenará una obra para la ocasión de la mano del consolidado ensemble bcn216, dirigido por Francesc Prat.
“Hay compositores líricos y épicos, y yo me siento más poeta que narrador”, afirma Josep Maria Guix, compositor invitado del Palau de la Música Catalana. Podríamos decir lo mismo del otro, Philip Glass, que, a pesar de surgir de una escuela totalmente diferente y perseguir un ideal artístico que va en otra dirección, encontramos, en los dos autores, equidistancias. Su poética es la de la contemplación de las ondas sonoras, el respirar de los colores, el latido de la luminosidad armónica o el viaje lírico hacia unas sensaciones que son siempre nuevas, pero que a la vez las re-conocemos. Además, ambos compositores comparten una misma predilección por el piano como instrumento central de su corpus creativo y cierto interés por lo exótico -hinduismo Schopenhauer en el caso de Glass y japonismo en el caso de Guix.
Sus obras navegan, como lo hacen las de Glass, por este mar (donde se encontraría la playa de Einstein) donde las sensaciones se van ensanchando con un movimiento constante, que no siempre se percibe, y que conduce hacia la nada, el fin de la pieza, pero, al mismo tiempo, se recrea en esa nada llena de significado sensitivo e intelectual. En Guix, el elemento que da coherencia a su obra es la armonía y el timbre, además la falta de un sentido rítmico, así como la belleza debe ser una consecuencia de su trabajo como artista.
continuada, hecho del que él era consciente, la música de Glass nos aparece como una buena compañera de viaje desde el minuto 0. Su música es diatónica, si bien algunos enlaces armónicos son osados, pero nunca llegan al extremo y la sonoridad siempre se nos aparece como amable. Recurre a menudo a la repetición de intervalos con una suave base armónica y su música goza de la brevedad reiterada con una elegancia melódica que te deja inmersa en su mundo. Los cambios son lentos y progresivos, utiliza la tríada mayor y menor con frases largas y muy líricas que le confieren un aura de Belleza. El ritmo raramente te sustraerá de la calma, es decir, el uso sincopado es muy restringido-, aunque no deja de utilizar los accelerandi y desaccelerandi para dar alma a la música que, a pesar de ser bastante plana, a golpes goza de un uso muy meditado y efectivo de los reguladores. Todo ello nos adentra en una atmósfera envolvente de la que es difícil de salir.