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En septiembre sumérgete en el mundo poético de Guix
Después de estar meses cerrados y con privaciones nos hemos abandonado a los excesos de unas vacaciones que han ayudado un poco a paliar las secuelas mentales de la crisis. Este mes de septiembre volvemos a empezar la rutina con las ganas de poner en marcha nuevos proyectos, pero también con una nostalgia de días ociosos y despreocupados que se confunde con la precaución de si todo se vuelve a detener. Tanto si es así o no, en esta sección de Barcelona Clásica os invitamos a descubrir nuevas músicas y estar atentos al audio del mes protagonizado, este septiembre, por Josep Maria Guix (Reus, 1967), que lidera una de las últimas novedades discográficas del año en la nueva creación en Cataluña. El álbum Images of broken light, del sello NEU Records, llega como un susurro al oído, una invitación poética a descubrir una paleta de colores íntima y seductora.
El álbum de Guix es más bien una epifanía. A través de las imágenes del álbum descubrimos la belleza, la imagen sensible de la verdad, como diría el filósofo. Con títulos como Vent del capvespre, Llàgrimes de tardor o Jardín seco queda recogida la poética sonora de un Guix que se postula como el compositor de la esencialidad. El autor del mes crea con una mezcla de autoexigencia, búsqueda de perfección y autocrítica para descubrirnos, través de sus obras, su gran capacidad de desvelar emociones surgidas de un diálogo desde la sutilidad, el recogimiento y la reflexión.
La música de Guix habla desde el lirismo. De hecho, el artista defiende que “hay compositores líricos y épicos, y yo me siento más poeta que narrador”. La vertiente poética de Guix se manifiesta no sólo en el sonido, sino también en el título del álbum. Images of broken light nos habla de la descomposición del espectro de colores y dibuja un universo vaporoso, evanescente, lleno de veladuras y de contornos difuminados. A través de sus obras, Guix dibuja un juego entre el blanco y el negro que nos remite a la obra de Fernando Zóbel que vemos en la portada, un óleo donde ha desaparecido la pincelada para dejar sólo una mancha, una pizca de negro sobre blanco que engaña a nuestra percepción con un estallido de negro que el compositor entiende como un impulso optimista. El título también nos remite a la cultura pop y folk, haciendo referencia a un célebre verso de la canción de los Beatles Across The Universe, y el juego con la luz recuerda la cubierta del álbum Dark Side de Pink Floyd, donde un haz de luz blanca pasa a través de un prisma para representar el conjunto de la sociedad y contrasta con el haz de luz de colores refractados, que simboliza la unidad difractada e imperfecta.
La imagen de la luz rota es una manera de evocar la sutileza, de decir que a Guix le gusta más hablar al oído que dando el grito. Precisamente, en su música hay esta idea cinematográfica de parar la atención más en la reacción al grito que en el propio grito, porque entiende que el silencio es más impresionante. Es donde contenemos la respiración y eso nos pone en una tensión que nos estimula. A Guix le gusta componer músicas que surgen del silencio y vuelven al silencio y que, a su vez, presentan un destacado juego visual, por ello representar obra de Zóbel al libreto es pertinente. El disco se ha cuidado mucho también a nivel estético y de edición, con páginas que respiran mucho y con gran presencia de un blanco muy elegante, remitiendo también a la caligrafía china. De alguna manera, hay reminiscencias del artesano.
Han pasado diez años desde la composición de la primera obra hasta la última, pero todo el álbum, grabado por NEU Records, contiene una coherencia absoluta. Se trata de piezas breves que toman como referencia un poema que condensa mucha emoción. A menudo se trata el sonido con delay filtrado y encontramos la presencia de trinos de armónicos sul ponticello, con unas dinámicas muy marcadas. El disco está concebido con un orden de piezas que van desde el mayor al pequeño y hasta volver al grande. Lo que importa no es el qué sino el cómo, sin caer en el error de pensar que el material o el lenguaje nos lo garantizarán todo.

El estilo, para Guix, es una forma de hacer las coses en la que “te muestras ti y no lo que estás contando”, es una “herramienta a través de la cual me expreso”, por lo que su máxima es “sé tú mismo”. Probablemente, los elementos que confieren identidad al autor son la armonía y el timbre, y la falta de un sentido rítmico, además de una determinada colección de colores. La resonancia es un elemento clave, también, a lo largo de sus obras, donde hay presente una minuciosa atención al momento posterior del estallido sonoro, cuando las partículas empiezan a descomponerse y la ontología de las notas se encuentra entre el ser y el no ser. La obra se ha creado a partir de un momento racional que deja paso a la intuición, que toma un papel cada vez más importante, porque confiere libertad creativa. El compositor confiesa que “he envidiado palabra la inmediatez de los pintores, el proceso de improvisación”, aunque detrás hay una estructura en la que, a menudo te llevan los materiales. Se debe entender todo con profundidad, pero “en la composición no puede haber la voluntad de justificarlo todo absolutamente”.
