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Los amantes del Lied debemos considerar afortunados de la iniciativa del festival LIFE Victoria, que cada octubre programa recitales fantásticos con solistas de primer nivel en el Recinto Modernista de Sant Pau. Esta vez saludamos encomiásticamente el fabuloso recital de la soprano inglesa Kate Royal, acompañada al piano por un intérprete de una sensibilidad extraordinaria, el también inglés Joseph Middleton.

El concierto comenzó con el LIFE New Artists, que presentaba dos jóvenes músicos catalanes, el barítono Pau Armengol y el pianista Álvaro Carnicero. Interpretaron una selección del Liederkreis de Schumann y dos Lieder de Schubert. Sin duda, es un gozo que surjan jóvenes valores de casa que se dediquen a un género tan exquisito -y minoritario- como el lied. Armengol es un cantante de voz potente y timbre bonito, con un buen conocimiento y dominio del género, pero a su canto le faltaron matices de intensidad. La voz sonaba un poco demasiado monolítica, con falta de la ductilidad que la poesía requiere. El lied es un género que parece fácil cuando lo canta un especialista, pero esconde una gran complejidad. Armengol es un buen cantante que todavía tiene que trabajar el estilo, pero su Schumann fue sólido y muy prometedor. En cambio, los dos Lieder de Schubert, especialmente el Ständchen, sonaron demasiado agresivos, y el piano no parecía que se pusiera al lado del cantante, sino por encima.
Tras este aperitivo de lied alemán aparecieron Kate Royal y Joseph Middleton para interpretar un programa de lo más original, que no pivotaba en torno a ningún compositor o tema. Era un recorrido por las veinticuatro horas de un día. Con una canción para cada hora del día, seguíamos el viaje de un joven del amanecer al atardecer, pasando por la noche más profunda. Así pues, pudimos escuchar veinticuatro Lieder de compositores como Schumann, Mahler, Liszt, Loewe, Guastavino, Grieg o Wolf, entre otros.
Kate Royal es una soprano con una voz cristalina, aterciopelada, y con un registro central lleno. Su línea vocal es impecable y llena de delicadeza. Abordó cada lied con gran sensibilidad y expresividad, denotando el carácter de cada uno. La mayoría eran de estilo romántico y melancólico, tal vez intentando emular con la elección el Winterreise Schubert, pero también había alguno divertido, como el Rabbit Stew de Bernstein.
“Kate Royal es una soprano con una voz cristalina, aterciopelada, y con un registro central lleno”
Con su elección, Royal y Middleton treparon de manera natural las veinticuatro perlas de un collar precioso y hermanaron compositores tan diferentes como Schumann, Guastavino o Vaughan Williams. La música fluía cadenciosa, como un río. La voz transparente y llena de belleza de Royal lo facilitaba, pero sin Joseph Middleton a su lado, el viaje no hubiera sido posible. Middleton fue un pianista de una sensibilidad en armonía con la de ella, el piano acariciaba la voz y la compenetración entre ambos era máxima, pero él destacaba por una percusión delicada y precisa de las teclas. Middleton no era un acompañante, sino un músico de pies a cabeza que encaraba el viaje en igualdad de condiciones con ella.
Lo único que le podemos reprochar a Royal es un fraseo insuficiente. En el lied es un elemento imprescindible, ya que el texto alcanza una importancia mucho más marcada que en la ópera, y ni la dicción ni el fraseo de Royal no fueron óptimos. Si no hubiéramos podido seguir el orden de las canciones a través de las dos pantallas que había en la sala, se habría hecho difícil adivinar en qué idioma cantaba cada pieza. Royal es una cantante que fía demasiado el sonido en las vocales, y descuida las consonantes, por lo que la letra se convierte casi ininteligible. La luz de la sala cambiando a cada hora del día acompañaba las veinticuatro canciones del viaje que nos proponían Kate Royal y Joseph Middleton, en un recital delicioso en un recinto único.
