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Dies de rèquiem – Barcelona Classica
Coral

Dies de rèquiem

En medio de la crisis del coronavirus, recordamos el 'Réquiem' de Dvořák, una obra majestuosa que puede ayudarnos a afrontar la muerte

09-06-2020

La pandemia del coronavirus ha obligado al mundo entero a afrontar la muerte. Lo hemos tenido que mirar cara a cara, día tras día, durante unos meses que han parecido años. Miles de personas han muerto a causa del virus. Por lo tanto, miles de familias han sentido, de primera mano, el peso de la muerte.

A través del género musical de la misa de réquiem, muchos compositores de diversas épocas han osado hablar del final de la vida, canalizar el dolor del duelo y escarbar en la incertidumbre de la muerte. Mozart, Verdi, Brahms, Berlioz, Schumann, Fauré y otros han intentado encontrar respuestas existenciales a partir de la composición musical del réquiem, que parte del texto sacro pensado para la celebración de la misa de los difuntos.

Philippe Herreweghe dirige el Réquiem de Dvořák, 2014 (Medici.tv).

El réquiem es la expresión de una búsqueda individual y profunda. Como dice el director de la Coral Universitat de les Illes Balears, Joan Company: “El réquiem será una música impregnada de un fuerte sentimiento subjetivo, y el elemento emocional y simbolista perseguirá una sincera expresión dramática”. A continuación, Company añade una cita de Shumann, que decía que “un réquiem es algo que uno compone para sí mismo”. Ahora bien, la fuerza de los grandes compositores radica, precisamente, en su capacidad para plasmar musicalmente algunas de las grandes cuestiones universales.

Por eso, en medio de la crisis del coronavirus, encontramos acertado recuperar un réquiem especialmente brillante, que nace del “deseo de describir el final de la vida como un punto firme desde donde verla en retrospectiva y medir su significado”, según comenta el periodista musical Albert Torrens. Estamos hablando del Réquiem de Antonín Dvořák, estrenado en 1891 en el Festival Musical Trienal de Birmingham. Se trata de una obra de grandes dimensiones; dura más de una hora y media e implica un despliegue considerable, porque está compuesta para orquesta, coro y cantantes solistas.

Antonín Leopold Dvořák, compositor bohemio del Romanticismo

El Réquiem de Dvořák es majestuoso y monumental. Al mismo tiempo, destaca por su carácter íntimo y reflexivo. Dvořák lo compuso en base al texto de la misa de los difuntos, pero nunca lo concibió como una obra interpretable en ceremonias litúrgicas. Diferentes salas de conciertos la han acogido a lo largo de los siglos XX y XXI, aunque, debido a sus grandes dimensiones, es una obra relativamente poco interpretada en público. La Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC), por ejemplo, no la tocó hasta el 2018. Bajo la dirección de Kazushi Ono, la OBC la interpretaría para cerrar la temporada 2017-2018.

Aunque, en algunos pasajes, Dvořák busca una cierta ligereza, el color dominante de la obra es oscuro y pesado. El Réquiem se estructura en dos partes. La primera parte, en tono de si bemol menor, dura alrededor de una hora. Comienza con un ‘Requiem aeternam’ que, desde el principio, crea un ambiente de oscuridad. Las cuatro notas iniciales del ‘Requiem aeternam’ son un motivo que se repite en diferentes momentos de la obra. Después de un ‘Graduale’ que deja intuir un poco de luz, llega un ‘Dies irae’ explosivo, lleno de fuerza. Esta primera parte se cierra con un consolador ‘Lacrimosa’, en el que se pide el descanso eterno de los muertos.

Kazushi Ono dirige la OBC, 2016 (Platea Magazine)

La segunda parte, en tono de fa mayor, es un poco más corta que la anterior. Justamente en el centro de esta segunda parte, encontramos el ‘Sanctus’, que es un momento clave de la misa de los difuntos para que supone una exaltación convencida de la santidad de Dios. El Réquiem culmina con un ‘Agnus Dei’ que acaba desembocando en la tonalidad principal de si bemol, en este caso mayor. Como en el ‘Lacrimosa’, en este último número se ruega para el descanso de los muertos. Ahora, sin embargo, se trata de una oración definitiva, que cierra el proceso de investigación existencial que se despliega a lo largo de toda la obra.

Dvořák compuso su obra en base al texto de la misa de los difuntos, pero nunca la concibió como una obra interpretable en ceremonias litúrgicas.

El Réquiem de Dvořák oscila entre la luz y la oscuridad, entre la vida y la muerte, entre la serenidad y la exaltación, entre la rabia y la conformidad. Sin duda, se trata de una experiencia espiritual que nos ayuda a descubrir profundidades del alma y que nos puede servir para dar respuesta a muchas de las inquietudes que suscita una pandemia mundial.


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