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Se sabe ya, de entrada, que la psicología es una ciencia con muchas contradicciones, pero la verdad es que hablar de ansiedad escénica es extremadamente difícil, ya que la información cuesta mucho llegar a los realmente implicados, los músicos. La mayoría se encuentra en revistas especializadas o en estudios científicos que se pueden encontrar en la red, aunque casi siempre en inglés. La información se debe saber discernir bien, ya que hay miles de artículos que escriben sobre el término desde una perspectiva no objetiva y, por tanto, pueden perjudicar gravemente los que los leen.
Es cierto que ha llegado un momento en que el miedo escénico se ha considerado “normal” y los músicos han ido buscando cada vez más recursos “de poca monta” para combatirla (fármacos, meditación, alcohol, trucos caseros o ideas y comportamientos supersticiosos que instaurándose), pero la verdad es que no debería ser normal. Hay muchos factores que hacen que ésta se consolide en nuestra conducta cuando no debería estar ahí; principalmente, las experiencias de la niñez.
Según Hardy y Parfitt, la mejor actuación es la que se realiza con un nivel moderado de excitación: si el nivel es demasiado bajo, la interpretación será floja y aburrida; si es demasiado alto, el intérprete y la interpretación se pueden desmontar por completo. Esto se puede representar con una U invertida (dibujando la calidad de la interpretación como una función de excitación), y se conoce como la ley de Yerkes-Dodson (1908). En los niveles más bajos encontramos la ansiedad debilitante, mientras que en los más altos encontramos la ansiedad facilitadora. Por otra parte, el nivel óptimo sería más alto en el músico profesional que en el estudiante.
Por otra parte, estos mismos profesionales también sugirieron que un modelo de “catástrofe” era mucho más apropiado que la ley de Yerkes-Dodson debido al repentino deterioro que hay en la interpretación con ansiedad. Argumentan que una vez el sujeto ha sobrepasado la curva, la actuación se deteriora precipitadamente y no de forma gradual como en la U invertida. Una vez ha aparecido la ansiedad es imposible restaurar la actuación hasta un nivel mínimamente aceptable. Este patrón confirmaría los “ciclos viciosos” de la ansiedad escénica.
También hay ciertos elementos que hacen que la ansiedad escénica pueda incrementar. Renny Yagosesky estableció 5: la novedad, la sorpresa, la intensidad, el desconocimiento y la inexperiencia.
Basándonos en la personalidad del sujeto, algunos estudios muestran como la ansiedad se puede correlacionar con el neuroticismo, la introversión, muchas veces relacionada con la fobia social, el psicotismo y el perfeccionismo. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que estos parámetros no son siempre claros y definidos en todos los sujetos y que, por tanto, sólo se trata de hipótesis. Por otra parte, aunque mucha ansiedad también es a menudo producida por la falta de preparación según las expectativas del sujeto, el perfeccionismo muchas veces juega un papel crucial en las interpretaciones. Es cierto que este tiene caras positivas, pero a veces, y debido normalmente a profesores, hace que dentro de nosotros se produzca una tensión precisamente contraria a la que necesitamos.
Muchas veces tenemos la creencia de que hay que estudiar exclusivamente para ser perfecto, pero la verdad es que hay que esforzarse por la excelencia en vez de la perfección, o para una actuación óptima en vez de una de perfecta, porque eso nos dará, además, una visión flexible en vez de desmoralizante. Hay una motivación interna grande y una externa que no sobrepase los límites, lo que produce angustia. Como Jerry Lynch y Chungliang Al Huang dicen: “Ser perfecto no forma parte del ser humano”. La actuación perfecta es irreal.
Es por ello que, respecto a la educación, es necesario que los profesores promuevan un enfoque sano y equilibrado para el rendimiento, explicando que los músicos deben tender a producir interpretaciones personales de la música en lugar de comparar sus resultados con sus compañeros o tratar o ser perfeccionistas sin causar angustia. Cada función debería ser concebida como una oportunidad para aprender y mejorar las habilidades de la actuación.
A los estudiantes de música se les debería promover actividades que tengan como objetivo desarrollar las habilidades para el afrontamiento de una actuación (como la gestión de la ansiedad, la resistencia y la tensión diaria), mejorar las capacidades técnicas de preparación (por ejemplo, la cantidad y la calidad de la práctica, la perseverancia y la motivación) y promover el desarrollo de habilidades de presentación, organización, y gestión del tiempo.
Por otra parte, la conciencia de la disponibilidad de tratamientos efectivos para músicos con ansiedad escénica debería introducir a los estudiantes de música en sus primeros años de estudio musical. Una pedagogía firme, un buen apoyo y expectaciones por parte de los padres y el aprendizaje de estrategias de control personal en los primeros años de educación musical pueden mitigar los efectos de una profesión con altos niveles de estrés. Una exposición repetida de la situación temida (la actuación musical) sin un desarrollo de habilidades y estrategias para asegurar el éxito, por el contrario, puede tener un efecto muy perjudicial en el intérprete.
Es cierto que la familia y los profesores pueden tener la culpa de nuestra ansiedad escénica, pero nuestro trabajo como adultos es tomar responsabilidad de nuestras propias vidas. Nosotros podemos elegir lo que queremos que sea verdad por nosotros mismos y cambiar nuestros pensamientos en la dirección correcta para conseguir quién y cómo queremos ser.
Foto: Llei de Yerkes-Dodson, The scream (Edvard Munch)