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Es posible que algunos de a nuestros lectores, pese a ser aficionados a la música clásica, no les suene el nombre de Miquel Llobet. Sin embargo, este intérprete y compositor barcelonés, nacido en 1878, es bien conocido a nivel internacional como uno de los más grandes guitarristas de la historia. Llobet fue discípulo de Francisco Tárrega y compartió clases en el conservatorio con Pau Casals, Emilio Pujol, Ricardo Viñes y Gaspar Cassadó, entre otros. También fue contemporáneo y amigo de Manuel de Falla y Andrés Segovia, discípulo suyo. Desafortunadamente, después de una vida de giras y reconocimiento por todo el mundo, falleció en 1938, en pleno sitio de Barcelona durante la Guerra Civil española. Su memoria, como la de tantos creadores de la época, se perdió en la España del franquismo.
Eulogio Dávalos es chileno y, quizás por eso, el nombre de Miquel Llobet le resultó familiar desde sus primeros pasos como músico, a los 9 años: “En Argentina y en México, Llobet es el guitarrista más grande que existió”, explica. Asimismo, Dávalos coincidió con María Luisa Anido, discípula directa de Miquel Llobet. Todo ello le llevó a idear la creación de un certamen de guitarra en homenaje a Llobet en la ciudad del propio artista: Barcelona.
Se organizó una primera edición en 1995, pero hasta 2005 Dávalos no pudo conseguir los mínimos recursos, mediante una pequeña subvención del Institut de Cultura de Barcelona, para hacer que el festival pudiera organizarse anualmente.
“Somos los benjamines de los certámenes musicales internacionales en Barcelona, pero aspiramos al mismo apoyo que el María Canals de piano o el Francesc Viñas de canto. Además, tenemos reconocimiento internacional en toda la Unión Europea y mucho prestigio artístico, pero nos falta ayuda institucional”, reclama el fundador y director del festival.
El núcleo de la iniciativa es la competición de guitarra para jóvenes hasta 35 años, sin distinción de nacionalidad. Pero el Certamen Llobet ha crecido mucho durante su trayectoria especialmente en lo que Dávalos define como “versatilidad en presencia estética”. Durante las semanas previas al concurso, se celebra el Art Llobet, una serie de actividades alrededor de la música y la guitarra que se inician este fin de semana.
Una de las características del Festival es la organización de actividades en espacios alejados del centro de la ciudad y de los espacios de conciertos de música clásica habituales: centros cívicos de barrio, iglesias y edificios históricos.
En la página web se puede consultar la programación oficial completa. El equipo del Festival, firmemente comprometido de la función social de la música, realiza también actividades en centros penitenciarios y hospitales: “La música tiene que distribuirse en los diferentes espacios de la sociedad”, cuenta Dávalos. Y añade: “En momentos de crisis, el arte es un lenitivo frente a la angustia. Es mejor que un Valium”.
