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Viajamos al Ebro musical
Para ilustrar sonoramente el mes de julio hablamos con Joan Bagés, el compositor más célebre de las Tierras del Ebro, que presenta una ópera de cámara en torno a la temática del río, el contexto natural del autor flixanco. Ib. Le cornu ancestrale es un testimonio de que el hecho de enraizarse en la tierra te hace aún más universal a través de preguntas como: ¿Qué hay antes del todo?, ¿de dónde venimos ya dónde vamos?, ¿por qué se genera un conflicto entre el yo y la sociedad?. Los textos de Roman Aixendri y Andreu Carranza recorren el camino hacia la esencia de las cosas con un lenguaje muy directo que viaja entre lo abstracto y lo concreto.

Joan Bagés autodenomina artista sonoro, un concepto que, considera, refleja de una manera más completa la tarea del creador musical de hoy, ya que entiende su obra como un proyecto transversal, interdisciplinario, paralelo al concepto de artista visual y que queda lejos del compositor que desarrollaba una tarea artesanal.
Bagés, que se ha formado en Barcelona y París y ha hecho sonar su música en diferentes rincones de Europa y América, hace interaccionar el sonido y el silencio con la revolución visual y tecnológica, como una oportunidad de ampliar la paleta de recursos compositivos. Su música se considera holofónica, un concepto que se encamina hacia una textura global e incluye recursos performáticos que funcionan conjuntamente en un todo de relaciones que aglutina las artes visuales y plásticas, la instalación, la danza, el vídeo, la música electroacústica y la acústica, con microfonía o sin.
La música electroacústica representa una revolución compositiva que permite al artista sentir instantáneamente el resultado del trabajo que hace y interaccionar, sin tener que pasar por el tamiz del tiempo que implica que un instrumentista lo ilustre. Por lo tanto, el resultado final es conocido en el momento creativo porque se consigue un feedback entre la acción y la percepción. Un proceso que integra todos los elementos de la cultura del fast -el cambio constante de texturas alude al zapping, por ejemplo- y nos permite apreciar el pulso de una crisis ideológica global.
A partir de una obra de Jaume Rocamora consistente en 177 láminas que construyen un gran cuadro, Telas, trapos y vendaval, Bagés generó un programa informático pensando que los dibujos podrían ser un espectograma que llevara la imagen al mundo sonoro para tratar de comunicarse la liquidez del ser y su materialidad en resonancia con conceptos como el del fluido o resbaladizo. Para emular la materia líquida se han creado grandes masas de texturas sonoras alargadas inspiradas en los sonidos del agua y la idea de un fluir que sucede en el tiempo y que atraviesa los dibujos y las líneas, que se pueden leer con el lenguaje de la cartografía.
La ópera comienza con una instalación. Una serie de micrófonos captan el sonido del público llegando, mientras se dibuja la diferencia entre el afuera y el adentro. No hay ruptura entre el antes y el después, todo traza una continuidad; el público, sin darse cuenta, ya está en un espacio de escucha ilustrado por el vídeo arte de Belén Iniesta, que crea una red visual que teje el concepto del “a priori” a partir del vaciado de la escucha. Se parte de la estructura mínima, de donde aparecen cada uno de los paisajes que se despliegan a partir del tejido espacio-temporal. La obra es una secuencia evolutiva, una experiencia vital a partir de cuestionarse de dónde venimos y a dónde vamos. Se construye la personalidad a través del vértigo y el individuo aparece a partir de una chispa. Hay varias capas: nacimiento del ser asociado al nacimiento del lenguaje y todo lo que hay previo que nos ata al mundo natural.
La aparición de Roger Padullés y Anna Tobella significa la toma de conciencia del universo. El individuo aparece en el mismo momento que el fonema. La escena primera se desarrolla con un crescendo, de la nada al todo, mientras que en la escena segunda del individuo se hace de pronto consciente de estar aquí a través del reflejo del agua. En la tercera escena aparece el concepto de colectivo, el otro y la reflexión ética. El agua del río se convierte en mar y Bagés crea una sonoridad de manera que el auditor pueda coger una escucha activa. El canto de los solistas estiliza su corazón, grabado y formado por Laura Vila, Montserrat Bertral, Tomas Maxé y Néstor Pindado, manifiesta una presencia extraña, que incomoda al tiempo acoge en las reflexiones más profundas.
En la cuarta escena se confronta el yo y el individuo, con la aparición del conflicto social. Para explicar las dificultades de pertenecer al colectivo, el autor hace uso de la fragmentación musical a través de contrastes y un desequilibrio que acaba explosionando hasta llegar a la escena cinco, un gran interludio electroacústico que experimenta la catarsis, la sublimación de el miedo, para dar vida a un mundo virtualizado. Esto supone un contraste violento en el público, que se queda sin puntos de referencia. Ahora, el mundo ha mutado y emerge la fuerza del inconsciente, con elementos que se deben expulsar fruto de la escena anterior. Aparecen con fuerza los efectos audiovisuales, como si miráramos por un microscopio y pudiéramos ver toda la riqueza del mundo onírico.
La escena seis busca alcanzar el concepto de Belleza, con un final bonito. Es la aceptación del destino y la muerte. Los músicos complementan una cinta electrónica se despliega en el tiempo con lirismo y resolviendo tensiones, con equilibrio entre la voz propia con tratamiento musical cercano al instrumento y el canto expresivo, porque los cantantes humanizan lo que siente el público y la intención del autor es que el cantar llegue al auditor. La obra termina con el sonido de la respiración, como al principio y la sensación que nos queda es que vemos pasar nuestra historia por delante nuestro.
Esta obra para 9 músicos, 2 cantantes y coro dirigidos por Alex Sansó fue escrita entre el 2016 y el 2019, y se estrenó en febrero 2020 en Luxemburgo. Es una coproducción que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Tortosa, el Instituto Ramon Llull, la Asociación de Amigos del Jazz de la Ribera de Ebro, el Festival de Música Clásica Felip Pedrell de Tortosa, la Unión Social de Flix, la Diputación de Tarragona, el Consejo Comarcal del Baix Ebre y el LaboFlashback de Perpiñán.

Al leer la descripción de esta obra he sentido un deseo y una curiosidad de adentrarme en ese mundo de sonidos desconocidos que te producen un sin fin de emociones contradictorias y apasionantes. Doy las gracias a Joan y todo el equipo por su trábano y derroche de imaginación y espero poder disfrutarlo.