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El que es diu sobre #músicaclàssica, a les xarxes. VII
El escenario postCovid-19 hace aflorar todas aquellas dudas y temores que durante la pandemia habían ido surgiendo indiviudalment. La pandemia generó enormes discusiones, debates y nuevos interrogantes fruto de haber irrumpido en nuestra vida y cambiar todas aquellas rutinas centenarias, horarios preestablecidos y compartidos, hábitos colectivos y dinámicas de nuestro día a día en sociedad, pero también pusó en duda verdades y esencias en relación a la construcción de nuestro sistema y cómo funciona. Es evidente, pues, que afectó a la música —que es una esfera fundacional de nuestra forma de entender la vida, y en la manera de consumirla. Más allá del debate #envivo versus #streaming que Barcelona Clásica sintetizó en un artículo de Aina Vega, esta semana una de las polémicas más fervientes de Twitter ha girado entorno si la producción e interpretación de artistas locales debería ser una prioridad dadas las circunstancias de crisis y precariedad del sector musical.

Durante todo el verano, muchos de los conciertos han sido protagonizados por músicos catalanes, desde intérpretes a compositores, haciendo patente que la calidad de todos ellos era innegable y, a menudo, demasiado poco reconocida. Pero la avalancha de posicionamientos a favor de esta preferencia ha tenido lugar después de la publicación de la nueva programación del Liceu precisamente porque la temporada 2020-21 incorpora grandes voces de referencia del panorama musical internacional pero, en general, deja un poco al margen al talento del país, que fue quien principalmente llenó las redes sociales durante el confinamiento para que no hubiera un absoluto vacío de contenido musical. Con todo, el concierto que hizo encender la chispa de la crítica fue el que, de hecho, abre la temporada. El próximo 20 de septiembre de 2020 a las 21.00h tendrá lugar, en el Monasterio de Montserrat, Del dolor a l’esperança, donde se interpretará la Novena sinfonía de Beethoven y el Réquiem de Mozart, además del estreno de la adaptación Virgencita de Arvo Pärt. La dirección va a cargo del catalán Josep Pons, pero las voces solistas las de la soprano Nadine Sierra, la mezzo Elina Garanca, el tenor Xabier Anduaga y el bajo Tareq Nazmi; con el acompañamiento de la Escolanía de Montserrat, la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatro del Liceo.
El profesor de la Universidad Ramon Llull y crítico musical del diario ARA, Jaume Radigales, escribía con un tono desgarrado la falta de sentido común de no haber apostado por intérpretes catalanes ya acostumbrados a estos dos grandes nombres de la clásica. Lo expresaba así:

La declaració ha generat moltes respostes, algunes d’elles intentant emfatitzar en la potència del repartiment pel reconeixement dels artistes a nivell mundial, com la de Albert Mena.

Con todo, la tendencia mayoritaria ha sido seguir la línea de Radigales, apuntando hacia reflexiones que van más allá de la propia programación del Liceo, como lo es la propia vigencia de un sistema que ha quebrado definitivamente con la pandemia. En palabras de Oriol Pérez, ha supuesto «la muerte de un mundo, de un modelo y de unos patrones.»

Desde recordar que han sido muchos los artistas catalanes que han sufrido la cancelación de conciertos, producciones y ensayos, hasta sugerir las limitaciones logísticas y de medidas de sanidad que supone el viaje de intérpretes de otras partes del planeta, los tuiteros melómanos han ido diciendo su en este hilo de Twitter que se ha alargado considerablemente.

De hecho, la polémica musical de la semana se ha extendido incluso hacia otros posts, como podemos ver en el caso de una respuesta al artículo que Barcelona Clásica había dedicado a la nueva programación del teatro de la Rambla.

