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El 14 de marzo de 2020 será recordado como una fecha histórica. Y no sólo porque se declaró el Estado de Alarma en nuestro país debido a una pandemia, sino porque pasó algo que parecía imposible: todo se detuvo.

Centrándonos en el sector cultural, supuso un shock mental devastador. Nos cogió desprevenidos. Nos dimos cuenta de que no estábamos preparados para algo parecido y que éramos más vulnerables de lo que creíamos. De repente la palabra “incertidumbre” apareció en mayúsculas y letras luminosas. La raíz etimológica griega de la palabra crisis, entendida como “algo que se rompe y hay que tomar decisiones al respecto” volvió a la palestra, y vislumbramos que el origen profundo de la crisis era cultural en su sentido más amplio, pero que también se había manifestado en otros ámbitos.
En este contexto empezamos a aparecer miradas críticas, que lejos de empequeñecerse ante de la situación, decidimos empezar a trabajar para aportar un poco de luz en el camino. Como dijo la dramaturga y directora Pilar Almansa ante el Grupo de Trabajo para la Reactivación Económica de Congreso: “una sociedad avanzada es aquella capaz de gestionar el riesgo y la incertidumbre“. En esta declaración de intenciones estaban los deberes a realizar. El confinamiento nos había regalado un tiempo para la reflexión, había creado un laboratorio artificial para plantear ideas y líneas de trabajo en pro de una mejora de la realidad existente —mal llamada— “normal” hasta el momento, ya la que muchas voces decían que querían volver aunque, siendo sinceros con nosotros mismos, esta realidad no era muy normal.
Hasta este momento el mundo de la cultura, las instituciones y las programaciones llevaban un rumbo dictado por objetivos erráticos que, salvo excepciones, no siempre trabajaban en pro de un beneficio e intercambio para y con la comunidad, y donde los egos y las miradas a corto plazo formaban parte del ADN de las propuestas y estrategias.

Automáticamente las redes se llenaron de propuestas culturales de más o menos calidad que generaban en su conjunto mucho ruido. Un ruido que no concedía este tiempo de reflexión y silencio necesarios en todo proceso de evolución y aprendizaje. Eran momentos excepcionales para hacer cosas excepcionales, momentos más para observar que para actuar, momentos para mirar hacia nosotros mismos y ver qué responsabilidad tenía el mismo sector cultural en todo lo que estaba sucediendo, y momentos para entender finalmente que defender sólo nuestra propia ciudadela y no trabajar de forma colaborativa y en pro de una mejora de la sociedad, era blindar la propia irrelevancia.
En este marco fue cuando entendí que era necesario establecer un espacio para el diálogo y la reflexión, alejado de la futurología milagrosa y las fórmulas mágicas. Así nació #CulturadeResistencia (IG: @Culturaderesistencia). Una iniciativa a través de la cual se pudiera ofrecer contenido de la máxima calidad posible, de manera concentrada tanto en el tiempo como en el espacio, enfocado al sector cultural y con un acento importante puesto en la música clásica.
¿El objetivo? Replantear muchas de las cuestiones que hacía tiempo que estaban sobre la mesa respecto al estado de la cultura. Sobre todo lo que NO pretendía era aportar soluciones. La cuestión era plantear preguntas y reflexiones para entender cuál podía ser la mejor actitud a desarrollar que nos ayudara a gestionar el momento de confinamiento para preparar y mejorar la situación ante la incertidumbre. Quería ofrecer una serie de ventanas por las que pudiera entrar la luz que estimularan la imaginación y el fervor en un contexto tremendamente distópico pero ciertamente interesante. A partir de ahí cada uno tenía la libertad de adaptar los conceptos expuestos en su proyecto, institución o programación.
