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L’àudio del mes: ‘Widmung’, Benet Casablancas – Barcelona Classica
Audio del Mes

L’àudio del mes: ‘Widmung’, Benet Casablancas

El último cuarteto de cuerda del compositor con el Quartet Casals

31-05-2020

En medio de este desierto de música en vivo, parece que nuestra sección toma aún más relevancia y plena actualidad. En “El audio del mes” presentamos, este mes de junio, una obra imprescindible del último Casablancas, su Cuarteto de cuerda número 4, escrito por el Quartet Casals y estrenado por esta formación en su periplo internacional de celebración de los 20 años de trayectoria. 

Benet Casablancas es el autor del mes

Benet Casablancas (Sabadell, 1956) es, sin duda, uno de los compositores más inspiradores de su generación. Formado en Viena con Friedrich Cerha, profundizó en el serialismo, muy presente en su más juvenil creación, y la atonalidad, que aún lo acompaña hoy. “Después de la etapa formativa juvenil vienesa fui tomando distancia, más preocupado por dar forma a mi voz expresiva interior y determinar mis propios procedimientos, y así mi lenguaje fue evolucionando en cuanto a los diversos aspectos del idioma musical, sin perder -me atrevería decir- la preocupación formal, pero siendo cada vez más abierto en cuanto a la armonía, tímbrica, ritmo, etc. la colección de epigramas para diversas formaciones instrumentales -los primeros escritos para la London Sinfonietta- marca un punto decisivo al respecto. Simplificando mucho, es un camino que nos lleva de Viena a Londres y al empirismo del mundo anglosajón, y los colores franceses ya la luz, espíritu y gestualidad más mediterránea”, comenta el compositor. Por lo tanto, Casablancas ha sabido encontrar la independencia creativa a través de una voz crítica y cultivada desde la curiosidad en lo perpetuamente nuevo y humanizador en una época vacía de sentido. La suya es una estética de rabiosa actualidad que, en captarla, hace que nos comprendamos mejor a nosotros mismos. No es éste, finalmente, el destino del arte?  

Casablancas nos presenta su última obra para cuarteto de cuerda, precedida de los Cinco Interludios –Casi Variazioni (1983), el Cuarteto de cuerda n. 2 (1991), Encore for Arditti (2004), Cuarteto de cuerda n. 3 (2009). Además, en su creación de música pura hay que sumar De humanal Fragmento, para mezzosoprano y cuarteto de cuerda (texto de Josep-Ramon Bach, 1982) y Trío de cuerda (1992) que han interpretado formaciones de vasta experiencia y reconocido talento como Arditti Quartet, Juilliard String Quartet, Cuarteto Lenor, Quixote Quartet y, desde hace un par de años, el Cuarteto Casals, entre muchos otros. 

El género que ha cultivado Casablancas, el cuarteto de cuerda, es el estandarte de música pura, lo que nos hace abrir un debate sobre la dialéctica decimonónica y el fin de siglo entre música absoluta y música programática. Según explica Carl Dahlhaus, el primero en utilizar el término “música absoluta” fue Richard Wagner, en su carta abierta “Sobre los poemas sinfónicos de Franz Liszt”, de 1857, propugnando la <<"redención" del sonido para la "palabra">>. Seguidamente fue Eduard Hanslick quien lo puso en circulación. En cambio, el término de música programática nace en el siglo XVIII, aunque no será hasta el XIX que se situará en el epicentro del debate sobre la capacidad de expresión que posee la música, abierto a partir del concepto de música absoluta . El término nace a finales del XVIII en las sinfonías programáticas o “características” de Dittersdorf. En esta misma época, encontramos este tipo de música bajo el término “pictórica” o, como la llama Schopenhauer, música “figurativa”. Hablamos de música programática cuando queremos expresar elementos metamusicals a través de la partitura, tanto si se trata de sentimientos, elementos de la naturaleza o escenas dotadas de narratividad. El título de las obras programáticas tiende a ser descriptivo y la orquesta sinfónica, por su variedad tímbrica y de texturas, resulta el medio idóneo para crear una sonoridad capaz expresar un “programa”. La música absoluta pretende crear sin dotar la obra de ninguna idea latente o preconcebida, entendiendo idea en el sentido corriente y no metafísico. La falta de voluntad narrativa sitúa la expresividad únicamente en los procesos musicales que se desarrollan compás a compás, de modo que, la tachada música absoluta es considerada la abanderada de la verdad divina y la esencia filosófica. Debemos tener en cuenta que la dicotomía absoluta/programática nace en una época que tiende a clasificar de una forma casi artificial por influencia del historicismo y la dialéctica hegelianas. 

