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Oriol Aymat: “Aprendí a desviarme del camino que me había marcado” – Barcelona Classica
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Oriol Aymat: “Aprendí a desviarme del camino que me había marcado”

11-04-2020

Nadie ha dicho que no se pudiera pasar del Barroco al pop-rock en una sola tarde. Y a pesar de no ser tarea fácil, Oriol Aymat se ha especializado en no especializarse. Comenzó los estudios de violonchelo con Fernando Caminals y pronto proyectó su carrera desde Londres y Essen. La curiosidad por descubrir, improvisar e interpretar estilos musicales tan diferentes define la inquietud que le lleva a un eclecticismo poco común. Con un curriculum excepcional, ha registrado una veintena de CDs de sonoridades muy distintas, a la vez que forma parte del Trío GAP y otros grupos de interpretación histórica como las Vísperas de Arnadí o más recientemente el Bach Collegium Barcelona, además del ya más que conocido pop-rock de Blaumut. Conversamos con él sobre cómo está viviendo esta situación tan excepcional como se ve afectado el mundo de la música y de la cultura en general.

¿Cómo estás viviendo este confinamiento, tanto a nivel personal como laboral?

Personalmente, la verdad es que bien. El hecho de tener unos días para huir del estrés diario y poder respirar con más calma se ha agradecido mucho. Estar en casa y poder dedicar tiempo real a los que más quieres te enseña a dar importancia a algunas cosas que antes no significaban tanto. Por otra parte, a nivel laboral todo es muy incierto. Los conciertos han parado, y lo peor es que no sabemos hasta cuándo será. Lo siento por todos aquellos proyectos tan bonitos que teníamos entre manos, algunos más personales y otros con un equipo detrás con el que hemos estado trabajando mucho, y que de repente las cosas se vean derrumbadas da mucha pena. Aunque intentamos aplazar lo que podemos, no sabemos cuándo ni bajo qué condiciones podremos continuar. Hay días que nos dan buenas noticias, otros que son malas, y el hecho de que podemos dedicar mucha energía a posponer un concierto pero siempre con la incertidumbre de si se acabará haciendo o no se hace un poco duro. Tampoco podemos prever si el día que se levante el confinamiento se permitirán este tipo de eventos, si limitarán el aforo, si habrá otras restricciones… Ni siquiera sabemos si la gente tendrá ganas de salir a los conciertos. A nivel general es muy difícil de prever.

 

Sin embargo, la música no para. Como artista, ¿qué opinas de las iniciativas particulares impulsadas? Crees que la música debe ser gratuita para cumplir con su función social durante este confinamiento?
Creo que la gratuidad o no de la música es un tema aparte. O sea, que todo el que quiera compartir su contenido es libre de hacerlo porque la música, aparte de esta función social y colectiva, es también una herramienta muy sanadora y terapéutica, no sólo para quien la escucha, sino también para quien la interpreta. Entonces respeto mucho estas iniciativas que surgen desde casa. Con mi grupo, Blaumut, hemos impulsado algunas y la verdad es que nos lo hemos pasado muy bien grabando; es divertido, una experiencia diferente y que al final, cuando lo escuchas, el resultado queda muy bonito. Aun así, creo que la música clásica tiene un punto diferente, ya que estamos acostumbrados a la interpretación a tempo libre donde se necesita el contacto en directo para entendernos y salir un poco del estricto ritmo del metrónomo. Además, cuando nos sumamos a este tipo de iniciativas, nos libramos de muchos prejuicios que antes teníamos instalados, ya que la tecnología, en momentos como estos, nos permite experimentar y hacer música de una forma que antes no contemplábamos, incluso con una autenticidad que las grabaciones de estudio a menudo eliminan.

 
 

¿Cómo crees que puede afectar esta situación generada por el COVID-19 en el sector de la música o en el sector cultural en general?
Seguro que nos afectará a todos, a nosotros y también a otros sectores. El tema clave es si podremos abrir las salas de conciertos y cuando lo podremos hacer. Si resulta que no, pues estamos hablando de un problema muy serio y grave a largo plazo, ya que nos tendremos que reinventar. Sinceramente espero que la situación no vaya hacia aquí, aunque hay que plantearse qué pasa si este virus no se puede controlar, o qué pasa si el confinamiento total o parcial se alarga en el tiempo. Supongo que el primero en quedar afectado será el sector cultural, o todas aquellas actividades que incluyen mucha gente.

En el ámbito estrictamente económico, creo que la música y las crisis siempre han ido bastante ligadas. Todas las artes han convivido en un contexto de crisis, mostrando la capacidad de sacar nuevas ideas y nuevas corrientes que hacen que el arte tenga mucho que decir. Es esencial encontrar una solución para continuar con la producción artística, establecernos en un modelo económico que funcione para todos. Reinventarnos o agruparnos será necesario. Todas estas iniciativas particulares claramente no son una forma de subsistencia; son una opción para estos días de confinamiento, para continuar haciendo cosas y abrirnos a la gente, pero a nivel económico no son viables, y es necesario poner una solución.

