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La temporada de BCN Clàssics en el Palau nos ofreció un concierto con un programa del todo encomiable que combinaba Toldrà y Beethoven, uno de los mejores compositores del país, y uno de los mejores de la historia. Los protagonistas fueron la Orquesta de Cadaqués, dirigida magistralmente por el polaco Antoni Wit. El programa incluía la inmortal Novena, y hay que decir que fue un éxito arrollador.
No es habitual escuchar la música de Toldrà en los auditorios, algo del todo inmerecida. El compositor catalán tiene obras, como la Suite en mi, que interpretó la Orquesta de Cadaqués, que son del todo homologables a partituras de compositores coetáneos de latitudes septentrionales. La Suite en mi, que podría ser una sinfonía, dados sus cuatro movimientos diferenciados, es una obra donde Toldrà hace jugar con acierto cada instrumento para crear una obra luminosa, cálida y colorida.
una combinación sutil y delicada con la cuerda. Se trata de un Adagio tan etéreo y tan frágil que parece que se tenga que romper, pero que de hecho, debe envolver al oyente con la seda más refinada. Antoni Wit consiguió un buen equilibrio tímbrico entre ambas secciones para que sonaran bien engranadas y en armonía, con una madera que sonaba contenida y una cuerda que destacaba por su lirismo expresivo. A pesar de tener entidad propia, este Adagio no se puede dejar de percibir como el preludio del movimiento más célebre de la Novena, el último, que contiene el Himno a la alegría, un texto de Friedrich Schiller que con la música de Beethoven ha quedado inmortalizado como himno de la Unión Europea.