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Cinco momentos en los que la música clásica hizo de musa
Es realmente fascinante la cantidad de veces que nos podemos llegar a sorprender gratamente al oír una melodía de Mozart o de Chaikovski circulando a escondidas desde entre las notas de una banda sonora hasta las de un éxito del rock. Del mismo modo que un día nos damos cuenta de que la sintonía de Nokia es en realidad El gran vals de Tárrega —y, a estas alturas, seguramente la obra clásica más escuchada del mundo involuntariamente— estilos como el country y el pop también han dado la mano a la clásica —corred a escuchar la Quinta de Chaikovski en el Annie’s song de John Denver o el Rossini que impregna la Grace Kelly de Mika.
Como evidencia irrefutable de la hermandad entre la clásica y otros géneros musicales, hoy comparto una pequeña lista con cinco de mis fusiones preferidas entre el rock y la música clásica.

La admiración de Freddie Mercury —vocalista principal de la banda Queen— por la ópera no ha sido nunca un secreto y, de hecho, su música ha materializado la influencia de este género en numerosas ocasiones: por citar algunos ejemplos, tan sólo hay que hacer un vistazo al inmortal éxito Bohemian Rhapsody y su disco de duetos con la Caballé, Barcelona. Con todo, sin embargo, hay una canción de Queen donde la referencia operística es literal. Se trata de It’s a hard life, un single compuesto por el mismo Mercury donde toma el aria “Vesti la giubba” de la ópera Pagliacci como inspiración directa. A menudo considerada como una de las más emotivas del repertorio operístico de finales del siglo XIX, el aria escrita por Leoncavallo en 1892 representa el dolor del payaso Canio al descubrir la infidelidad de su esposa y, sin embargo, tener que prepararse para el espectáculo, que debe continuar. El inicio de la canción de Queen toma los versos Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore infranto! —transformados en «I don’t want my freedom / there’s no reason for living / with a broken heart»— para comenzar a aceptar igual que Canio que, a pesar de las dificultades de la vida, hay que salir adelante.
Los dos grandes hits de la carrera musical de Eric Carmen están construidos a partir de la música del compositor Serguéi Rajmáninov. Aunque en vida la reputación como compositor del también pianista ruso tuvo sus altibajos, éxitos como los de Carmen no hacen sino evidenciar la popularidad consolidada de su música. Carmen, al que algunos conocerán por haber sido miembro de los Raspberries, es especialmente conocido por su canción All by myself. Ésta, que desde entonces ha sido muy versionada por artistas de la talla de Frank Sinatra y Celine Dion, está basada en el segundo Concierto para piano en Do menor de Rajmáninov, concretamente en el segundo movimiento. Siendo clarísima la referencia a lo largo de toda la canción —básicamente constituye la melodía del verso—, Carmen la vuelve a utilizar en Foolin’ myself. El Concierto en Do menor, sin embargo, no será la única fuente de inspiración que encontró el cantante estadounidense en la música de Rajmáninov: su segundo gran éxito en su carrera como solista, Never Gonna Fall in Love Again, está compuesto a partir del adagio de la Segunda Sinfonía Op. 27.
Hay canciones que son para siempre y una de estas es Can’t help falling in Love de Elvis Presley. Esta canción cantada por el rey del rock pero compuesta por George David Weiss, Hugo Peretti y Luigi Creatore está basada en Plaisir d’amour, un romance vocal de Jean-Paul-Égide Martini basado en el texto de un poema de Jean-Pierre Claris de Florian. Plaisir d’amour disfrutó de un gran éxito desde que se estrenó en 1784 y ha sido inmortalizado con éxitos como el de Presley. La letra de Can’t help falling in Love hace referencia a los versos de Claris de Florian, que habla de la fugacidad del placer amoroso y de la perdurabilidad del dolor causado por éste, que fluye suavemente como el agua durante toda la vida.
Billy Joel describió su noveno álbum An innocent man como un homenaje a la música de su infancia y adolescencia y, por supuesto, donde se ha visto un homenaje sin el eterno Beethoven. El estribillo de This night, la quinta canción del álbum, es una adaptación del segundo movimiento de la Patética del compositor de Bonn, la innovadora octava sonata considerada como su primera obra maestra para piano. Aunque la letra no tiene nada que ver con la composición fechada de 1799 dedicada al príncipe Lichnowsky, la canción no deja de ser un magnífico homenaje de un gran artista a otro. El segundo movimiento de la Patética también fue versionado en estilo pop por Louise Tucker bajo el nombre de Midnight Blue.
La banda de rock inglesa Muse es conocida por su fusión de estilos musicales, entre los que se encuentra en música clásica. Influenciados por Queen y Radiohead y compositores como los rusos Chaikovski y Rajmáninov, Muse incluyó en su canción The Gobalist un fragmento basado en Nimrod, la novena de las Variaciones Enigma del compositor inglés Edward Elgar. Nimrod es el cazador —Jaeger— descrito en el Antiguo Testamento a quien Elgar hace referencia en honor a su amigo, el crítico August J. Jaeger. Éste dijo a un depresivo Elgar que Beethoven, a pesar de sus dificultades, había compuesto música lenta y sublime como nadie podría hacerlo nunca. En esta variación, Elgar incluyó, a la vez, una pincelada del tema del segundo movimiento de la Patética de Beethoven. Así pues, Muse —queriendo y sin querer— homenajea ambos compositores en esta maravilla que es The globalist.
