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El 24 de octubre, el LIFE Victoria presentará en la Sala 4 Alicia de Larrocha de L’Auditori el recital del tenor Roger Padullés, el pianista Rubén Fernández Aguirre, la violinista Marta Cardona y la violonchelista Laia Puig, que incluye en el su programa obras de estas cuatro compositoras. Cuatro mujeres y sus canciones que, con permiso de los intérpretes, serán protagonistas.
Amy Beach (1867-1944) abandonó su carrera de concertista de piano en casarse, a los 18 años, y se centró en la composición, alentada por su marido. Una vez viuda, volvió a tocar en público con éxito durante cuarenta años más. Fue la primera compositora relevante de Estados Unidos. Lili Boulanger (1893-1918) entró en el Conservatorio de París para estudiar composición con 15 años. De salud delicada desde muy pequeña, dejó una cincuentena de obras antes de morir a los 24 años. Fue la primera mujer en alcanzar el primer lugar del Premio de Roma de composición, en 1913. Nadia Boulanger (1887 a 1979) ganó el segundo lugar del Premio de Roma de composición en 1909 y debutó como directora de orquesta el 1912. Gran pedagoga, se convirtió en una de las figuras musicales más importantes del siglo XX. Ilse Weber (1903-1944), escritora, fue recluida en el campo de concentración de Terezín en 1942. Allí escribió unos sesenta poemas y musicó algunos. Murió en Auschwitz, en la cámara de gas.
Como Amy Beach, Lili y Nadia Boulanger fueron niñas con unos dotes musicales que llamaron la atención desde pequeñas. En su caso, venían de una familia de músicos y vivían en París. Tener los mejores profesores posibles se traducía, por ejemplo, en que el amigo de la familia Gabriel Fauré hiciera clase a las niñas Boulanger. Una grave enfermedad a los dos años dejaron, a Lili, secuelas que, inexorablemente, fueron minandole la salud y las fuerzas. Inevitablemente, esta circunstancia condicionó su recorrido como compositora; se habla de una necesidad vital de crear que se iba incrementando a medida que veía como se acercaba su fin. Se dice también que cuando leyó tristeza, de Francis Jammes (el más comprensible de los poetas simbolistas), se sintió identificada con la protagonista; de ahí que eligiera trece de los veintidós dos poemas para escribir su único ciclo de canciones, Clairières dans le ciel (1913). La joven a la que canta el poeta ha desaparecido de su vida y no llegamos a saber cómo ni por qué; los poemas, las canciones, son un canto al amor perdido. Roger Padullés y Rubén Fernández Aguirre interpreta una selección: la n. 1, Elle était descendue, nos presenta la joven; la n. 4, Un poète disait, el poeta habla como de una fuente de inspiración inagotable; la n. 5, Au pied de mon lit se dirige a la imagen de la Virgen que le reconforta; finalmente, en la n. 10, Deux ancolies, dos aguileña entorno juntos la fragilidad del amor y la vida. A pesar de que el ciclo nos hable de la pérdida de un amor, no esperamos en absoluto la violencia de un Winterreise, por ejemplo, esto es música francesa. Si tenemos que remitir a algún referente, pensamos en Debussy y el lirismo de Pélleas et Mélisande.
El campo de concentración de Terezín era un elemento de propanganda los nazis, o eso pretendían; lo presentaban como un ejemplo de su benéfica influencia sobre los judíos, que vivían en familia y trabajando, agradecidos. Las cifras desmienten esta cínica descripción: 35.000 personas murieron debido a las pésimas condiciones de vida (por ejemplo, los medicamentos estaban prohibidos); como que no era un campo de exterminio, 87.000 personas fueron deportadas a Auschwitz sólo en los últimos meses de la guerra y la liberación del campo en salvó cerca de 4.000; cuando se liberó Terezín sólo quedaban 19.000 prisioneros de los 140.000 que pasaron. Una de las familias que cerraron fue la de Ilse Weber: ella, su marido y su hijo pequeño; el hijo mayor lo habían conseguido sacar del país antes. Entre los elegidos para ser transportados a Auschwitz, el marido y el hijo; ella se añadió voluntariamente. Entre los supervivientes, el marido.