acf domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home1/arinfoco/public_html/website_49f85b7b/wp-includes/functions.php on line 6131WordPress database error: [Table 'arinfoco_barcelonaclassica_wordpress.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
Error en la base de datos de WordPress: [Table 'arinfoco_barcelonaclassica_wordpress.wp_ppress_meta_data' doesn't exist]SELECT * FROM wp_ppress_meta_data WHERE meta_key = 'content_restrict_data'
Apuntes sobre música y cultura extraídos de una conversa con Elisabet Franch
El Festival de Música de la Cerdanya que tiene lugar en la Iglesia de Nostra Senyora dels Àngels de Llívia acogerá, este jueves 13 de agosto a las 22.00h, la flautista de Sant Cugat Elisabet Franch como solista de la Giorquestra —dirigida por Francesc Prat—, con un repertorio muy especial, cuidado y meticuloso: una obra de Haydn y dos de Mozart que abrazan la situación tan frágil de la cultura en el momento actual. La cita es capital: la flautista catalana ya se ha hecho un nombre enormemente reconocido en las esferas de la música clásica a nivel internacional y el ambiente, un edificio del gótico tardío acabado de construir a finales del siglo XVI, es idóneo para recobrar la lejana y emboirada afirmación que la música tiene que ser vivida en directo. Franch, solista principal de la Tianjin Symphony Orchestra of China desde hace cuatro años, protagonizará uno de los pocos conciertos que tiene programados por este año y el próximo curso en Cataluña. Después de haber estudiado piano y violín, la flauta travesera que empezó a tocar con doce años, acabó para convertirse no solo en su pasión personal sino también en el instrumento a que dedicaría toda su carrera profesional y vital. Cómo ella afirma, la elección fue por «la fascinación que los instrumentos de viento generan en mí; tienen esta cosa tan mágica que el sonido nace de dentro tuyo», casi como si se tratara de transferir una pequeña porción del que uno es en cada alentada.
«Hay unas sensaciones, a menudo inexplicables, que solo se pueden tener en el directo, al escuchar la música vive. Hay algo en la música que hace que su lenguaje no pueda ser de entendido completamente de ninguno otra manera que no sea por ella misma».

«Hay unas sensaciones, a menudo inexplicables, que solo se pueden tener en el directo, al escuchar la música vive», apunta ella. Hay algo en la música que hace que su lenguaje no pueda ser de entendido completamente de ninguno otra manera que no sea por ella misma. Y este motivo bastaría para espolear a amantes de la clásica a disfrutar de los setenta minutos que durará el concierto. «Estas sensaciones son generadas, principalmente, por tres factores: la sala, el público y el intérprete» —continúa Franch—, y es evidente que lo esta triangulación necesaria se desdibuja totalmente en el s*treaming o el consumo de contenido musical en linea. La pandemia de la *covid-19 que llanura como una sombra fúnebre sobre nosotros, amenazando la estabilidad de nuestra sólida y aparentemente irrompible cotidianidad, ha arreciado verdades que repetíamos de memoria como si se fuera un tipo de mantra aguado que nos han dejado los miles años de historia de la humanidad. Una de ellas, la indiscutible dimensión física del arte para que se acontezca la catarsis.
Estos dos meses y pico de pseudo-normalidad han hecho patentiza otra evidencia sepultada. En primer lugar, que la cultura se encuentra en los últimos peldaños de la jerarquía de intereses de este país —cosa que, por su parte es tristísima, pero sin una respuesta clara nos deja en una situación de parálisis, desconcierto y esterilidad—; y en segundo lugar, que la realitat del mundo virtual a menudo es tan real como la realidad física, talmente como ya hablaba de ello en el artículo ‘La realidad y el festival on-line AprÒpera’ y, por lo tanto, parece que la decisión de hacer conciertos por redes sociales o plataformas on-line no fue meramente situacional, relegada al paréntesis temporal del confinamiento estricto. La flautista también lo tiene claro: «no estoy diciendo que el directo en vivo sea insustituible taxativamente porque el mundo ha dado una vuelta muy inesperada y el sector de la cultura es el que más se está resintiendo y más se resentirá. Es evidente que el streaming no acabará con el vivo porque no lo hará nunca, pero tampoco pienso que apostar por él sea prostituirse, como creen algunos.