#CulturadeResistencia se materializó en una serie de 15 diálogos o reflexiones participativas realizadas en directo, de unos 30-40 min como máximo y realizados a través de Instagram Live. La selección de los profesionales en el ámbito nacional fue hecha bajo el criterio de que estuvieran relacionados con la cultura de una manera u otra y sobre todo, que a partir de sus propias experiencias, tuvieran contenido útil y crítico para aportar en la línea del proyecto. La respuesta fue impresionantemente positiva, y de hecho no pude dar cabida a todos y todas los que querían participar en la iniciativa. Esta fue la lista definitiva: Eduardo Lazcano —profesional vinculado a la cultura que actualmente se dedica a la Planificación Estratégica y Cultura Corporativa y que trabajó muchos años en Pernaud Ricard y Movistar—, Aarón Zapico —clavecinista y director de orquesta—, Pepe Zapata —director del Club TR3SC-Comunidad de Cultura—, Cibrán Sierra —viola del Cuarteto Quiroga ganador del Premio Nacional de Música que ejerce de docente en el Mozarteum-Salzburg—, Enrique Villalba —director del Máster de Gestión Cultural y del Instituto de Cultura y Tecnología de la Universidad Carlos III—, Ángeles Blancas —soprano, pintora y fotógrafa—, Javier Menéndez —director general y artístico de Teatro de la Maestranza—, el compositor Benet Casablancas, el director de escena Josep Anton Rechi, Núria Oller —directora del Servicio de Música de la Fundación la Caixa—, Josep Vicent —director de orquesta y director del Auditorio ADDA (Alicante)—, el director de escena Paco Azorín, Juana García —cellista y directora de TresmasInfinito—, el tenor Pablo García, Montserrat Antolí —responsable de mecenazgo del Teatro Nacional de Cataluña—, la mezzosoprano Anna Alàs, la directora de escena Susana Gómez, Pablo Romero —asistente de la Dirección Artística de ABAO—, y, finalmente, el director de Temporada Alta Salvador Sunyer.
Como invitada especial y colofón final quise mantener un diálogo con Berta Meneses (licenciada en Teología y Matemáticas, y monja zen de relevancia internacional) sobre la importancia del silencio en nuestras vidas para tomar las decisiones más acertadas. Consideré que era una herramienta vital como camino necesario para estimular la imaginación y la creatividad en el momento de hiperactividad mental que vivíamos.
#CulturadeResistencia fue un éxito inesperado y muy enriquecedor. Como material de trabajo y consulta existe perfil específico en Instagram (@Culturaderesistencia) y una lista de reproducción en Youtube, donde se pueden encontrar todos y cada uno de los diálogos, además de otros materiales. Hasta la fecha y en su conjunto han visto los vídeos cerca de 4000 personas. Como resumen también casi tres cápsulas finales exponiendo las conclusiones basadas en 7 temas o pilares básicos que nos podemos servir de guía para las necesidades futuras a trabajar por parte de los proyectos culturales: estas son, principalmente, la descripción del nuevo paradigma, la idoneidad observar versus actuar y las diversas estrategias a plantear en el sector cultural junto con las posibilidades de monetización, la responsabilidad del mismo sector —y como se ha llegado hasta aquí—, el trabajo con los públicos y, finalmente, la educación como elemento básico del cambio.
Os invito a escucharlas. Mucho contenido y muy interesante para los que os dedicáis a la cultura.
Como resumen final podríamos subrayar una frase de Xavier Marcet: “necesitamos una sociedad que respete más a los que arriesgan y que ignore mucho más a los mediocres que sólo saben bloquear y destruir“. Los tiempos han cambiado, a pesar de que parte del sector cultural se niegue a reconocerlo. No podemos seguir viviendo y ofreciendo propuestas como si nada hubiera pasado. La realidad nos enseña otro camino que debemos escuchar, ser valientes y asumir el riesgo que representa seguirlo sin miedo a equivocarnos. Forma parte del proceso de aprendizaje.
Termino con una maravillosa reflexión que propuso Josep Vicent en el diálogo que mantuvimos: “Levantaos por la mañana, inventaos un sueño y construid vuestras ilusiones “.
