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El espíritu divino en la Humanidad y Hildegarda de Bingen – Barcelona Classica
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El espíritu divino en la Humanidad y Hildegarda de Bingen

La historia de la clásica escrita por mujeres II

15-09-2020

De entre todas las mujeres que han jugado un papel crucial en la historia, sin duda Hildegarda de Bingen es una de las más importantes. Mística, filósofa y científica, la abadesa alemana fue también una prolífica compositora, siendo, a día de hoy, una de las autoras medievales que acumula una producción más extensa.

Hildegarda de Bingen

Nacida el 16 de septiembre del año 1098 en Bermersheim, la actual Renania en el Sacro Imperio Romano Germánico, Hildegarda de Bingen fue la última hija de una familia de la nobleza con diez hijos. Su nacimiento la convirtió inevitablemente desde su niñez en el diezmo que sus padres consagraron a la Iglesia: Hildegarda, con tan sólo ocho años y una complexión enfermiza, fue enviada a un convento donde la abadesa Judith (Jutta) von Sponheim se hizo cargo de su educación. Monja y aprendiz permanecieron en el castillo de Sponheim hasta que Hildegarda cumplió catorce años, momento en que ambas se clausuraron en la comunidad de monjes de Disibodenberg, donde Hildegarda juró sus votos religiosos bajo la regla benedictina.

Convencida de que el canto era una manifestación del espíritu divino en el hombre, la abadesa compuso hasta más de setenta obras

En 1136, después de la muerte de Jutta, Hildegarda de Bingen se trasladó al monasterio de Bingen, independiente económicamente y jurídicamente del de Disibodenberg y se convirtió, finalmente, en abadesa. Es a partir de entonces cuando la conocida como Sibila del Rin comienza a desarrollar más activamente su actividad como compositora. Convencida de que el canto era una manifestación del espíritu divino en el hombre, la abadesa compuso hasta más de setenta obras que incluían himnos, secuencias y un drama litúrgico o auto sacramental.

Cum Vox Sanguinis, de Hildegarda de Bingen

Ordo Virtutum, nombre que recibe el drama, es la representación alegórica de la moralidad más antigua independiente de la liturgia que se conserva actualmente. Se trata de una obra que se representaba en el monasterio como una muestra didáctica de la historia cristiana del pecado, la confesión, el arrepentimiento y el perdón. Del drama, que incluye 82 canciones, es remarcable el hecho de que se incluya el personaje del diablo, que consiste en una voz que habla o grita sin música de fondo frente a las melodías en canto llano para el alma y las diecisiete virtudes. Otro hecho significativo de esta obra única en el repertorio medieval es el mensaje que la compositora transmite en hacer que sean las Virtudes femeninas las que, en vez de los Patriarcas o Profetas masculinos, restauren la humanidad caída de la comunidad de los creyentes. Con este mensaje, Hildegarda de Bingen evidenció también una premisa que mantuvo de por vida: la de dignificar a hombres y mujeres como iguales en una actitud que muchos han designado como protofeminista.

Ordo Virtutum, de Hildegarda de Bingen

Aparte de la Obra de las virtudes, Hildegarda de Bingen recopiló el resto de sus obras en la Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales, un catálogo que incluye 43 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias, 2 sinfonías —propias del siglo XII—, 1 aleluya y 1 kyrie, entre otros. Todas ellas fueron compuestas para cubrir las necesidades litúrgicas de la comunidad de la abadesa, cuya música se diferenciaba de la de su época por el uso de rangos tonales muy amplios, además de ser bastante melismática respecto la monofonía de la época: de hecho, los manuscritos que se conservan de la música de Hildegarda de Bingen utilizan un estilo de notación que contiene neumas muy ornamentales. Su obra incluye, también, intervalos de 4ª y 5ª, muy poco utilizados en su tiempo en detrimento de los intervalos de 3ª.

La fama y autoridad de Hildegarda de Bingen estaban tan consolidadas en su tiempo que algunos estudios han apuntado al uso de su nombre como una marca para que el resto de monjas del convento también pudieran publicar su música

Aparte de las 70 obras mencionadas, se conocen cuatro textos atribuidos a la abadesa cuya la notación musical, desgraciadamente, se ha perdido. La fama y autoridad de Hildegarda de Bingen estaban tan consolidadas en su tiempo que algunos estudios han apuntado al uso de su nombre como una marca para que el resto de monjas del convento también pudieran publicar su música, factor que complica el proceso de distinguir realmente qué obra es fruto de la abadesa, aunque también evidencia que, de mujeres compositoras, no faltaban, si bien siempre estuvieron a la sombra de los hombres.

Hildegarda de Bingen murió el 17 de septiembre de 1179 con 81 años. En el año 2012 fue nombrada santa y doctora de la Iglesia por el papa Benedicto XVI. La vigencia de su pensamiento, su labor para con los otros, convierten a Hildegarda en una de las grandes religiosas de la historia: su música, en una de las grandes compositoras de la clásica.

Ave generosa, de Hildegarda de Bingen

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Loles Raventós García-Amorena
Redactora
@LolesRaventos