acf domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home1/arinfoco/public_html/website_49f85b7b/wp-includes/functions.php on line 6131WordPress database error: [Table 'arinfoco_barcelonaclassica_wordpress.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
Error en la base de datos de WordPress: [Table 'arinfoco_barcelonaclassica_wordpress.wp_ppress_meta_data' doesn't exist]SELECT * FROM wp_ppress_meta_data WHERE meta_key = 'content_restrict_data'
La historia de la clásica escrita por mujeres I
Debido a prejuicios sin base justificable, a menudo las mujeres han sido víctimas del olvido a lo largo de la historia de la música. Esta afirmación la podríamos extender a numerosas disciplinas artísticas y las consecuencias han sido nefastas: durante años, décadas, siglos, el mundo de la clásica en particular ha ignorado figuras femeninas relevantes de este arte, convirtiendo los ejes cronológicos correspondientes en acontecimientos protagonizados únicamente por hombres. Desde Barcelona Clásica, nos sumergimos en un ciclo de artículos —La historia de la clásica escrita por mujeres— en los que recuperaremos algunas de las mujeres más destacadas de la historia de la clásica, siempre con el deseo de generar un interés efectivo en la recuperación de sus obras.
En un momento dado de su carrera, Clara Schumann dudó de su talento porque afirmaba que una mujer no debía aspirar a componer puesto que ninguna lo había conseguido jamás. Lo que evidentemente desconocía era el hecho de que, diez siglos antes de que ella se planteara la continuidad de su carrera como compositora, Casiana de Constantinopla dejaba en legadao para la humanidad aproximadamente cincuenta obras musicales.

Nacida entre los años 805 y 810 en el Imperio Romano de Oriente, Casia —nombre con que se la conoce más habitualmente— es la primera mujer de la que se conservan piezas con las respectivas notaciones. Proveniente de una familia de la aristocracia griega, se convirtió en una joven de belleza e inteligencia excepcionales, reconocidas por el entonces abad del Monasterio de Studios, Teodoro Estudita. En el año 843, Casia funda un convento al oeste de Constantinopla del que se convierte en la primera abadesa. Fue allí, dedicada a la vida monástica, donde compuso el medio centenar de himnos cuya autoría le es reconocida: de estos, además, 23 se incluyen en los libros litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa.
Odio el silencio cuando hay que levantar la voz
Casiana de Constantinopla
Los escritos de monges medievales y las leyendas tradicionales nos han dejado una imagen de Casia como una mujer con un espíritu rebelde, atrevida, consciente de sus decisiones: varios cronistas bizantinos relatan que, por su belleza, Casia fue escogida como participante en la ceremonio en la que el futuro emperador Teófilo debía escoger una esposa. Cuando el joven, seducido por la belleza de la compositora, se acercó a ella, le dijo: «De la mujer [vino] lo peor», haciendo referencia al pecado de Eva. Su orgullo fue herido cuando Casia rápidamente respondió: «y, de la mujer, lo mejor», aludiendo a la encarnación de Cristo a través de la Virgen y a la consecuente posibilidad de salvación. El atrevimiento le valió el rechazo del Emperador, del que se dice que nunca se recuperó. La firmeza de carácter de Casia también se demostró cuando fue flagelada por defender la veneración de imágenes en los tiempos de defensa de la iconoclastia: «Odio el silencio cuando hay que levantar la voz», dijo.
La obra de más duración compuesta por Casia es el Canon para los difuntos, mientras que el más famoso es el Himno de Casia. Este se canta anualmente durante los maitines del Miércoles Santo. Se trata de una obra lenta y triste y es considerada como una de las más exigentes del repertorio vocal bizantino. Sgún la tradición, Casia estaba componiendo esta obra cuando oyó la comitiva imperial llegando al monasterio: el emperador Teófilo, ya en los últimos años de su vida, quiso visitar por última vez a la mujer a la que había rechazado. Ella, atemorizada de que la pasión del enamoramiento decepcionado sobrepasara sus votos religiosos, se escondió, dejando la partitura sobre la mesa. El emperador, sumido en el arrepentimiento de haber dejado escapar por orgullo una intelectual y mujer de gran valía como Casia, se encontró su habitación vacía: viendo el himno inacabado, lo leyó y escribió un verso antes de irse: «Los pies cuyo sonido escucó Eva en el atardecer en el Paraíso y se escondió por miedo». En encontrarse sola de nuevo en la habitación, Casia leyó el verso y terminó el himno: se dice que Teófilo se dio cuenta de que Casia estaba escondida, pero por respecto a su decisión lo disimuló.
Además de los himnos mencionados, hasta 789 de sus versos profanos —muchos de los cuales son epigramas— han sobrevivido al paso del tiempo, entre los cuales se encuentra el siguiente: «Odio el hombre rico quejándose como si fuera pobre». Es difícil establecer el número real de composicions de esta santa de la Iglesia ya que muchos himnos identifican el autor como anónimo. A pesar de todo, el hecho de que se conserve la notación de los que se le reconocen los convierte automáticamente en obras interpretables a día de hoy. Es precisamente por esta razón que Casiana de Constantinopla es considerada actualmente la primera compositora cuyo nombre se conoce. La primera de muchas.
