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Vent del capvestre, Slowly… in mist, Seven haikus, Llàgrimes de tardor, Stella, Three haikus y Jardín seco son los nombres de los diferentes episodios musicales narrados en este nuevo estreno del compositor catalán que tiene como epicentro la sencillez de la vida, la cotidianidad de la naturaleza: Guix nos propone un viaje a través de escenas de noche o de tarde, por paisajes montañosos o por los jardines de casa. El sonido de las últimas gotas de lluvia al caer de las hojas de los árboles, la música nocturna de los grillos, el rumor del agua, el paso del viento … Con Images of broken light, recuperamos todos los escenarios naturales que nos pasan desapercibidos en el día a día, tal vez por su pequeñez, quizá porque no nos damos cuenta de que, más allá de nuestras actividades diarias, lo que realmente siempre quedará intacto, las cosas mundanas que perdurarán hasta el fin de los tiempos, son esos detalles que Guix homenajea.
En Vent del capvespre, el oyente despierta de un sueño, abre los ojos poco a poco. Oímos el rumor del agua y las caricias del viento suave en la piel, pero también podemos experimentar el vértigo al estar en un pico montañoso, a alturas elevadas, sintiendo el eco desplazarse por las paredes pedregosas.

Slowly… in mist está escrita para piano, violín y violonchelo y nos recuerda la grandeza del instante. Entre la vida y la muerte hay un hilo muy estrecho sobre el que la humanidad no tiene ningún tipo de poder: es el pedal agudo de la música. La lucha contra la fatalidad del destino entre el piano y el violonchelo, la respiración final: los tres instrumentos en comunión. Y, finalmente, el caer delicado de las gotas de agua, el piano, sobre el suelo acogedor. Eco.
El violonchelo toma protagonismo en Seven haikus, donde se hace gala de una amplia capacidad técnica y expresiva del instrumento que va desde el glissando hasta el tremolo y el legato, desde la dureza y violencia de la doble cuerda hasta la ligereza del pizzicato. Se trata de una música con ritmos asincopados que recuerda, a veces, a temas orientales (puede remitir a los paisajes musicales de Joe Hisaishi).
El piano y el violín construyen un ambiente de reposo en Llàgrimes de tardor, una elegía que se dirige a un final suspensivo, más lírico que el comienzo, con un motivo claro. Es un canto nostálgico, sentimiento que volverá a hacerse presente en Stella, para piano solista. Ésta, con la misma fugacidad que el fenómeno natural que le da nombre, representa el paso del tiempo, el valor infinito del instante finito.
Los Three haikus para violonchelo y piano evocan diferentes paisajes sonoros, el primero con una clara dirección hacia el forte. El segundo, de carácter totalmente diferente (especialmente en cuanto al papel del violonchelo) nos propone un reposo todo preparándonos por el vertido expresivo del instrumento de cuerda en el tercer movimiento. El piano, siempre presente, convirtiendo la música en algo volátil.
Jardín seco cierra este viaje musical con tres escenas nostálgicas que nos transportan a un viejo jardín en otoño. Un álbum de recuerdos abandonado: antes, lleno de vida; ahora, olvidado. El clarinete toma protagonismo en un capítulo donde oímos el caer de las hojas de los árboles, la frialdad de la percusión, las campanas de viento de un porche… Un trepador en el jardín, ¿una canica cae al suelo? La manguera que se utilizaba para regar las flores ahora pierde agua y deja caer unas gotas. Vuelve el viento, rozando un reloj que ya no marca la hora. La soledad del violín expresa la belleza de lo que siempre ha estado allí: los bancos, los columpios. El violonchelo añade un toque de dramatismo. De repente, unos pájaros salen volando, creando formas en el cielo.
En cuanto a la interpretación de las obras, sólo hay una palabra para describirla: impecable. Tanto la London Sinfonietta bajo la batuta del joven director Geoffrey Paterson, como los hermanos Abel y Arnau Tomàs y Josep Colom hacen un trabajo increíble, imprescindible para obtener resultados como Images of broken light. La delicadeza del sonido, los silencios, la técnica y la expresividad que denota la partitura se quedan en un 50% de efectividad sobre el oyente si no vienen acompañados no sólo de una buena interpretación, sino también de una buena grabación, también hecha realidad en este nuevo estreno.
Esta gran trabajo hecho viene acompañado de una buena maquetación del CD, con un diseño moderno y agradable y muy adecuado a la tónica de la música. Es fundamental el libreto que acompaña el disco, ya que permite una comprensión más amplia en el momento de la audición. Es una lástima, sin embargo, que el orden y la explicación de las piezas no sea el mismo que el que presenta la carátula del álbum. Entiendo, también, que el inglés sea un medio de internacionalización de la música; a pesar de todo, siendo el catalán uno de los idiomas —en mi opinión— más poéticos, ¿no era posible traducir los haikus a nuestra lengua?
Images of broken light de Josep Maria Guix es otra demostración de la inmensa capacidad de este compositor para musicar algo indescriptible con palabras, para expresar la grandeza de la naturaleza con una propuesta musical sencilla. Irène Némirovsky escribía en Suite francesa que sólo la música es capaz de abolir las diferencias de idioma o las costumbres de los seres humanos y tocar algo indestructible en su interior: la obra de Josep Maria Guix refleja esta comunión entre el individuo y la naturaleza, inexpresable mediante la palabra, pero esencial para vivir. Y es precisamente lo que convierte Images of broken light en una audición obligatoria para todo amante de la música contemporánea.
Foto: Josep Maria Guix
