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La bailarina está realmente empoderada o sólo es víctima de la mirada masculina?
Cuando somos niños tenemos mucha más libertad a la hora de expresar lo que sentimos, pues no estamos todavía suficientemente contaminados por los inputs que nos llegan de la sociedad. No importa tanto ser juzgado, sólo sientes y comunicas, en este caso, con el propio cuerpo. Pero esto cambia, y mucho, cuando te vas haciendo mayor y de diferente manera según con el género con el que te identifiques.

Mi cabeza estaba llena de preguntas sobre las inquietudes de la sociedad
La danza ha formado parte de mí desde los 3 años. Siento que media vida la he pasado dentro de las cuatro paredes de la escuela de danza del pueblo de Flix. Empecé haciendo danza clásica y moderna y, no fue hasta más mayor, cuando sumergí en otros estilos: danza contemporánea y hip-hop. Fue entonces cuando me di cuenta de que había pasado de una técnica muy rígida -la de la danza clásica- a una de más libre, que se correspondía más con mi estilo, ya que, a esas alturas, mi cabeza estaba llena de preguntas que intentaban buscar respuesta sobre las inquietudes de la sociedad que me rodeaba. Lo cierto es que, hasta entonces, sobre danza, hombres y feminismo sólo me había cuestionado por qué se habían apuntado a la escuela de danza dos chicos, si todos lo demás hacían hockey o fútbol. Me parecía raro, sí.
A partir de esta mirada, las bailarinas crean a partir de lo que les sale como necesidad o de la tradición androcéntrica?
Años más tarde, profundicé en esta pregunta que me inquietaba y empecé a investigar sobre el rol de la mujer en la sociedad y, más concretamente, en la danza. De esto han surgido varios trabajos en el ámbito audiovisual que pretenden reflexionar sobre este hecho. La primera conclusión a la que llegué fue que la danza está sexualizada porque es un arte ligado a la mujer, pero, en realidad, ésta se define a partir de la mirada masculina. A partir de ésta, las bailarinas crean a partir de lo que les sale como necesidad o a partir de lo que les ha enseñado la tradición androcéntrica?

Los estereotipos y roles de género han sido siempre muy marcados en la danza clásica a lo largo de toda la historia y, especialmente, el cuerpo de la mujer. Dejando de lado las aptitudes que se pueda tener como bailarina, la belleza es un requisito muy importante en esta disciplina: las facciones de la cara, los pechos, la altura o incluso el peso. Es decir, se busca un tipo de cuerpo concreto y estigmatizado, y esto hace que la bailarina se pueda sentir discriminada únicamente por su físico. Además, el protagonismo de la mujer en la danza clásica no se ha traducido necesariamente en poder, sino que éste sigue estando en manos de los hombres -heterosexuals, blancos- porque todavía se utiliza el cuerpo femenino como objeto de mirada y deseo de los hombres. De este modo, se exige una estética y un aspecto físico canónico que dependerá de esta mirada. Al mismo tiempo, también afecta a colectivos masculinos, en algunas ocasiones tachados de homosexuales por no representar la masculinidad hegemónica al decidir dedicarse a la danza.
se puede hablar de empoderamiento de la mujer? O se trata de un autoengaño que nos hace sentir libres cuando, en realidad, estamos sometidas a esta mirada de deseo masculina?
Ante esta desigualdad de género y falta de libertad por parte de la mujer han surgido diferentes movimientos a lo largo de la historia con el objetivo de reivindicar y cambiar esta situación. De hecho, se podría establecer un paralelismo con el feminismo como movimiento liberador. Pero, se puede hablar, finalmente, de empoderamiento de la mujer? O se trata de algún tipo de autoengaño que nos hace sentir libres cuando, en realidad, estamos sometidas a esta mirada de deseo masculina?
Yo, personalmente, en un escenario sí me siento libre, empoderada, porque he hecho un proceso de toma de conciencia y he conseguido bailar simplemente como medio de autoexpresión y disfrute. Pero hasta qué punto me siento liberada, si, al mismo tiempo, la presión social me impone un canon del que quiero rehuir? Para quién estoy bailando, en realidad?
Pienso que todos, tanto artistas como espectadores, tenemos que hacer una profunda reflexión sobre la cuestión y preguntarnos si lo que queremos ver es el cuerpo de un hombre o de una mujer en movimiento o una figura que exprese todas las inquietudes de nuestro tiempo y, a través del arte, la responda.