A pesar de los conceptos líquidos liotardians, la nuestra es una cultura heredera de la Ilustración, de esta necesidad de creer en la diosa Razón y de decir las cosas por su nombre, al menos para un ilustrado como Benet Casablancas, que es fruto de la feliz confluencia entre la tradición más puramente (Rein) centroeuropea como resultado de una Bildung muy completa y la mediterraneidad intrínseca de un catalán. Estas dos pulsiones se ven cada vez más conciliables en su obra y, en mi opinión, el momento de máxima expresión se encuentra, precisamente, en el contexto de gestación de L’enigma di Lea, cuando su paleta expresiva se se expande notablemente, encontrando sonidos cada vez más vaporosos que satisfacen las necesidades hedonistas del autor. Nunca había percibido de una forma tan clara la necesidad de comunicación a través de lo Bello en Casablancas. Fue en esa época que escribió su último cuarteto, el número cuatro, Widmung, dedicado, tal como revela su título, en alemán- al Cuarteto Casals

Cuando nos disponemos a escribir sobre Widmung, leemos en el artículo “Componer un cuarteto de cuerda hoy- la música de cámara en estado puro” que Casablancas nos dice: “La obra se ha de explicar por sí misma”. Estamos de acuerdo con esta afirmación, pero como musicólogos creemos que la exégesis es un ejercicio interesante y complementario a la contemplación estética que se hace aún más necesario en el ámbito de la nueva creación por el hecho de connotar la obra y acompañar el lector en su nueva experiencia. 

La obra se inicia y se cierra con un homenaje a Beethoven, tan adecuado para su estreno e interpretaciones posteriores -en torno al homenaje al maestro de Bonn. Con un Si bemol omnipresente se satura nuestra percepción en una obra bien medida, extremadamente convincente y llena de concisión que no es “keine petitesse, sondern ein Werk”, como dice la crítica alemana del Hundert 11-Konzertgänger Berlin

Es una obra en un solo movimiento con reminiscencias al Andante con moto, ma non troppo del cuarteto op. 130 de Beethoven y, más concretamente, el “misterioso” motivo de blanca, tal y como lo llama Casablancas, “uno de los pasajes más visionarios” del autor, una clin-l’oeil a la tradición del diecinueve. 

La obra presenta una estructura ternaria, con una introducción lenta, seguida de una stretta y, finalmente, una coda donde el Si b vuelve a ser omnipresente para terminar de dar sentido -y meta sentido- a la pieza. Es interesante prestar atención a las transiciones, que se desarrollan con sigilosa cautela a lo largo de los 10 minutos en el que se despliegan las notas, que van desde los acordes en tutti más bien oscuros pero precisos a notas sostenidas que desembocan en silencios que nos generan una tensión perceptiva constante. 

Casablancas escribe un discurso basado en un trazo que busca la esencialidad de la sonoridad de la cuerda y donde la plasticidad y la transparencia dibujan contrastes tímbricos que conducen a climas y registros emocionales variados. En medio de la densidad sonora característica de Casablancas encontramos un equilibrio y una fluidez formal que interpela a las texturas más homofónicas, muy trabajadas tímbricamente con perpetuum mobilesostinati y unísonos generales, y otras de polifónicas que generan sorpresas a través de pizzicatti y elementos contrapuntísticos. De esta manera, conviven una homofonía lírica con gestos contrastados y gripping que dan dinamismo al conjunto de la obra, tejida a través de la disonancia sostenida. 

Los enlaces entre las armonías que se crean son a veces atrevidos, pero están muy bien resueltos y confieren carácter a la pieza. Nutrida de gestos contrastados, la obra dibuja olas de sonoridades que se precipitan en escalas que se condensa en secuencias oscuras y ampliarán la sonoridad en otros más elásticas y con aire de danza. Toda la obra desprende mucha energía, especialmente en los ostinato saturadas que, a la vez que colapsan nuestra percepción, nos provocan el máximo disfrute estético. 

Para hacer posible esta sección de El audio del mes damos el agradecimiento a la RTBF belga [https://www.rtbf.be] por compartir en abierto la grabación de Widmung


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Aina Vega i Rofes
Editora
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