Images of broken light recoge piezas breves que hacen referencia a un poema previo que envuelve toda una emoción y remite a un aspecto visual. La clave, comenta Guix, es trabajar directamente con el sonido y de ahí que el timbre es básico, lo que “cuesta mucho concebir”, pero hay que trabajar para conseguir los matices. Es muy difícil hacer una caricatura de su música, hay muchos elementos que dan significado estético de manera muy sutil. Para encontrar los sonidos y los colores, Guix trabaja con un teclado midi que, si bien no alcanza la pureza del sonido de los instrumentos, da una idea del color que se está consiguiendo.
El audio que os proponemos explorar este mes recoge los Seven haikus for cello. Guix concibe el haiku como “una idea, más que un poema”. Se trata, en efecto, de imágenes poéticas y, al mismo tiempo, muy visuales. Guix defiende que hay una parte sonora importante en los haikus que convierte la obra musical en un espectáculo sinestésico y buena muestra de ello es que el disco confluyen música, poesía y pintura. Porque, además, el haiku es un juego emotivo que hace captar una “emoción especial”. Oriente nos evoca imágenes que nos hacen comprender nuestra realidad, que quizás “no dicen nada concreto pero implican muchas cosas”.
El primer haiku, que funciona como preludio, sale de la nada, es prácticamente inaudible y se convierte en un reto para la percepción, con una gama dinámica entre el piano y el pianísimo para expresar la sensación de ambiente brumoso cuando rompe el alba. Los oyentes de nuestra sección deberán usar unos buenos auriculares para captar los matices de la propuesta, en la que la perspectiva atmosférica ofrece una campana que suena con pizzicato de armónicos hasta que un arco recoge el sonido. Nos imaginamos una imagen con absencia de sol, con un ambiente vaporoso y con neblina que desdibuja los perfiles a través de un ataque muy débil hasta que el sonido se abandona a la resonancia.

Seguidamente escuchamos el segundo haiku, que se despliega con más expresividad a través de contrastes, glissandi y dobles notas. Cierta violencia da “el grito” y se despliega en graves redondos que caminan hacia el agudo en un juego de aparición y desaparición del sonido con una sutileza y un afán de dibujar la poesía que también encontramos en el tercero, con un sonido discontinuo entre el ser y el no ser, donde un trino percutido con sutileza deja paso a la resonancia.
El sonido desemboca en el cuarto haiku, extremadamente lírico y con un sonido más continuado y sinuoso que se vuelve pasional y alocado, con un inicio nervioso y lleno de contrastes del quinto, que juega con las dobles cuerdas, con una parte central que dibuja una filigrana sinuosa. El sexto se construye a partir de la idea de percusión, con omnipresencia de un pizzicato expresivo. Nace y muere sin hacer demasiado “ruido” para dar paso al último, de carácter conclusivo. Se trata de una página muy lírica, incluso elegíaca, con un preludio rugoso y tosco que deja paso a un legato que se transforma en un sonido más violento, dibujando un diálogo el piano y los crescendi.
La obra fue un encargo del festival de Tres Cantos y el estreno fue a cargo de Guillermo Pastrana, que ha hecho una labor divulgativa interesante, y está previsto que Roger Morelló aporte también su visión. La lectura que escuchamos es la visión de Arnau Tomàs, que firma una interpretación acompañada de “mucha implicación y un carácter vehemente”. Arnau Tomàs despliega una amplia capacidad técnica y expresiva, cultivando desde el glissando hasta el tremolo y el legato, desde la dureza y violencia de la doble cuerda hasta la ligereza del pizzicato. Tomás convierte una idea abstracta, una intuición intelectual, en una idea sensible que trasciende los muros. El artista se toma en serio la obra y imprime pasión, al tiempo que el sonido nos llega con cierta ligereza y vaporosidad, conceptos que en ningún caso son sinónimos de intrascendencia pues, en realidad, el objetivo de Guix es expresar grandeza de la naturaleza con una propuesta musical sencilla.
A menudo nos planteamos qué función debe tener la música en tiempos como los que vivimos. Irónicamente, Guix responde: “Ganar dinero. Es una necesidad “. Ciertamente, por un creador tan poético y sutil como Guix sorprende una respuesta así, pero si es cierto que el arte sirve para “hacernos felices y más sabios”, también es necesario que, los que la ejercemos como modo de vida el reivindicamos desde su vertiente pragmática y desde su sensualidad. Tanto desde su vertiente estética como moral, el arte es un antídoto ante la uniformización de la industrialización y la mejor manera de gestar el sentido crítico que necesitamos para sobrevivir en esta sociedad.
Images of broken light es el primer y último monográfico con la música de Josep Maria Guix en un momento en que “vivimos en un interregno en el que el disco compacto no acaba de morir pero no hemos encontrado sustituto”. Guix confiesa que, con el CD, hay una misteriosa potencia del objeto al que estamos ligados emocionalmente. Este disco destaca por las excelentes condiciones en que se grabó después de un proceso de gestación muy laborioso y largo. NEU Records ha hecho un trabajo cuidadoso y detallista de la obra de Guix, tanto de sonido como de cuidado del elemento espacial. Sin duda, es uno de los retratos más penetrantes de un compositor catalán de los últimos tiempos.
‘Les bienveillantes’, Hèctor Parra
‘Widmung’, Benet Casablancas
‘Le cornu ancestrale’, Joan Bagés
‘Tierra, polvo, tumba’, Núria Giménez Comas
