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Las formaciones confinadas durante la pandemia se reivindican
El futuro de la clásica se prevé negro. Estos días hemos podido hablar con varios directores y presidentes de diferentes orquestas catalanas para proveernos de una idea más cercana que refleje las consecuencias directas de la pandemia en el panorama musical catalán.

La finalización repentina de la temporada 2019-2020 ha ocasionado importantes pérdidas, especialmente para aquellas formaciones que concentran una mayor parte de los conciertos de temporada en la primavera y el verano. Un ejemplo es la Orquesta Barroca Catalana, cuyo director artístico, Santi Aubert, nos comenta que «hemos perdido más o menos el 70% de los conciertos.» De manera similar, Pere Saragossa, cofundador de la orquesta barroca Vespres d’Arnadí nos comenta que, de los dieciséis conciertos previstos para esta temporada, en febrero sólo habían hecho cinco. Ante esta situación, sólo hay dos opciones: llegar a un acuerdo con las entidades organizadoras para poder trasladar los conciertos aplazados a la próxima temporada o cancelar definitivamente los conciertos y, por tanto, no recuperarlos. Adolf Gassol, que además de ser director artístico de la Orquesta Barroca de Barcelona es el secretario de la ACOP —Asociación de Orquestas Profesionales de Cataluña— confirma que han pedido «al ICEC, a la Generalitat y a las Diputaciones que este año den igualmente las subvenciones que se debían otorgar a las orquestas profesionales aunque no se hagan los conciertos, entendiendo que estos se podrán trasladar a la nueva temporada una vez se levante el confinamiento total.» Las bases para recibir estas subvenciones son una cuestión que preocupa a los dirigentes de las orquestas, ya que «de entrada no cumpliremos la mínima cantidad de conciertos que se piden porque no los habremos podido hacer», explica Santi Aubert. Con todo, sin embargo, desde la ACOP confían en llegar a un acuerdo con la Generalitat, dado que se trata de una situación extraordinaria.
Hemos perdido más o menos el 70% de los conciertos
La evolución de la pandemia es fundamental para prever los ensayos y conciertos de cara a la próxima temporada, los cuales dependerán directamente también de lo que permitan hacer las medidas sanitarias impuestas por los gobiernos. «Todo apunta a que, en otoño, un gran modelo sinfónico —orquesta, ya no digamos orquesta y coro— será prácticamente imposible», dice el presidente y violista de la Orquesta Sinfónica del Vallés, Jordi Cos, a la vez que nos informa de que están preparando programas de pequeño y mediano formato para hacer frente a los posibles escenarios, que cambian día a día según la evolución de la COVID-19. Adolf Gassol cree que sí podrán ensayar: «evidentemente, tendrá que haber mascarillas y una cierta distancia entre los músicos, lo que dificulta un poco los ensayos porque nosotros estamos dos músicos para atril y, por tanto, no hay existe el metro o metro y medio que piden de margen entre dos personas.» A pesar de la dificultad de la situación, Tomàs Grau —director titular de la Orquesta Sinfónica Camera Musicae— también considera que los músicos deberían poder ir a trabajar. De la misma opinión que Gassol, Tomàs Grau cree que «hay que plantearse como sociedad» el hecho de que algunos sectores puedan ir a trabajar y, en cambio, al mundo cultural se le haya denegado el permiso. «¿Por qué los músicos no pueden ir a trabajar manteniendo las mismas distancias que los demás? Y, finalmente, cuando haya tests para todos —que no creo que sea el caso, pero si los hay—, si en los ensayos y los conciertos se hacen tests y se sabe que no hay ningún músico infectado, podemos trabajar con normalidad.» Esta estigmatización aparentemente inofensiva que se está llevando a cabo contra el sector ha preocupado a Grau estos últimos días. Adolf Gassol pone el dedo en la llaga: «Esto será difícil porque dudo que los músicos tengamos la importancia que se da a los futbolistas», que tienen acceso rápido y gratuito a las pruebas de la COVID-19.
Todo apunta a que, en otoño, un gran modelo sinfónico —orquesta, ya no digamos orquesta y coro— será prácticamente imposible

