
14 de mayo de 1916. Leoš Janáček lee el diari i le llama la atención una pieza que habla de un joven campesino desaparecido hace un tiempo de la granja de sus padres, en la Valaquia morava.
El diario… ¿de quién?
Pese a lo que explicaba el artículo del
Lidové noviny, nadie se creyó que aquel diario lo hubiera escrito el joven desaparecido; la calidad literaria estaba muy por encima de lo que se podía esperar de un campesino en aquella época. Se daba por hecho que el autor era un escritor de prestigio con ganas de gastar una pequeña broma a sus colegas y lectores, que aquello era una farsa como la de Pierre Louÿs, por ejemplo, que había hecho pasar sus canciones de Bilitis por la traducción de la obra de una poeta contemporánea de Safo que nunca existió. No faltaron especulaciones sobre quién era el autor del
Diario, pero nadie acertó el nombre: Ozef Kaldi.
Y bien que podían haber pensado, porque su perfil encajaba: Kaldi era un escritor conocido, autor de obras muy pegadas a la gente y al país, a menudo humorísticas, y autor también de numerosos cuentos para niños. Era poco reconocido entre los sectores oficialistas, que lo consideraban provinciano, pero algunos colegas suyos, como Karel Šípek, lo consideraban un genio. Menciono este escritor, que cuando hacía de traductor y crítico musical respondía a su nombre real, Josef Peskin, porque era buen amigo de Janáček y en 1915 llegó a recomendarle uno de los relatos de Kaldi para escribir una ópera. El proyecto no salió adelante pero, mira por dónde, el compositor usó, sin saberlo, otra obra del escritor recomendado. Kaldi no debía llegar a saber tampoco que Janáček había escrito un ciclo de canciones con sus textos, murió unos meses antes de que se estrenara.
Había al menos una persona que sabía quién era el autor de los textos y guardó el secreto hasta la muerte, en 1953: el también escritor Antonín Matula. El 8 de junio de 1916, Kaldi escribió una carta a su amigo. En una posdata le decía: “Por cierto, ¿viste el artículo escrito “por la pluma de un autodidacta” en Lidové noviny de Brno del 14 y el 21 de mayo? Me permitió un pequeño juego de manos.” Por suerte, Matula no tiró la carta; por suerte también, sus herederos no tiraron sus papeles y así llegamos al 1997, cuando el musicólogo Jan Mikeska publicó en Opus Musicum un artículo titulado Cómo contribuí a un descubrimiento, en el que desvelaba el nombre del autor de los textos de Diario de un desaparecido.
También con orquesta y escena
En la partitura del ciclo, Janáček daba unas pequeñas indicaciones escénicas: pedía que la escena estuviese medio iluminada, situaba el coro de mujeres fuera de escena y pedía que la mezzosoprano entrase y saliese silenciosamente mientras cantaba el tenor; en 1926 se hizo en Ljubljana la primera versión semi-escenificada. El compositor veia con buenos ojos incluso una puesta en escena con orquesta: “Me gusta la idea de una representación escénica”, escribía en febrero de 1928. Pero no tuvo tiempo de orquestar la obra, murió en agosto de ese mismo año. Finalmente, la primera orquestación llegó en 1943, la hicieron fer Ota Zítek, que había dirigido en Brno los estrenos de las óperas de Janáček, y Vaclav Sedláček, colaborador del compositor, i la obra se estrenó escenificada en Plzeň. Después vinieron otras orquestaciones como las de Geert van Keulen (1999) o la de Gustav Kuhn que pudimos escuchar en el Gran Teatre del Liceu en 2007. ¿Convierten la orquestación y la escena Diari d’un desaparegut en una òpera? Quizá la respuesta está en otra pregunta: ¿convierten el piano y la ausencia de una escenografía una ópera en un ciclo de canciones?
Las audiciones
Escribir y leer sobre música está muy bien, pero lo que importa realmente es escucharla, por lo que, para terminar, os propongo tres grabaciones de este ciclo y, si me lo permitís, os hago una última reflexión:
Diario de un desaparecido es un ciclo magnífico que, como todos, debe escucharse siguiendo el texto si no queremos perder una parte importante de la información que contiene. La traducción, para no perdernos las palabras de Janík, su manera de expresarse, delicada y tierna, pero también el texto original, a pesar de que nos suponga un esfuerzo extra si no estamos familiarizados con la lengua; es una manera de aproximarnos a la escritura de Janáček. Dicho esto, aquí tenéis las tres grabaciones propuestas:
– Una de reciente y excelente, la de Pavol Breslik y Robert Pechanec.
– También una versión con un cantante de los de antes, el gran Nicolai Gedda, acompañado por Josef Páleníček.
– Y si queréis escuchar la primera versión orquestada, buscad la grabación de Philip Langridge y la Filarmónica de Berlín dirigida por Claudio Abbado.
Foto: Leoš Janáček