Hablando de la necesidad de reinventarse, como músico y artista consolidado, te hemos podido ver siempre en estilos muy diferentes: desde el primer violonchelista de la Orquesta del Bach Collegium de Barcelona hasta el pop-rock de Blaumut.
Cada artista es un mundo, pero en mi caso, me he dejado llevar un poco por lo que la vida me ha ido ofreciendo. Mientras estudiaba en Essen (Alemania), tuve mucho contacto con bailarines y otros artistas en movimiento, así que me fui introduciendo en un mundo con necesidades y soluciones diferentes a las que estaban escritas en una partitura. Lo que pasó es que me gustó mucho la libertad que ofrecía la improvisación, y el hecho de poder hacerlo con artistas que hacen de su arte un movimiento en tiempo real. Me dejé llevar, sin llegar a estudiar nunca jazz o pop, pero a base de tocar y experimentar, de participar en diferentes proyectos y compartir experiencias con gente muy buena en este ámbito, he hecho de un ejercicio que antes me daba un poco de respeto una de las cosas más valiosas que he aprendido como músico. Me liberó del miedo de salir de lo establecido y de ser un músico más libre.
 

También te hemos podido ver muy activo interpretando repertorio Barroco. Hay algún estilo concreto en el que te sientas más cómodo?
Pues ahora ya no lo sé. Últimamente me dedico mucho al Barroco, a Blaumut… Cuando tocas el violonchelo clásico las rutinas de ensayos y de estudio son mucho más marcadas, mientras que con Blaumut, por ejemplo, he pasado tanto por la interpretación como por temas logísticos, o incluso reuniones de management. El concepto de grabación de un disco como los que hemos estado grabando con el grupo no tiene nada que ver en coger el violonchelo y ensayar, una parte muy diferente a la de un violonchelista de clásica. A la vez estoy compaginando los proyectos más personales con las clases en el Conservatorio de Cervera que, precisamente dentro de esta situación tan excepcional, estoy haciendo online. Ya había probado este formato de clases online anteriormente cuando estaba de gira, y la verdad es que además de mantener la rutina de los alumnos, se pueden transmitir los conceptos más importantes y aprender de nuevas experiencias.

Volviendo a qué estilo me siento más cómodo, la verdad es que no sabría dar una respuesta concreta a esta pregunta. Últimamente estoy alcanzando un nivel de calidad con el Barroco que me gusta mucho; he logrado un sonido y un entendimiento musical en el que me siento muy cómodo. En el fondo, con el pop también: las articulaciones o la sonoridad las he ido aprendiendo con la experiencia. Del mismo modo, cuando interpreto repertorio clásico o romántico con el violonchelo moderno, siento que es lo que estudié de joven, con la técnica a la que dediqué tantas horas, por lo que es el que está más dentro de mi y con el que siento que me puedo expresar mejor.
 

Algunos estilos te enseñan a ir más allá de la partitura …
Con el Barroco, a nivel de aprendizaje estás tocando mucho más de lo que está escrito, a la vez que te da una concepción como músico mucho más ancha. Venimos de una escuela mucho más clásica donde nos enseñan a leer las partituras y las indicaciones que hay escritas, mientras que en el Barroco estas últimas no están. Tienes que escuchar mucho, leer las armonías que no necesariamente encuentras en la partitura y a la vez ser mucho más creativo.
 

Poder cambiar el violonchelo barroco para tocar en un concierto de Blaumut es una libertad que a veces no es posible para todos los artistas. ¿Cuáles son las dificultades que te has encontrado en tu camino hacia un estilo tan libre?
Creo que los valores absolutos no existen. Todos los estilos que puedo tocar, en el fondo, tienen en común la comunicación, es decir, todos son música y, por tanto, hablamos de lo mismo. Igualmente creo que hacer música de Bach o de Penderecki es, en realidad, conceptos muy diferentes que englobamos dentro del mundo de la música clásica. Ambos nos alimentan y ambos se alimentan recíprocamente, de modo que lo que aprendes de un no significa que no lo puedas aplicar cuando interpretas al otro. Mi incursión en el mundo del pop, por ejemplo, me ha dado elementos comunicativos que hoy en día creo que me han enriquecido mucho en otras facetas interpretativas. A nivel de armonía o el fraseo, las construcciones musicales de dirección me han enriquecido en todas las cosas que hago. Veo la música como un todo. Encuentro muy bonito poder tocar en un ensayo con Vísperas de Arnadí y, en la misma tarde, ir a tocar un concierto con Blaumut.

Estudiaste en Londres donde recibiste una educación más enfocada a ser concertista. Como has llegado hasta aquí?
Dentro de la clásica, la educación es dirigida hacia la especialización, hacia mostrar las capacidades de aquel músico en ese determinado estilo. Sin embargo, las situaciones en las que te encuentras en la vida te aportan siempre algo, y tienes que aprender a hacer lo que quieres y descubrir cosas fuera del camino que te habías marcado. Te puedes llevar sorpresas muy buenas y alguna decepción, evidentemente.
 

¿Cómo ves el futuro? ¿Cuáles son las perspectivas?
Me gustaría seguir haciendo las cosas bien y cada vez mejor. Un profesor me dijo que no pensara en el dinero, que este vendría si las cosas se hacen tan bien como puedes. Hace muchos años de eso ya, pero considero que es verdad. Viviendo en un mundo consumista, necesita los ingresos, pero al final nunca termino decidiendo los proyectos por el dinero que me aportan. La clave está en encontrar un compromiso, un medio que te permita sobrevivir y hacer lo que te gusta, y me gustaría continuar por este camino, pensar menos en el día a día pero a la vez vivir todos los momentos que me aporta mi carrera como músico.
 
Algún consejo para pasar mejor el confinamiento?
Me gustaría que la gente aprovechara esta situación tan extraña de confinamiento para dedicarse a la gente querida, para disfrutar de aquellas cosas que, normalmente, y debido a la velocidad de la vida, no podemos estar disfrutando tanto como quisiéramos. Aprovechamos ahora estos días para revalorizarlas y reencontrarnos con ellas.


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