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Se pone en marcha una campaña de crowdfunding para grabar obras del compositor
Una de las diversas causas que llevaron Giacomo Meyerbeer (1791-1864), el más famoso compositor de óperas de su época, al desconocimiento y casi al olvido del siglo posterior a su muerte fue la imposibilidad de acceso a fuentes primarias surgidas de su propia mano, tanto en cuanto a la ingente correspondencia (además de un valioso diario que el compositor escribió casi ininterrumpidamente durante toda su vida), como también en cuanto a los manuscritos autógrafos de su extensa producción. Durante todo el pasado siglo, su figura se hundió en una visión bastante sesgada y adulterada, tanto de su persona como de su obra.

A pesar de la disposición testamentaria de que toda su documentación privada permaneciera en manos de la familia, sus herederos entraron pronto en contacto con las autoridades berlinesas para salvaguardar el importante legado, dando como resultado que en 1914 gran parte de éste (16 cajas llenas de documentos y partituras) pasaron a la Königliche Bibliothek (hoy Staatsbibliothek zu Berlin).
Con el ascenso del nazismo, curiosamente, las 16 cajas dadas por la familia permanecieron cerradas. En contra de la ordenanza de destruir su contenido (había que eliminar cualquier rastro del arte de un judío), los funcionarios de la Biblioteca de Berlín consiguieron salvar su contenido trasladándolo a lugares más seguros de Polonia.
Terminada la guerra, una parte del fondo Meyerbeer se recuperó y volvió hacia Berlín. Pero desgraciadamente mucha documentación se perdió por el camino. Hasta el 1977, por ejemplo, no se descubrieron los manuscritos autógrafos de sus cuatro grandes opéras: Robert le diable, Les Huguenots, Le Prophéte y Vasco de Gama (lo que erróneamente se había conocido durante años como L’Africaine). Las cuatro voluminosas partituras hoy permanecen en la Biblioteca Jagiellonska de Cracovia.
Otros manuscritos importantísimos no tuvieron esta suerte. Obras no publicadas en vida del compositor, como las músicas incidentales Das Hoffest zu Ferrara (1842) o La Jeunesse de Goethe (1862), a día de hoy están perdidas, entre muchas otras.
Uno de estos desgraciados manuscritos también era el de la primera obra para la escena del joven Meyerbeer, el ballet Der Fischer und das Milchmädchen (1810), estrenado en la Hofoper berlinesa cuando el compositor tenía sólo dieciocho años. Pero las investigaciones del director de orquesta Dario Salvi y el gran estudioso Meyerbeer Robert Ignatius Letellier finalmente han llegado a la localización de la partitura, sorprendentemente traspapelada entre la documentación depositada en la Staatsbibliothek.

Ante la gran hallazgo, rápidamente surgió la necesidad de iluminar el manuscrito con una grabación. El propio Dario Salvi ya había iniciado el proyecto de grabar para el sello Naxos las obras más importantes de la desconocida etapa alemana de Meyerbeer. Pero la crisis de la COVID-19 paró en seco la actividad artística mundial, dejando en una total incertidumbre el futuro de la “nueva normalidad”.
Es debido a este contratiempo que el propio Salvi inició una campaña de crowdfunding para asegurar la grabación del reciente hallazgo meyerbeeriano, campaña que después de un par de semanas ya lleva recaudado dos tercios del fondo necesario. A los colaboradores se les ofrece interesantes ventajas, como recibir la propia grabación firmada por el director, la mención como donante en el mismo disco o la posibilidad de tener también la partitura de la obra, editada por el mismo Dario Salvi.
Para más información podéis acceder al enlace.

Et felicito de tot cor per la teva explicació, llarga, generosa i amb molta informació que no sabia. El teu escrit em sembla admirable pero una frase et traeix: “En contra de l’ordenança ària de destruir-ne el seu contingut (calia eliminar qualsevol rastre de l’art d’un jueu), els funcionaris de la Biblioteca de Berlín aconseguiren salvar-ne el contingut traslladant-lo a llocs més segurs de Polònia”. Alemanya mai no regalaria manuscrits de Meyerbeer a Polònia. Era territori alemany, ben alemany, crec que a Silèsia, que després de la segona guerra es va donar a Polònia. Els polonesos s’ho van trobar allà. Et saludo afectuosament.