La reducción del aforo de las salas es una de las medidas que se mezclan sobre la mesa de cara a la próxima temporada y que, además, afectará directamente a muchas orquestas. Las promotoras que gestionan los conciertos, nos cuenta Pere Saragossa, contratan pudiendo contar con una compensación económica por las entradas: «Si tan sólo se permite un 30% de aforo, o las entradas se venden muy caras y hay gente que puede pagarlas … »o, como propone Santi Aubert, «que por cada entrada que vendemos nos subvencionen otra, la que no se puede vender.» Es evidente que la situación, sin embargo, es insostenible y que, si sólo se pueden vender un determinado número de entradas, muchas promotoras no podrán cubrir los gastos que supone contactar con una orquesta, que, al mismo tiempo, perderá muchos conciertos. Pere Saragossa pone atención, además, en el hecho de que la mayor parte del público del sector de la música clásica es «de una edad avanzada, es gente mayor y, por tanto, la que está más en riesgo.» Este hecho puede ocasionar una pérdida de confianza y aumentará la opción de no asistir a conciertos.
Ha venido la pandemia y la situación precaria del sector ha estallado
«Ha venido la pandemia y la situación precaria del sector ha estallado», afirma Jordi Cos, que cree que «si desde el gobierno no se toman medidas en este sentido, lo pasaremos muy mal», especialmente las instituciones privadas como la Orquesta Sinfónica del Vallès. Reducir el aforo es una solución al problema tan poco viable como transformar la orquesta hacia un formato camerístico, opina Tomàs Grau: «Nosotros tenemos que luchar por los músicos y para que todos puedan tener trabajo. Con el formato camerístico estamos dejando muchos músicos en casa sin trabajar, por lo que para mí no es una solución.»

Nosotros tenemos que luchar por los músicos y para que todos puedan tener trabajo. Con el formato camerístico estamos dejando muchos músicos en casa sin trabajar, por lo que para mí no es una solución
¿Debe y puede reinventarse la clásica a raíz de esta crisis? Aunque Adolf Gassol nos comenta que «cuando hay confinamientos siempre se proponen ideas», no podemos olvidar que «la música clásica tiene un formato muy claro.» Además, tal y como afirma Tomàs Grau, «lo primero que ha hecho la pandemia es mostrar la precariedad del sector y esto no se soluciona reinventándose.» Desde las diferentes redes, sin embargo, muchas orquestas han estado ofreciendo grabaciones de forma gratuita: «Ahora, sin embargo, juntarnos y hacer un concierto en las redes para mí no tiene ningún interés», dice Santi Aubert, que defiende que «la música en vivo es la música en vivo, y no es comparable a nada más.» Pere Saragossa, que considera que desde la Vespres d’Arnadí ya han puesto en marcha todas las formas de llegar al público a través de las redes, destaca que «las compensaciones económicas por esta publicidad no son directas y, además, constituyen un pequeño retorno.» En todo caso, lo que se debería revisar son las condiciones: «Hasta ahora el mercado ha estado muy mal y cuando haces una pequeña actuación por la radio, por ejemplo, a menudo te hacen renunciar a los derechos.» ¿Qué sentido tiene, entonces, llegar al público si no hay una compensación en retorno? «Para nosotros era una cuestión de animar e incrementar el número de gente que asiste a un concierto y ganar dinero haciendo actuaciones.» Una opinión que comparte Jordi Cos, que tiene claro «que la música en streaming es una manera diferente de llegar al público, de mantener el contacto, pero aún falta saber si en formaciones como la Sinfónica del Vallés es rentable.» De hecho, «si para una orquesta como la Filarmónica de Berlín no es rentable, ¡cómo va a serlo para nosotros!» En el futuro, pero, Cos tiene muy claro que «la clave recae en que el contacto con el público sea diferente, mucho más personalizado, aunque parezca paradójico con todo esto del distanciamiento social», encaminado hacia un tête à tête, creando cursos online, fomentando la creatividad de la gente. «Creo que todo es una cuestión de intercambio que va en una doble dirección», por lo que «los proyectos sociales deberán coger un gran empuje, ya que serán más necesarios que nunca.»

Si hay algo que es seguro es que la clásica, más que reinvención, necesita más valorización por parte de los políticos. Ante una crisis como la ocasionada por la pandemia, un mundo que ya hace tanto tiempo que ha sido abandonado y olvidado por los órganos de gobierno tiene todas las de perder. Ahora es el momento de plantear un cambio de mentalidad demasiado extendido en nuestro país donde, a diferencia de la situación que se da en compañeros europeos como Alemania y Francia, quien quiere dedicarse exclusivamente a la interpretación debe estar dispuesto a someterse a un calvario de precariedad permanente.

