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5 obras para descubrir durante las vacaciones del mes de agosto
El mes de agosto es sinónimo de vacaciones para muchos y no es ningún secreto que estas aún se disfrutan más si nos acompaña la música. Alegría, festejo, descanso … ¿qué es lo que más nos transmite esta época del año? Desde Barcelona Clásica, propongo un conjunto de cinco obras para poner banda sonora a las últimas semanas de vacaciones de verano que aún quedan.

Este icónico musical de 1952 nos ha regalado numerosos bailes y canciones para la posteridad, desde la mítica Singin’ in the rain hasta el You were meant for me versionado por Gene Kelly. Para estos tiempos de lluvia y calor, pero, Good morning es, sin duda, la canción que tenemos en constante replay en nuestras listas de música estival.
La versión que hacen Donald O’Connor, Debbie Reynolds y Gene Kelly de esta canción —originalmente interpretada por Judy Garland y Mickey Rooney en la película Babes in arms (1939)— refleja como ninguna otra la energía que nos ayuda por la mañana a hacer frente planes improvisados durante la noche: es libertad en estado puro, las ganas y el atrevimiento de hacer cosas nuevas que nos da el verano. Después de meses de un pesado confinamiento, las vacaciones de agosto de este año se presentan como una nueva oportunidad para sentirnos más vivos que nunca, y ¿qué mejor que hacerlo empezando nuestros días de buen humor con Good morning?
In the mood es uno de los más grandes jazz standards para big band por excelencia. Número 1 durante casi 3 meses en las listas musicales de los Estados Unidos en 1940, este hit adquirido por Miller en 1939 constituye una delicia de swing instrumental. La vivacidad de los instrumentos junto con el ritmo y la melodía pegajosos pondrán a cualquiera que escuche este tema con los pies en marcha y un no parar de movimiento de cadera.
El tema In the mood es tan ideal para los viajes en coche como para las barbacoas al aire libre, si es que no lo hemos escuchado antes para marcarnos sencillamente un baile en la sala de estar de casa. Sea como sea, la obra de Miller consigue crear un ambiente dinámico y estimulante que no nos decepcionará estas vacaciones de verano.
Hay compositores cuya música —secretamente y por razones inexplicables— no soportamos. Del mismo modo, hay artistas a los que admiramos sin ningún motivo concreto. En mi caso, Sarasate es un ejemplo de los últimos. La ligereza y el virtuosismo de sus obras, a menudo impregnadas de un nerviosismo infantil, las convierten en un acompañamiento ideal para las vacaciones de verano. El Zapateado es la propuesta del compositor navarro que ha ganado un lugar en esta lista. El folclore español, como en la mayoría de su producción, goza de un importante papel en esta obra, caracterizada por una velocidad de ejecución también requerida en una gran parte del resto de su catálogo.
Sarasate, en el Zapateado, transforma en una partitura para piano y violín la fogosidad un baile hermano del claqué que ya hemos visto en Good morning de Singin’ in the rain. El espíritu animoso de la música convierte esta obra en una propuesta perfecta para el sol del verano, el choque entre las olas del mar y el ruido de la vida en la calle, que vuelve después del confinamiento.
Florence Price es una gran compositora aún por descubrir: una cata de su música nos permite viajar a los Estados Unidos más salvajes y rurales —lejos del ruido de las grandes ciudades con rascacielos—, nos remite a las raíces de la población negra con los sonidos de las melodías religiosas afroamericanas y nos da la oportunidad de disfrutar de la confluencia entre los valores tradicionales europeos y los géneros musicales de esta comunidad del sur que tanta discriminación ha sufrido históricamente en el país del American Dream.
Summer moon es una pieza para piano que evoca las raíces de la compositora, creando una atmósfera de nostalgia y, al mismo tiempo, de disfrute del presente. La melodía, que a menudo recuerda al estilo de Debussy, transmite la calidez fruto del encuentro con los seres queridos y refleja las noches estrelladas de verano. Es una obra cándida, inocente, ideal para este mes de Perseidas.
Enric Granados ha sido una figura clave en la escena musical catalana. Entre su amplia producción, Escenas románticas constituye un maravilloso ejemplo del lenguaje intimista del compositor leridano. Este pequeño conjunto de seis breves piezas para piano fue fruto de una de sus relaciones extramatrimoniales, en este caso con María Oliveró, y fueron compuestas en 1904. La última es el Epílogo, una melodía que impulsa el recuerdo y la memoria pero con la mirada siempre hacia el futuro. Esta pieza de Granados es un incentivo en agosto para no olvidar todo lo que ha pasado durante los últimos meses, para reflexionar sobre estos eventos y, una vez estemos listos, para afrontar el futuro que se nos presenta, con todo lo que conlleva. Es un canto a la vida, que siempre debería estar presente en la última página de todos los libros —y ahora, que tanto lo necesitamos, más que nunca.