»Lo que sí que es obvio es que en aquel momento, entre marzo y principios de junio, fue una necesidad. Familiares, compañeros, amigos; todos me decían que mis live les alegraban los días durante el confinamiento. La gente me lo decía: sabían que a las 7 de la tarde yo seria allí y tocaría durante 20 minutos que harían menos monótono la vida encerrados en casa». Por esta razón, Franch decidió hacer conciertos en streaming por Instagram durante el confinamiento, «por no perder la sensación de tocar para alguien». Se había planeado la primavera y el verano para poder estudiar y escoger bien el repertorio del próximo álbum, pero la necesidad de expresarse, de conectar con otros, de construir algo colectivo y de hacer frente a la soledad impuesta y incanviable, ganó el pulso a la planificación anterior.
«Es muy probable —dice Franch— que tendemos hacia una hibridación.» El miedo inconsciente de otra confinamento absoluto hará que no se deje de banda la programación on-line; que las redes y sus posibilidades no queden descartadas ni olvidadas. La pandemia ha enseñado, sobre todo a los artistas, que si hay una cosa segura es que no se puede programar. Que aquello de vivir en la inmediatez no es vacío de contenido porque de repente todo el que dabas por cierto e inalterable tambalea y parece poderse derrumbar en cualquier momento. De hecho, comenta la flautista, ya hay varios promotores de festivales y acontecimientos culturales que le han ofrecido poder hacer grabaciones en esta línea: «Te dejamos el estudio, haces el concierto en formado concierto pero en un estudio y después se colgará en el YouTube, dónde el público podrá acceder haciendo una donación», explica. Y si es cierto que parece que todos tenemos claro que no es el mismo, también nos parece que es la única opción. Como la joven intérprete añade: «ahora mismo no queda otra que renovarnos a nosotros mismos, por mucho que vaya en contra nuestros principios, por mucho que creamos que la música no es esto. Hasta que no podamos volver a llenar las salas con asistentes a cada butaca, hasta que no podamos recuperar por completo el aforo de los conciertos, tendremos que demostrar que la cultura se muy importante. Y la opción compartida para la mayor parte de sectores es adaptarnos en el mundo virtual».
«Ponernos de acuerdo: teatros, orquestas, individuales a favor de la cultura, todo aquel quien crea que es justo y es necesario no cerrar en los ojos ante la dejadez de quienes no tienen ningún interés porque la cultura esté al alcance.»
Cuál es, pero, la recompensa de todo esto? Y la respuesta en cuanto al cumplimiento infranqueable de los requisitos y las medidas sanitarias que los gobiernos han exigido al sector cultural? Podemos decir que, al final, todo merece la pena? Franch apuesta para ser permeables y no descartar el mundo en linea pero no olvidar hacia dónde queremos que vayan las cosas y, por lo tanto, hacer una presión más fuerte para poder ver la realidad. «El sector cultural es el que ha seguido más bien las instrucciones y el que más ha respetado las medidas. Por la parte del público y por la parte de los intérpretes. Y hay medidas incómodas, pero te haces el cargo porque es una situación de emergencia». Cuando eres a un concierto, te encuentras en uno de los entornos más seguros e implacablemente respetuosos pero que, al mismo tiempo, es lo primero a peligrar y el más vulnerable. «Reinventarnos está bien, la repercusión mediática está bien, pero hace falta alguna acción más directo. Ponernos de acuerdo: teatros, orquestas, individuales a favor de la cultura, todo aquel quien crea que es justo y es necesario no cerrar en los ojos ante la dejadez de quienes no tienen ningún interés porque la cultura esté al alcance».
«Hay que apostar por qué lo que permite cuestionarnos quién somos y que hacemos aquí tenga el mismo valor que el resto de esferas de la sociedad.»
Porque, en parte, el coronavirus ha servido de excusa para permitir a algunos pocos de coartar libertades y restringir actividades inútiles en su sentido económico. Por lo que ahora solo queda recordarlos hasta que les atronen nuestras palabras y les sea inevitable apostar no solo para que la cultura pueda acontecerse cómo ha hecho hasta ahora, sino porque esta, que nos emociona, que nos entretiene, que nos conmueve, que nos hace disfrutar y conocer, lo sea para todo el mundo. Hay que apostar por qué lo que permite cuestionarnos quién somos y que hacemos aquí —desde la música clásica hasta las producciones contemporáneas, desde la pintura plástica a las obras literarias actuales pasante por todos y cada uno de los múltiples rostros que tiene aquello que entendemos por arte y humanidades—, tenga el mismo valor que el resto de esferas de la sociedad. Es primordial si no queremos convertirnos en, como dice Vargas Llosa, un «mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de aquello que hace el ser humano sea de viste humano: la capacidad de salir de sí mismo y transformarse en otro, en otros». Esta es la «utilidad de las cosas inútiles» que, al final, nos hace luchar por un mundo mejor.
