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Del 9 al 28 de junio el Gran Teatre del Liceu presenta Tosca, de Giacomo Puccini, con Liudmyla Monastyrska y Tatiana Serjan. Este apasionante ejemplar del género operístico situado en la Roma de 1800 en el contexto de las guerras napoleónicas habla de un amor sincero entre un pintor revolucionario y una cantante encantadora.
Giacomo Puccini ya había trabajado con Luigi Illica y Giuseppe Giacosa en su Bohème, y repetiría con Tosca, estrenada en el Teatro Constanzi de Roma el 14 de enero de 1900. Así se cerraba el siglo de la experimentación armónica y formal y nacería una era de estudio y búsqueda de los límites no sólo del propio sonido, sino de las posibilidades de los instrumentos y los intérpretes, así como la constante exploración de las técnicas de notación. Si en algunas ocasiones hemos dicho que La bohème es una ópera que se encuentra entre el impresionismo y el positivismo, Tosca está impregnada por el ambiente fin-de-sciècle que convierte Europa en un quebradizo sonoro y visual en el que cada nación manifiesta su carácter propio bajo un mismo signo: der Zeit, ihre Kunst, der Kunst, ihre Freiheit. El arte que se adecua a la época es el del cromatismo y la explotación del leitmotiv, la potencia orquestal, la veracidad del drama y una belleza de provocación, siguiendo a Eco, en este caso, para presentar a Floria Tosca, un personaje de alto voltaje, dotada de valentía y entusiasmo, que cree en el amor y en la bondad y no se deja torcer fácilmente. Es una artista que se ve abocada al abismo por una desgracia personal causada por la situación política enmarcada los días 17 a 18 de junio de 1800, en plena invasión de Napoleón en Italia, concretamente en la Batalla de Marengo, detrás de las ideas revolucionarias de Angelotti y su querido Cavaradossi, progresistas y liberales ( “volterianos”, por la afinidad a las ideas de la Ilustración) frente a los poderes fácticos de la iglesia y los monarcas absolutistas.
Alfredo Franchetti, sin éxito, sin embargo, porque la única Tosca que conocemos es la del genio de Lucca.
Los personajes de Sardou, Illica y Giacosa tienen bastante profundidad. Floria Tosca es una cantante de gran relevancia en Roma hacia 1800 y está enamorada del pintor Mario Cavaradossi. Tosca no es lánguida y enfermiza como Mimì o Cio-Cio San o Liu, víctimas perfectas del melodrama ideal, además del lirismo y sufrimiento de cualquier heroína pucciniana, actúa, es celosa en extremo, mediterránea y religiosa, sí, pero capaz de asesinar quien se interponga en su camino. Requiere un papel de soprano lírica o lírico-spinto, con voz flexible y mucha personalidad escénica, y aunque el ámbito es ancho, la tesitura es aguda. En el Liceu la interpretarán Liudmyla Monastyrska y Tatiana Serjan.