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Vilabertran presenta una estimulante programación para este julio
Mi agenda dice que este artículo lo debería haber entregado en Pascua. Taché el apunte, como todos tachamos tantos apuntes en las agendas, y esperé. La espera ha tenido final feliz: iremos a la Canónica este verano. Cumpliendo todos los protocolos de higiene y seguridad que imponen las circunstancias (me niego a utilizar el oxímoron “nueva normalidad”) pero con ilusión, con ganas y, sobre todo, conscientes del lujo necesario (ahora sí que uso el oxímoron conscientemente) que es la música en vivo. Las mismas circunstancias han hecho que fuera necesario modificar la programación de la Schubertíada que apenas se había anunciado a primeros de marzo; una parte de los conciertos se ha aplazado hasta el próximo año, pero la nueva programación mantiene intacto el espíritu de la casa; hay cosas que no cambian.

Revisando los programas me he dado cuenta de que ahora todo pasa por Viena. Entendedme, una Schubertíada, por definición, pasa por Viena, porque Franz Schubert nació, vivió y murió allí, pero esta vez parece que nos instalamos, y se me ocurren pocos lugares mejores para instalarnos musicalmente hablando.
Vea si no los programas de los recitales de lied. Juliane Banse y Wolfram Rieger interpretarán Winterreise, y Florian Boesch y Malcolm Martineau, Die schöne Müllerin, los dos grandes ciclos de Schubert. ¿Habéis escuchado alguna vez un Winterreise cantado por una soprano? Esta es la ocasión, como lo es la de escuchar un barítono excelente que debuta en Cataluña; ambos cantantes, además, acompañados por dos pianistas soberbios. Andrè Schuent y Daniel Heide, que se consolidan como artistas de la casa acudiendo a la Schubertíada por tercer año consecutivo (y que sean muchos más), han programado también Schubert… y Mahler. Ya ven, seguimos en Viena. El nexo de unión entre ambos compositores es, en este caso, un poeta, Friedrich Rückert, y no me canso de recomendar este concierto, porque promete ser redondo.

No hay virus capaz de acabar con el amor por Beethoven (que, como Mahler, era vienés de adopción) y aún menos el año que celebramos el 250º aniversario de su nacimiento. El Kallias Ensemble nos presentará la faceta menos conocida del compositor, la de armonizador de canciones tradicionales; si sois de los que frunce el ceño ante los recitales de canción porque son tan y tan serios, tenéis aquí una oportunidad para disfrutar de una velada más relajada, con fuerza canciones de taberna (y algún drama también, no lo negaré). Si estáis pensando que no conocéis el Kallias Ensemble, es porque es una formación nueva, pero seguramente sí conocéis los músicos que la integran, encabezados por el pianista Francisco Poyato. Matthias Goerne y Alexander Schmalcz también nos ofrecerán Beethoven, esta joya que es An die ferne Geliebte. ¿Y qué compositor le acompañará? Brahms. ¿Lo veis? Hemos repasado los cinco recitales de canción sin movernos de Viena.
Boccherini también vivió durante unos años, pero lo situamos sobre todo en Madrid, donde compuso el cuarteto que abrirá la Schubertíada; lo interpretará el Cuarteto Quiroga, al que se unirá la violonchelista Erica Wise para interpretar el magnífico Quinteto para cuerdas de Schubert. Los cuartetos de cuerda tendrán una presencia significativa en la Schubertíada, escucharemos a cuatro formaciones, la segunda de las cuales en Castelló d’Empúries, nos pasamos del románico al gótico. Allí tendremos el Cuarteto Gerhard tocando otra obra exigente y fantástica de Schubert, su último cuarteto. Estar en Santa María de Castelló d’Empúries y no escuchar el órgano debe ser, como mínimo, pecado; este año el organista será Joan Seguí, que tocará obras de Bach y Mendelssohn.
Con el órgano nos hemos escapado de Viena, pero volveremos con el Cosmos Quartet, que tocará una de las obras inacabadas de Schubert, el Quartettsatz, y una de las obras más importante del repertorio de cuartetos, el n. 15 de Beethoven. Finalmente, el Cuarteto Casals (una Schubertíada sin ellos no sería lo mismo), presentará otros dos compositores ligados a Viena, Haydn y Mozart, pero para terminar la Schubertíada nos iremos hacia el norte, con Mendelssohn.
Y de piano, ¿no habrá? Por supuesto que sí. El dúo Anton & Maite interpretará obras de Mozart y Schubert, seguramente los dos compositores que han escrito las mejores obras para piano a cuatro manos, y aún podremos disfrutar de otro recital, pero antes de hablar de ello debo destapar una carta que me estaba guardando.
Las entradas de la mayoría de los diez conciertos que acabo de repasar se agotaron pocos días después de iniciarse la venta; la oferta es atractiva, y la necesaria reducción del número de localidades disponibles y el hambre de música han hecho el resto. Si eres de los que se ha quedado sin entradas, corre hacia la web de la Schubertíada porque, además de encontrar toda la información ordenada y detallada, verás que hay nuevas entradas a la venta, toma nota: para los conciertos de Juliane Banse y Wolfram Rieger, Florian Boesch y Malcolm Martineau, Andrè Schuit y Daniel Heide y el Kallias Ensemble se ha aumentado la capacidad de la iglesia. Además, Matthias Goerne y Alexander Schmalcz harán dos conciertos el mismo día, uno a las siete y media y otro a las diez, y lo mismo hará el Cuarteto Casals.

Dejo para el final la guinda del pastel, el concierto de piano del que os hablaba más arriba. Un nuevo concierto, con la gran pianista Imogen Cooper, que se añade a la fiesta vienesa con obras de Schubert y Beethoven. Los tres nombres juntos son motivo más que suficiente para no perderse este recital, pero permitidme que destaque especialmente, por poco habitual, la primera de las obras que interpretará, una de las deliciosas colecciones de ländler de Schubert.
Toda esta música, todas las emociones, todos los reencuentros, sin besos ni abrazos, pero con los ojos brillantes y sonrisas que ninguna mascarilla podrá ocultar, del 19 al 30 de agosto.
